Acebes se despide entre lágrimas mientras Aznar desaira a Fraga y niega el abrazo a Rajoy
01/10/2010 - 09:45
Por: COLPISA
Ángel Acebes se fue entre lágrimas, aunque reconoció ante el plenario del XVI Congreso que los castellanos son poco dados a la exhibición pública de sus emociones. Pero, en el momento de la despedida, el todavía secretario general del PP se permitió una excepción y dio rienda suelta a las emociones para rememorar la dureza de la etapa que, con su marcha, también se cierra en la historia del partido opositor. En la cúpula popular no fueron pocos los que también dieron rienda suelta a los sentimientos con pucheros, ojos húmedos o, descaradamente, arrasados por el llanto.
Ángel Acebes se fue entre lágrimas, aunque reconoció ante el plenario del XVI Congreso que los castellanos son poco dados a la exhibición pública de sus emociones. Pero, en el momento de la despedida, el todavía secretario general del PP se permitió una excepción y dio rienda suelta a las emociones para rememorar la dureza de la etapa que, con su marcha, también se cierra en la historia del partido opositor. En la cúpula popular no fueron pocos los que también dieron rienda suelta a los sentimientos con pucheros, ojos húmedos o, descaradamente, arrasados por el llanto.
Antes de que Acebes les hiciera llorar, los dirigentes y compromisarios del PP fueron testigos de una espectacular irrupción de su presidente de honor en el plenario del congreso. Llegó hora y media tarde, acompañado por la música y una sonrisa de oreja a oreja que exhibió mientras hacía el paseíllo por el escenario saludando a los miembros del Comité Ejecutivo.
El hecho no sería de reseñar si no fuera porque Aznar imprimió una intensidad muy distinta en cada caso con la intención evidente de poner de manifiesto dónde están sus afectos y dónde sus reproches. El presidente de honor, Manuel Fraga, se quedó sin saludo, y Mariano Rajoy tuvo que conformarse con un palmetazo en el brazo, pero Esperanza Aguirre y el propio Acebes fueron recompensados con sendos e intensos abrazos.
El desconcierto cuando no la queja fue presa de muchos compromisarios, que vieron en el gesto del ex presidente del Gobierno un adelanto de lo que tiene previsto hacer en su discurso de este sábado.
El secretario general saliente prefirió apelar a los sentimientos y estuvo elegante en el emocionado adiós a una etapa muy intensa, muy dura, pero también apasionante. Reivindicó la política de oposición que desempeñó el PP en la pasada legislatura, de la que fue uno de sus protagonistas más relevantes, y afirmó que todo lo sucedido tras las pasadas elecciones demuestra que teníamos razón.
Junto al PP, se declaró víctima de la mayor operación de acoso y derribo contra un partido político jamás vista y que, por supuesto, atribuyó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Además, echó la vista atrás para rememorar la complicada situación en la que entró la organización tras el inesperado fracaso electoral de 2004. Pocos equipos políticos en democracia dijo- han tenido que hacer frente a una situación más complicada, más adversa, que la que nos encontramos quienes asumimos la responsabilidad de dirigir el PP: una derrota contra todo pronóstico, un cambio de líder y un Gobierno empeñado en destruirnos como alternativa política.
Ovaciones
La emoción podía palparse en el ambiente durante buena parte del discurso del secretario general saliente y la tensión se liberó en una cerrada ovación cuando mencionó al puñado de hombres y mujeres que luchan en el País Vasco contra la amenaza terrorista con María San Gil a la cabeza. De ahí, Acebes elogió el coraje que desplegó su equipo en la defensa de los principios y valores del PP con decisiones que no fueron fáciles, confesó, al tiempo que reconoció que más cómodo habría sido protestar un poco y no hacer nada.
Volvió a apelar a los sentimientos de sus correligionarios al recordar que he consagrado los últimos años de mi vida al PP, a trabajar por el PP, a luchar por el PP y, tras admitir que ha podido cometer errores, aseguró que siempre he dado la cara por el partido; por lo que me correspondía y, si era necesario, también por lo que no me correspondía.
Como legado a los populares en el momento de su partida les recomendó como una obligación que mantengan la unidad del partido sin camarillas, bandos e intrigas. A nosotros no nos ha unido nunca ni un barón, ni una corriente, ni una sensibilidad ni, por supuesto, la pertenencia a una determinada generación, afirmó, lo que nos ha unido son nuestras siglas.
Dio un manifiesto espaldarazo a su sucesora, María Dolores de Cospedal, por la que declaró un gran apreció y de la que se mostró convencido de que cometerá menos errores que yo, será más constante y más justa y valiente. No olvidó tampoco un gesto de afecto para su jefe de filas, para el que tuvo palabras de agradecimiento por la confianza que has depositado en mí estos años. Gracias, muchísimas gracias, le dijo, y Rajoy lloró. También derramó lágrimas de emoción su esposa, Elvira Fernández.
El ambiente se ablandó y quien más y quien menos en el plenario sintió que se le humedecían los ojos al contemplar el llanto de la primogénita de Acebes cuando su padre reconoció públicamente la paciencia y generosidad de su esposa Ana y sus dos hijos durante estos años. Nunca os podré compensar, reconoció, y la emoción contagió a todos.
Antes de que Acebes les hiciera llorar, los dirigentes y compromisarios del PP fueron testigos de una espectacular irrupción de su presidente de honor en el plenario del congreso. Llegó hora y media tarde, acompañado por la música y una sonrisa de oreja a oreja que exhibió mientras hacía el paseíllo por el escenario saludando a los miembros del Comité Ejecutivo.
El hecho no sería de reseñar si no fuera porque Aznar imprimió una intensidad muy distinta en cada caso con la intención evidente de poner de manifiesto dónde están sus afectos y dónde sus reproches. El presidente de honor, Manuel Fraga, se quedó sin saludo, y Mariano Rajoy tuvo que conformarse con un palmetazo en el brazo, pero Esperanza Aguirre y el propio Acebes fueron recompensados con sendos e intensos abrazos.
El desconcierto cuando no la queja fue presa de muchos compromisarios, que vieron en el gesto del ex presidente del Gobierno un adelanto de lo que tiene previsto hacer en su discurso de este sábado.
El secretario general saliente prefirió apelar a los sentimientos y estuvo elegante en el emocionado adiós a una etapa muy intensa, muy dura, pero también apasionante. Reivindicó la política de oposición que desempeñó el PP en la pasada legislatura, de la que fue uno de sus protagonistas más relevantes, y afirmó que todo lo sucedido tras las pasadas elecciones demuestra que teníamos razón.
Junto al PP, se declaró víctima de la mayor operación de acoso y derribo contra un partido político jamás vista y que, por supuesto, atribuyó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Además, echó la vista atrás para rememorar la complicada situación en la que entró la organización tras el inesperado fracaso electoral de 2004. Pocos equipos políticos en democracia dijo- han tenido que hacer frente a una situación más complicada, más adversa, que la que nos encontramos quienes asumimos la responsabilidad de dirigir el PP: una derrota contra todo pronóstico, un cambio de líder y un Gobierno empeñado en destruirnos como alternativa política.
Ovaciones
La emoción podía palparse en el ambiente durante buena parte del discurso del secretario general saliente y la tensión se liberó en una cerrada ovación cuando mencionó al puñado de hombres y mujeres que luchan en el País Vasco contra la amenaza terrorista con María San Gil a la cabeza. De ahí, Acebes elogió el coraje que desplegó su equipo en la defensa de los principios y valores del PP con decisiones que no fueron fáciles, confesó, al tiempo que reconoció que más cómodo habría sido protestar un poco y no hacer nada.
Volvió a apelar a los sentimientos de sus correligionarios al recordar que he consagrado los últimos años de mi vida al PP, a trabajar por el PP, a luchar por el PP y, tras admitir que ha podido cometer errores, aseguró que siempre he dado la cara por el partido; por lo que me correspondía y, si era necesario, también por lo que no me correspondía.
Como legado a los populares en el momento de su partida les recomendó como una obligación que mantengan la unidad del partido sin camarillas, bandos e intrigas. A nosotros no nos ha unido nunca ni un barón, ni una corriente, ni una sensibilidad ni, por supuesto, la pertenencia a una determinada generación, afirmó, lo que nos ha unido son nuestras siglas.
Dio un manifiesto espaldarazo a su sucesora, María Dolores de Cospedal, por la que declaró un gran apreció y de la que se mostró convencido de que cometerá menos errores que yo, será más constante y más justa y valiente. No olvidó tampoco un gesto de afecto para su jefe de filas, para el que tuvo palabras de agradecimiento por la confianza que has depositado en mí estos años. Gracias, muchísimas gracias, le dijo, y Rajoy lloró. También derramó lágrimas de emoción su esposa, Elvira Fernández.
El ambiente se ablandó y quien más y quien menos en el plenario sintió que se le humedecían los ojos al contemplar el llanto de la primogénita de Acebes cuando su padre reconoció públicamente la paciencia y generosidad de su esposa Ana y sus dos hijos durante estos años. Nunca os podré compensar, reconoció, y la emoción contagió a todos.