El asesinato del portero de la Heaven destapa nuevas mafias
01/10/2010 - 09:45
Por: EUROPA PRESS
La noche madrileña se hace cada día más oscura y la policía no da abasto. Las investigaciones se solapan: mafias de porteros de países del este de Europa que tratan de controlar los locales de ocio de la capital se mezclan con las redes de corrupción de licencias de apertura. Grupos de matones con placa de policías municipales se confunden con otros personajes a sueldo de narcotraficantes.
El asesinato del portero de la discoteca Heaven, en las inmediaciones del Teatro Real de Madrid, ha destapado las conexiones entre varias investigaciones sobre los grupos que luchan por ser los reyes de la noche.
Hay muchísimo dinero en juego, pero también demasiados jugadores que quieren hacerse con el botín para ellos solos y al final los ajustes de cuentas son inevitables, dicen expertos de la Unidad contra la Delincuencia y el Crimen Organizado (UDyCO) de Madrid. Los propios funcionarios que lideran la lucha contra estas redes confiesan que tienen que hacerse organigramas para aclararse entre tanta mafia nocturna, y reconocen que su visión es sólo parcial porque la selva madrileña es demasiado espesa. Quizás, dicen, la persona que más datos tenga sobre lo que está pasando es el titular del Juzgado de Instrucción número 32 de Madrid, Santiago Torres, el juez del caso Guateque, la trama de corrupción municipal por el tráfico ilegal de licencias de apertura de locales. El juez mantiene imputados a 24 personajes muy relevantes de la noche madrileña y tiene abierta una pieza separada sobre supuestas irregularidades cometidas por responsables de la Gerencia de Municipal de Urbanismo.
Este magistrado, el primero que ha comenzado a bucear en las profundidades de las sombras de Madrid, se ha visto obligado a abrir una tercera investigación derivada de Guateque, tras descubrir, gracias a los pinchazos telefónicos, al hijo de uno de los implicado en una supuesta trama de matones búlgaros y rumanos que se han hecho con el control de varios garitos muy conocidos en Madrid imponiendo a sus hombres como porteros de los locales. Se hacen llamar el clan búlgaro o los rompecostillas. Y ahí aparece el portero asesinado la madrugada del pasado lunes. El rumano Catalin Stefan, Cata, era una de las personas investigadas por Torres. Sólo la suerte ha querido que la noche del asesinato el mismo juez fuera el que estuviera de guardia en Madrid y, por tanto, el caso ha caído en manos de la persona más versada.
Hay muchísimo dinero en juego, pero también demasiados jugadores que quieren hacerse con el botín para ellos solos y al final los ajustes de cuentas son inevitables, dicen expertos de la Unidad contra la Delincuencia y el Crimen Organizado (UDyCO) de Madrid. Los propios funcionarios que lideran la lucha contra estas redes confiesan que tienen que hacerse organigramas para aclararse entre tanta mafia nocturna, y reconocen que su visión es sólo parcial porque la selva madrileña es demasiado espesa. Quizás, dicen, la persona que más datos tenga sobre lo que está pasando es el titular del Juzgado de Instrucción número 32 de Madrid, Santiago Torres, el juez del caso Guateque, la trama de corrupción municipal por el tráfico ilegal de licencias de apertura de locales. El juez mantiene imputados a 24 personajes muy relevantes de la noche madrileña y tiene abierta una pieza separada sobre supuestas irregularidades cometidas por responsables de la Gerencia de Municipal de Urbanismo.
Este magistrado, el primero que ha comenzado a bucear en las profundidades de las sombras de Madrid, se ha visto obligado a abrir una tercera investigación derivada de Guateque, tras descubrir, gracias a los pinchazos telefónicos, al hijo de uno de los implicado en una supuesta trama de matones búlgaros y rumanos que se han hecho con el control de varios garitos muy conocidos en Madrid imponiendo a sus hombres como porteros de los locales. Se hacen llamar el clan búlgaro o los rompecostillas. Y ahí aparece el portero asesinado la madrugada del pasado lunes. El rumano Catalin Stefan, Cata, era una de las personas investigadas por Torres. Sólo la suerte ha querido que la noche del asesinato el mismo juez fuera el que estuviera de guardia en Madrid y, por tanto, el caso ha caído en manos de la persona más versada.