02/06/2017 / 13:18
Jesús de Andrés


Imagenes

Supersticiones

En España hemos tenido en los últimos meses un par de casos en los que, amparados en la buena fe de la gente, unos desaprensivos han llenado su cuenta corriente.


Hace unos días recibí por correo postal un voluminoso sobre que incluía copia de una veintena de escritos en los que representantes de diferentes instituciones políticas, militares y académicas solicitaban ayuda para que se pueda cumplir el deseo de un niño con cáncer. Los escritos repetían, uno tras otro, la misma cantinela: ese niño –del que no se da ningún dato- quiere entrar en El libro Guinness de los récords y pide para ello que se remita una carta a 10 autoridades, empresas o centros educativos. Sólo había que copiar el escrito (tan pésimamente escrito que daba pena) y reenviarlo.
    Ante la posibilidad de participar en una buena causa es más que probable que cualquiera de nosotros hubiera estado inicialmente dispuesto a sumarse a la cadena. Sin embargo, a poco que uno se detenga a pensar, es fácil ver que en realidad se trata de un absurdo correo piramidal. Y a poco que se investigue en internet se puede comprobar que se trata de una leyenda urbana que, como tantas otras, encuentra su medio natural en las redes sociales, aunque en este caso se tratara de una pirámide analógica de papel, fotocopia y franqueo postal. Cuando además no supone un desembolso económico al participante, la expansión del bulo es imparable.
    Es cierto que hubo un niño que solicitó que le enviaran tarjetas porque estaba enfermo. El niño en cuestión, llamado Craig Shergold –por si tienen la curiosidad de buscarlo en la red-, nació en 1979. Es decir, hace tiempo que dejó de ser niño y de estar enfermo. Variaciones del mismo tema (niños con cáncer que quieren ir a China, adoptar un perro, visitar un parque de atracciones o cualquier cosa que se imaginen) hay cientos en internet.
    En España hemos tenido en los últimos meses un par de casos en los que, amparados en la buena fe de la gente, unos desaprensivos han llenado su cuenta corriente mintiendo sobre su salud o la de alguien próximo. Un tal Paco Sanz, fingiendo encontrarse a punto de morir por causa de una enfermedad, se embolsó más de 250.000 euros con los donativos recibidos. En el caso de la niña Nadia Nerea, sus padres, involucrados previamente en otras estafas, consiguieron cientos de miles de euros gracias a la solidaridad ciudadana difundiendo su caso, que por supuesto era falso, de televisión en televisión.
    Cuando uno comprueba que las encuestas revelan que una parte considerable de los españoles cree que la homeopatía puede curar enfermedades graves, que piensa que el sol da vueltas sobre la tierra (más de un 25% en 2015), que atribuye efectos mágicos a determinadas creencias o que afirma que la situación de las estrellas influye en su vida, por poner algunos ejemplos, no cabe sino preguntarse por el largo camino que la razón, a través de la ciencia y la educación, tiene todavía por recorrer.
 


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