La Audiencia Nacional investiga las conexiones entre ETA y las FARC
01/10/2010 - 09:45
Por: AGENCIA. MADRID
La Audiencia Nacional investigará las relaciones entre las FARC y ETA y, concretamente, si como afirma la Fiscalía cinco miembros de la banda terrorista vasca que habrían viajado hasta la selva colombiana para recibir e impartir cursos sobre el manejo y la colocación de explosivos.
El titular de Juzgado Central de Instrucción número 6, Eloy Velasco, admitió a trámite la querella criminal presentada el pasado 14 de noviembre por el fiscal Vicente González Mota y solicitó a las Fuerzas de Seguridad que le remitan información sobre la actividad de los cinco etarras.
El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ha abierto un sumario para investigar la colaboración entre ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) durante los últimos quince años. El magistrado, que se declara competente para indagar sobre estos hechos tal y como le había reclamado la Fiscalía el pasado noviembre, ha pedido informes a los servicios antiterroristas del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil sobre las reuniones en las que se fraguó esa ayuda mutua, los entrenamientos conjuntos de terroristas en la selva amazónica y los planes de las FARC de atentar contra autoridades colombianas en Madrid con la ayuda de etarras.
Velasco, que ha declarado secreta la investigación, cree que la Audiencia Nacional es competente para investigar estos hechos porque se trata de delitos (pertenencia o colaboración a banda armada y conspiración para cometer asesinato terrorista) que habrían cometido españoles en el extranjero. Las pesquisas se extenderán desde 1993 hasta 2007, el período en el que, según el Ministerio Público, hubo contactos entre ambas organizaciones terroristas.
El magistrado ha pedido a las fuerzas de Seguridad que confirmen en primer lugar la participación de, al menos, ocho etarras en cursillos terroristas y en reuniones de coordinación en las selvas colombianas. Se trata de Iñaki Domínguez Atxalandaburo y un etarra conocido como Martín Capa, que habrían sido profesores en cursos de explosivos; José Ignacio Etxarte Urbieta, José Ángel Urtiaga Martínez y Arturo Cubillas Fontán, que habrían recibido clases sobre manejo de bombas; y otros tres activistas vascos apodados Enrique, Ángel y Teo, que también pasaron por los campamentos de adiestramiento de las FARC.
Según la Fiscalía, estos cursos, que duraron 20 días, fueron impartidos por los etarras en agosto del pasado año y en ellos se dieron sesiones teóricas y prácticas sobre el manejo del explosivo C-4, similar al utilizado para volar la T-4, y sobre la utilización de teléfonos móviles como mecanismos de iniciación de cargas explosivas. Incluso se habló de la posibilidad de hacer adiestramientos conjuntos sobre el manejo de misiles tierra-aire. En esas clases aceleradas también hubo activistas del Frente de Liberación Bolivariana (FLB).
Estos cursillos mixtos, según el fiscal Vicente González Mota, no habían sido los primeros porque en a principios y verano de 2003 cuatro etarras viajaron a dos campamentos donde recibieron formación para manejar explosivos. Fue entonces cuando se decidió el establecimiento de relaciones oficiales entre ambas organizaciones y el intercambio sobre procedimientos terroristas. Esos encuentros de 2003 son claves para el Ministerio Público. En estas reuniones, sostiene González Mota, se fraguó la supuesta colaboración entre ETA y las FARC para intentar cometer un atentado en España contra un alto cargo colombiano en visita oficial.
Desconfianza y ayuda
La Fiscalía ha aportado a la causa 25 textos referentes a ETA encontrados en tres ordenadores, en dos discos duros y dispositivos USB incautados por el ejército colombiano al número dos de las FARC, Luis Edgar Devia, más conocido como Raúl Reyes, muerto el pasado 1 de marzo después un bombardeo de la Fuerza Aérea.
Estos mensajes, que van desde 1999 a 2004, desvelan que ETA se dirigió por primera vez a las FARC en noviembre de 1999 para pedir el establecimiento de relaciones oficiales de cara a una colaboración política y técnica, que las FARC temían que su relación con los terroristas vascos les provocara daño político y que los colombianos despreciaban a los etarras porque tenía menos experiencia que ellos.
Sin embargo, y a pesar de la desconfianza de Reyes con respecto a ETA, el líder de las FARC revela en sus misivas la petición de ayuda a los compañeros de Euskal Herria para estudiar atentar en Madrid contra el ex presidente Andrés Pastrana, la ex embajadora Noemí Sanín, el ex candidato presidencial Antanas Mockus, el ex vicepresidente Francisco Santos y otros cargos políticos y militares. Según los documentos encontrados al cabecilla muerto, los etarras en agosto de 2003 adquirieron el compromiso inicial de trabajar (recopilar información) sobre la ex embajadora y Pastrana.
Enviado de las FARC
Las FARC, con anterioridad, habían enviado en marzo y septiembre de 2000 a un terrorista, Victor Vargas, para estudiar un posible atentado contra el entonces presidente colombiano. Ya entonces Vargas mantuvo relaciones con terroristas de ETA e informó a sus superiores a su vuelta que no sería difícil atentar siempre que se contase con la colaboración de ETA.
Según la Fiscalía, hay más pruebas de las relaciones entre ETA y las FARC. Está acreditado que en 1993 el fallecido Jokin Gorostidi, que se encontraba exiliado en Cuba, se entrevistó con un comandante de la organización colombiana. En 1999, los documentos incautados al entonces jefe militar de ETA, José Javier Arizkuren, Kantauri, desvelaron que el etarra José Ignacio Etxarte solicitó autorización a la cúpula de la banda para efectuar pruebas en Venezuela con un artefacto de 40 kilos de explosivos.
El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ha abierto un sumario para investigar la colaboración entre ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) durante los últimos quince años. El magistrado, que se declara competente para indagar sobre estos hechos tal y como le había reclamado la Fiscalía el pasado noviembre, ha pedido informes a los servicios antiterroristas del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil sobre las reuniones en las que se fraguó esa ayuda mutua, los entrenamientos conjuntos de terroristas en la selva amazónica y los planes de las FARC de atentar contra autoridades colombianas en Madrid con la ayuda de etarras.
Velasco, que ha declarado secreta la investigación, cree que la Audiencia Nacional es competente para investigar estos hechos porque se trata de delitos (pertenencia o colaboración a banda armada y conspiración para cometer asesinato terrorista) que habrían cometido españoles en el extranjero. Las pesquisas se extenderán desde 1993 hasta 2007, el período en el que, según el Ministerio Público, hubo contactos entre ambas organizaciones terroristas.
El magistrado ha pedido a las fuerzas de Seguridad que confirmen en primer lugar la participación de, al menos, ocho etarras en cursillos terroristas y en reuniones de coordinación en las selvas colombianas. Se trata de Iñaki Domínguez Atxalandaburo y un etarra conocido como Martín Capa, que habrían sido profesores en cursos de explosivos; José Ignacio Etxarte Urbieta, José Ángel Urtiaga Martínez y Arturo Cubillas Fontán, que habrían recibido clases sobre manejo de bombas; y otros tres activistas vascos apodados Enrique, Ángel y Teo, que también pasaron por los campamentos de adiestramiento de las FARC.
Según la Fiscalía, estos cursos, que duraron 20 días, fueron impartidos por los etarras en agosto del pasado año y en ellos se dieron sesiones teóricas y prácticas sobre el manejo del explosivo C-4, similar al utilizado para volar la T-4, y sobre la utilización de teléfonos móviles como mecanismos de iniciación de cargas explosivas. Incluso se habló de la posibilidad de hacer adiestramientos conjuntos sobre el manejo de misiles tierra-aire. En esas clases aceleradas también hubo activistas del Frente de Liberación Bolivariana (FLB).
Estos cursillos mixtos, según el fiscal Vicente González Mota, no habían sido los primeros porque en a principios y verano de 2003 cuatro etarras viajaron a dos campamentos donde recibieron formación para manejar explosivos. Fue entonces cuando se decidió el establecimiento de relaciones oficiales entre ambas organizaciones y el intercambio sobre procedimientos terroristas. Esos encuentros de 2003 son claves para el Ministerio Público. En estas reuniones, sostiene González Mota, se fraguó la supuesta colaboración entre ETA y las FARC para intentar cometer un atentado en España contra un alto cargo colombiano en visita oficial.
Desconfianza y ayuda
La Fiscalía ha aportado a la causa 25 textos referentes a ETA encontrados en tres ordenadores, en dos discos duros y dispositivos USB incautados por el ejército colombiano al número dos de las FARC, Luis Edgar Devia, más conocido como Raúl Reyes, muerto el pasado 1 de marzo después un bombardeo de la Fuerza Aérea.
Estos mensajes, que van desde 1999 a 2004, desvelan que ETA se dirigió por primera vez a las FARC en noviembre de 1999 para pedir el establecimiento de relaciones oficiales de cara a una colaboración política y técnica, que las FARC temían que su relación con los terroristas vascos les provocara daño político y que los colombianos despreciaban a los etarras porque tenía menos experiencia que ellos.
Sin embargo, y a pesar de la desconfianza de Reyes con respecto a ETA, el líder de las FARC revela en sus misivas la petición de ayuda a los compañeros de Euskal Herria para estudiar atentar en Madrid contra el ex presidente Andrés Pastrana, la ex embajadora Noemí Sanín, el ex candidato presidencial Antanas Mockus, el ex vicepresidente Francisco Santos y otros cargos políticos y militares. Según los documentos encontrados al cabecilla muerto, los etarras en agosto de 2003 adquirieron el compromiso inicial de trabajar (recopilar información) sobre la ex embajadora y Pastrana.
Enviado de las FARC
Las FARC, con anterioridad, habían enviado en marzo y septiembre de 2000 a un terrorista, Victor Vargas, para estudiar un posible atentado contra el entonces presidente colombiano. Ya entonces Vargas mantuvo relaciones con terroristas de ETA e informó a sus superiores a su vuelta que no sería difícil atentar siempre que se contase con la colaboración de ETA.
Según la Fiscalía, hay más pruebas de las relaciones entre ETA y las FARC. Está acreditado que en 1993 el fallecido Jokin Gorostidi, que se encontraba exiliado en Cuba, se entrevistó con un comandante de la organización colombiana. En 1999, los documentos incautados al entonces jefe militar de ETA, José Javier Arizkuren, Kantauri, desvelaron que el etarra José Ignacio Etxarte solicitó autorización a la cúpula de la banda para efectuar pruebas en Venezuela con un artefacto de 40 kilos de explosivos.