La pescadería Maragato, la zapatería Marelvi y su entorno

09/04/2022 - 17:17 Redacción

La pescadería  Maragato se encontraba en la casa del siglo XIX de la esquina de la Calle Mayor. Décadas atrás, detalla a Nueva Alcarria el colaborador del periódico, Eduardo Díaz, la Plaza Mayor estaba llena de soportales.

“Junto a estos antiguos soportales del corazón de la ciudad, se encontraban comercios antiguos de Guadalajara como: las pescaderías de Maragato y Ramos, la zapatería de Marelvi, la cacharrería de Manuel Rodríguez, la cerería de Juan Gallo, los tejidos Madrigal, la fotografía de Mariano Viejo, la droguería de García, la sastrería de Octavio Olalla y una expendeduría de tabacos”. Hoy estos comercios han desaparecido.
La estructura de estos soportales era muy variada y predominaban los que se apoyaban en piedra labrada. Existían igualmente los que tenían columnas circulares, pero los que más predominaban en Guadalajara eran los del tipo Alcarreño con grandes zapatones y vigas de madera”, detalla Eduardo Díaz.

Uno de los lugares donde más soportales existían era en los alrededores del Palacio del Infantado y unían este emblemático monumento de Guadalajara con la Plaza Mayor y la Plaza de la Fábrica, a la cual se la denomina en la actualidad como Plaza de España.
Eran muy famosos igualmente los soportales de la calle de Cristo de Rivas por los que se accedía a la Plaza de San Gil en cuyo atrio se celebraban los Consejos Concejiles bajo los soportales para resguardarse de las inclemencias meteorológicas tanto en invierno como en verano.
Monumentales eran los soportales de la antigua iglesia de San Miguel y de la capilla de Luis de Lucena. En la actualidad se conservan los soportales de esta famosa capilla ya que la iglesia fue derruida en tiempos pretéritos. Muy cerca de este lugar se encuentran los soportales de la parroquia de Santa María la Mayor, los cuales antiguamente estaban protegidos por unas verjas de hierro que desaparecieron tras la reforma de la Concatedral.


“En tiempos pasados, la vida cotidiana de las gentes arriacenses se desenvolvían bajo los soportales y allí se reunían para realizar tratos, quedar con personas conocidas y para realizar paseos de sociedad”, describe Eduardo Díaz.