25/08/2018 / 10:49
Pedro Villaverde Embid


Imagenes

Sigüenza hoy

Sigüenza será eterna, pero los que la queremos deseamos para ella un futuro de prosperidad y oportunidades.


Cuando entramos en la rotonda tras la cual nos indican que la ciudad de Sigüenza se encuentra a tan sólo dos kilómetros sentimos la tristeza de ver un polígono industrial con apenas media docena de empresas y un gran espacio de suelo disponible y nos preguntamos, además, por qué no se ubica allí el parque de bomberos en lugar de estar al lado de la plaza de toros, obligando a que los profesionales tengan que atravesar el casco urbano para salir de la localidad. Lo cierto, basta con hablar con los comerciantes que mantienen sus negocios abiertos durante todo el año, son seguntinos, aman su tierra y han apostado por continuar en ella (o esperan su jubilación), es que todos coinciden en que durante el invierno queda poca gente. El censo ha bajado alarmantemente. Los más mayores hasta nos enumeran un listado de familias que había y nos dicen que la mayoría o ya no están o sólo pasan los periodos vacacionales en la ciudad. Los jóvenes emigran. Cuando visitamos a nuestras amigas Ursulinas o amigos Josefinos vemos que cada vez son también menos y su actividad docente se ha reducido, aunque si apreciemos ir y venir de chavales por el entorno del colegio de la SAFA. Otro seguntino ironiza diciendo que llevamos siglos sin conseguir pasar la hoja del libro en el que fija su mirada El Doncel y así nos va, apostilla.

    Son sin duda tiempos complejos para el mundo rural. No podemos competir con las ventajas y oportunidades que los núcleos más grandes ofrecen, ni tener las mejores comunicaciones, pero sí hay que, incluso los pregoneros lo alertaban, dotar a Sigüenza de una mayor actividad industrial y de servicios como un centro de mayores durante el día. No hay nada para que un enfermo de parkinson o con demencia senil pueda estimular sus habilidades cognitivas o psicomotoras. Se tienen que marchar. Aún con todo Sigüenza, por su belleza monumental, paisajística y gastronómica, será para siempre lugar a visitar. No es verdad, seamos justos, que no se haga nada, ahí está el Tren Medieval, la capitalidad del turismo rural en 2017, Atempora o el Año Jubilar, pero hace falta algo más que no sea pensar sólo en el aspecto turístico. Tal vez fue un error decir no a la cárcel. Sigüenza será eterna, sin duda, pero los que la queremos deseamos para ella un futuro de prosperidad y oportunidades. 


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