El apellido Hinault vuelve a la carrera, venciendo en una etapa fulgurante

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: Redacción
Ciclismo vuelta a españa
El ciclista francés Sebastien Hinault se alzó con la victoria al sprint en la llegada de la décima etapa, con salida en Sabiñánigo y final en la capital maña tras recorrer 151,3 kilómetros, al superar en la meta a su compatriota Lloyd Mondory, segundo, y al vencedor del día anterior el belga Greg Van Avermaet, tercero. En una etapa de transición en la que el viento, enemigo esperado, no hizo acto de presencia dejando al pelotón libre de los temibles abanicos, la clasificación general no sufrió variación por lo que Egoi Martínez se mantiene como líder.
Hemos retrocedido 25 años en el tiempo. Exactamente hasta el 8 de mayo de 1983, cuando un corredor apellidado Hinault, de nombre Bernard, ganaba una Vuelta a España que finalizaba en Madrid. Se llevaba dos etapas y el mundo del ciclismo comenzó a despertarse gracias a la televisión, con el final de los Lagos de Covadonga. Fue el año de la famosa pájara de Julián Gorospe en Serranillos, del ataque de Vicente Belda y Marino Lejarreta en ese mismo puerto.
En 1978 había ganado otra Vuelta, que terminó en San Sebastián, después de apuntarse cinco etapas. Los cinco Tours y una carrera espectacular, han convertido ese apellido en un nombre mítico en el ciclismo mundial.
Aquí, en Zaragoza, el apellido Hinault volvía a estar presente en la Vuelta a España. Ganaba el otro Hinault, Sebastién, que no tiene ningún parentesco con él y también bretón. Vencía un corredor de verde y no era el noruego Thor Hushov, una maquinaria perfecta, que no está en la carrera con el Crédit. Hinault es un apellido bastante común en Bretaña, de donde este año partía el Tour de Francia. Y lo hizo sin el vencedor de Zaragoza, al que su equipo, Crédit Agrícole, dejó en casa. Las razones que esgrimieron fueron la edad del ciclista: tiene 34 años y como mucho de sus compañeros está sin equipo de cara a 2009. “Cada vez me lo preguntan menos, pero durante la mayor parte de mi carrera he tenido que responder que no soy el hijo de Bernard. Después de doce años, la gente ya lo sabe” explicaba Sebastién. Por cierto a Bernard, le pasaba lo mismo. Se cansó de repetir que no tenía ningún hijo ciclista.

Bretaña es la región francesa que tiene un ciclismo más sólido, más fuerte en Francia. Con padre que había corrido a nivel regional, el destino del pequeño Sebastién estaba marcado, en una zona que llegó a tener sus propios equipos, con los colores negro y blanco, una tierra dura, con costas recortadas, azotada por mil vientos, con muchas leyendas.
Empezó con el ciclo-cross, llegó a ser subcampeón de Francia y se encontró con que le vigilaban en muchas carreras de las categorías menores debido a su apellido. La imagen que tiene grabada en su memoria del gran Bernard Hinault, todo un carácter, está asociada a otro nombre que ya es historia del Tour, del ciclismo mundial: cuando llegó junto a Greg Lemond de la mano a Alpe D´Huez, en 1986. Hasta tal punto llegó la cosa que se mostraba orgulloso de que le confundiesen con el hijo de Bernard Hinault.
Doce años después de aquellos inicios, Zaragoza puede relanzar una carrera en la que hay de todo. Desde una etapa de la Vuelta a Alemania en 2004, “donde gané a un buen número de sprinters importantes”, hasta la que consiguió el año pasado en una prueba llamada La Tropicale Amissa Bongo, en Gabón, que organiza el Tour de Francia. Una vida deportiva que este martes tuvo uno de sus puntos más altos: “A nivel individual este es el triunfo más importante de mi carrera. A nivel de conjunto está la contrarreloj por equipos que logré en el Tour con el equipo”.
Hinault, un corredor que no puede ser considerado un sprinter puro, sacó partido de varias circunstancias que van a empezar a atenazar al grupo. Daniele Bennati no tomó la salida en Sabiñanigo. Estaba enfermo. No hay equipos que manejen grandes ‘trenos’, un grupo de corredores que les preparen los kilómetros finales.
Las llegadas se van a producir en plan más salvaje, un modelo ideal para Óscar Freire, por ejemplo. Y luego estuvo Pozzato, que atacó a cuatro kilómetros y desbarató las cuatro filigranas que habían montado algunas formaciones. Hinault no sólo ha ganado. También ha abierto la veda para otros ciclistas. Egoi Martínez conservó su maillot oro, en una etapa que se corrió a un ritmo tan alto, 44,863 kilómetros de media, por lo que las escapadas se convirtieron en una ilusión. Desde Sabiñanigo hasta Zaragoza, el pelotón volaba. La victoria de Hinault en Zaragoza es la respuesta a quienes le dejaron en su casa durante el Tour, la reivindicación de que el carnet de identidad no siempre es determinante, ni en el deporte, ni en la vida. Freire y Boonen ya han conocido el apellido Hinault, duro, como buen bretón.