21/09/2010 / 19:50
M.T.A


La residencia Juan Pablo II recibe la bendición oficial


alt   En un acto solemne e institucional, el obispo de la Diócesis Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, ha bendecido esta tarde la nueva residencia de ancianos Juan Pablo II de Alovera. Un edificio en el que ha invertido unos siete millones de euros, con capacidad para 122 personas, con una estructura que evoca a una persona con los brazos extendidos en señal de acogida y con el propósito de que los residentes se sientan como en casa en unas instalaciones modernas y adaptadas a todas sus necesidades.
Este acto de inauguración oficial se convirtió en el encuentro de numerosas autoridades religiosas y civiles de ámbito local, provincial y regional que de una u otra forma han colaborado y se sienten partícipes de este proyecto que el Obispado comenzó en 2005 y que se ha hecho realidad cinco años después, tras haber superado numerosas vicisitudes durante este tiempo. Entre los asistentes se encontraban el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda; la delegada provincial de la Junta, Magdalena Valerio; el alcalde de Alovera, David Atienza; la presidenta de Diputación, Mª Antonia Pérez León; el alcalde de Guadalajara, Antonio Román; el vicario episcopal de Pastoral Social, Braulio Carlés; y la directora de la residencia, Mar Ponce, entre otros muchos representantes eclesiásticos.
La bendición dio paso al acto institucional de agradecimientos y de peticiones para que este proyecto logre sus expectativas, a pesar de las dificultades económicas. Hubo una mención especial para el párroco impulsor Eugenio Gonzalo, Mª Jesús Molina y Sor Rosilda, al igual que los trabajadores actuales, entre ellos la directora “y la confianza y generosidad de los mayores. Esperamos no defraudar vuestras expectativas y las de vuestros familiares”, expresó Carlés en sus primeras palabras. En la actualidad, la residencia cuenta con ocho residentes, todas mujeres, y la previsión es que el número vaya aumentando paulatinamente, al igual que la cifra de empleados. Las perspectivas de futuro, como dijo el vicario episcopal, son muchas, sobre todo, por el factor humano y la esperanza de este centro, y que pasa también por concertar algunas plazas con el Gobierno regional para llegar al mayor número de ancianos posible.
El alcalde aloverano, David Atienza, por su parte, que estuvo acompañado por toda la Corporación y las anteriores alcaldesas que le han precedido y han hecho posible este proyecto –Mª Carmen Plaza y Purificación Ruiz– se comprometió a que “pronto” esta “magnífica” residencia tenga un servicio de estancias diurnas.
Las palabras de Barreda fueron especialmente dirigidas a alabar y agradecer la labor y el compromiso de la Iglesia Católica “con los hombres y mujeres, sin distinción”, porque, a su juicio, “es de justicia verbalizar lo evidente”. Asimismo agradeció a todas las administraciones que han hecho posible este nuevo servicio y, como le habían pedido, se comprometió a concertar un determinado número de plazas “porque le viene bien al conjunto de la sociedad y a nosotros porque necesitamos la ayuda de la Iglesia y de Cáritas porque la Administración no puede llegar a todas partes”.
El obispo fue el encargado de cerrar las intervenciones. Sánchez, por su parte, pidió colaboración económica para reducir en el menor tiempo posible la deuda que ha supuesto la construcción de este centro. “Hay que hacer lo que se deba, aunque se deba lo que se hace”, recordó parafraseando a un amigo. “El capital humano es muy importante”, señaló, pero también lo son los recursos de las administraciones y los particulares.
La residencia Juan Pablo II cuenta con un total de 122 plazas cuyos precios oscilan entre los 1180 y los 1650 euros, que varían en función de que el solicitante sea válido, dependiente o semiválido y si quiere ocupar una habitación doble o sencilla. En la actualidad hay unas 22 personas trabajando en la residencia, aunque la previsión es que la plantilla alcance las 60, entre auxiliares, supervisora, terapeuta, fisioterapeuta, enfermera, médico, trabajadora social, el personal de administración, de Recursos Humanos y de Dirección, además del capellán y una comunidad de religiosas de las Hermanas Doroteas. Además, cuentan con cinco voluntarios fijos, personas que dedican su tiempo libre a charlar con los mayores y les ayudan a hacer la compra, entre otras muchas cosas.

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