31/03/2014 / 11:31
Marta Martínez


Imagenes

Bellotas en la cartera


La bellota está adquiriendo un nuevo sentido en Guadalajara. Igual que lo ha hecho la mora en la Sierra Norte de Madrid o el puma en Sevilla. Son los nombres que han elegido diferentes redes de intercambio para bautizar su moneda social.

La crisis ha impulsado unos sistemas de intercambio de bienes y servicios alternativos al dinero legal y en España son más de 70 las monedas sociales que han surgido en pequeñas comunidades.

Guadalajara no se ha quedado al margen de este movimiento. Hace aproximadamente un año y medio se empezó a fraguar lo que hoy es la Comunidad de Intercambio de Guadalajara (CIG), una red que promueve el intercambio de bienes, servicios y conocimientos en el ámbito de la provincia y que utiliza como moneda la bellota. Un grupo de personas con intereses comunes se puso a analizar diferentes sistemas alternativos para poder hacer algo similar en Guadalajara y al final se fijaron en el ejemplo de la mora, que ya funcionaba con éxito en la Sierra Norte de Madrid. Organizaron una charla en la Biblioteca en la que participó Julio Gisbert Franco, experto en moneda social y asesor en el diseño del puma de Sevilla o el espronceda de Badajoz. A partir de aquí, el proyecto fue tomando forma y un año después, en el otoño de 2013, comenzaron a hacerse realidad los intercambios de bienes y servicios pagados con bellotas.

En la actualidad son más de 60 los socios. Proceden de distintos puntos de la provincia, aunque el grupo más numeroso se concentra en torno a la capital. La CIG ha comenzado poco a poco y ahora está trabajando para darse a conocer. Para ello realizan charlas informativas, encuentros y mercadillos de trueque por distintos puntos de la provincia, que aflorarán más con la llegada del buen tiempo.

En una de estas charlas, impartida en la biblioteca de Dávalos, algunos socios explicaban ante un nutrido auditorio qué es y cómo funciona la Comunidad de Intercambio de Guadalajara. Destacan que la moneda social es dinero al servicio de la gente y no a la inversa, como puede ocurrir con los euros, dólares, etc. Lo que caracteriza a este sistema es que no tiene sentido acumular monedas, porque las bellotas no dan intereses ni se revalorizan en ningún mercado, no tienen valor en sí mismas, no sirven si no se usan. Por eso será más rico quien esté en números rojos, eso significa que ha cubierto sus necesidades, que, en definitiva, es de lo que se trata: construir una economía al servicio del bien común.

Un estilo de vida

Esta moneda virtual permite el acceso a bienes y servicios a personas que no tienen trabajo y no tienen euros. No crea especulación, ni deuda, fomenta la producción y el comercio local y potencia los talentos y capacidades de las personas. Funciona a pequeña escala, por lo que se organizan grupos cuyo límite de actuación son pueblos o comarcas determinadas.

Es una forma de afrontar la crisis, pero es algo más: es una filosofía de vida. De hecho, son más numerosos los socios con trabajo que los que no lo tienen, indica Juan José Estévez, miembro y administrador del CIG. “Engancha casi más por ideología que por necesidad”, añade. Se trata de un sistema que apuesta por el consumo responsable, una economía sostenible y solidaria, un reparto más justo de la riqueza y un estilo de vida comunitario.

Lo de poder comprar y vender a cambio de bellotas resulta extraño al principio, por lo que su implantación va despacio. Sin embargo, es algo con lo que sus fundadores ya contaban y la respuesta obtenida está dentro de lo esperado, señala Estévez.

Hay zonas donde hay mayor actividad y otras menos. Esto está relacionado con que la mayor difusión es la que se consigue con el boca a boca. En un primer momento despierta interés, la idea parece buena, pero a la hora de dar el paso de apuntarse la gente se paraliza un poco porque no sabe qué bienes o servicios ofrecer. Estévez anima a todos a apuntarse porque todo el mundo tiene algo que ofrecer, que aportar a los demás, indica. Asegura que lo importante es dar el primer paso, ver la dinámica, y poco a poco ir implicándose...

Algunos servicios que se pueden intercambiar en este peculiar mercado son los relacionados con el cuidado de personas, la informática, el transporte, clases de idiomas, etc. por poner algunos ejemplos. En cuanto a bienes, los más comunes son productos artesanos, verduras y hortalizas de producción propia, ecológicos, etc. En definitiva todo lo que se pueda necesitar y/o ofrecer. La comunidad está abierta a cualquier persona o entidad que quiera participar, particulares, productores, comerciantes, asociación, cooperativa... La única condición es respetar los principios básicos de funcionamiento.

Así funciona

José Manuel adquirió una completa cesta de verduras de temporada por 20 bellotas y ha impartido su primera clase de matemáticas, a 10 euros la hora. Tras anotarlo en la cartilla, tienen un balance negativo de 10 bellotas. Es un ejemplo de lo que se puede hacer con esta moneda social y la primera aproximación a este sistema de intercambio para los asistentes a una de las numerosas charlas con las que la Comunidad de Intercambio de Guadalajara se está dando a conocer. Pero así es como funciona realmente. El usuario se apunta en la comunidad y ofrece un producto o servicio con el que puede comenzar a intercambiar. Empieza con cero bellotas en la cuenta, pero puede adquirir bienes o servicios de inmediato porque se permite un saldo negativo de 150 bellotas. También existe un salto positivo máximo de 300 bellotas. Todas las ofertas deben contener una parte del precio en bellotas, aunque se puede cobrar en euros los gastos de materiales y desplazamiento.

La contabilidad se realiza on line a través de la web de CES, Community Exchange.org. Es la herramienta de gestión de moneda social más utilizada en el mundo. Sólo en España, varias iniciativas la usan. Como en cualquier otra operación comercial, se anotará saldo positivo al ‘vender’ y negativo al ‘comprar’. La bellota habitualmente carece de soporte físico, y tan solo en los días de mercado se le da forma y circula como moneda de cambio real.

La moneda social no pretende sustituir al euro, es una moneda complementaria que sirve solo en entornos locales. Una de las peculiaridades que los socios destacan es que “esta iniciativa funciona cuando la gente pide, la gente está acostumbrada a lidiar con sus propios problemas pero es importante que nos juntemos...”



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