Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy ponen a prueba su voluntad de acuerdo
01/10/2010 - 09:45
Aunque el relevo efectivo no será posible hasta septiembre, cuando las Cortes Generales vuelvan a estar activas, los líderes socialista y popular están dispuestos a poner sello oficial a los criterios consensuados entre los portavoces parlamentarios, José Antonio Alonso y Soraya Sáez de Santamaría, para los nombramientos.
Sobre la mesa hay otras muchas cuestiones. El pacto sobre la Justicia, inviable en el primer mandato de Zapatero, va más allá del relevo de los órganos constitucionales. En la legislatura pasada quedó pendiente una macrorreforma que afecta a 21 leyes y que buscaba modernizar la administración judicial, liberar a los jueces de tareas burocráticas y dotar a los juzgados de más medios. Las discrepancias sobre la necesidad o no de adaptar la Justicia al Estado de las autonomías, los juzgados de proximidad o la figura del juez instructor la hicieron naufragar. Pero ahora, sucesos de impacto como el de la muerte de la niña Mari Luz, asesinada por un pederasta sobre el que pesaba una sentencia firme, han logrado desencallar las negociaciones.
Esta es la prioridad para José Luis Rodríguez Zapatero y los socialistas se han mostrado dispuestos a aparcar la creación de los consejos autonómicos, recogidos en varios de los estatutos recién aprobados, o el traspaso de competencias del Supremo a los tribunales superiores de justicia, para sacar adelante lo demás. Mariano Rajoy, en cambio, se niega a dar una baza gratis al Ejecutivo y le hará pagar el peaje de hablar también de economía, el terreno en el que siente más débil al Gobierno. Especialmente, después de que haya tenido que reconocer que la crisis se ha llevado ya por delante el superávit y que el año acabará con balance negativo en las cuentas del Estado.
El presidente del PP quiere construir sobre este asunto toda su estrategia de oposición e irá a La Moncloa con una propuesta que implica potenciar la contratación indefinida pero abaratar el despido, bonificar las cotizaciones de los nuevos contratos, reducir los impuestos para las PYMES o ampliar las deducciones para las familias hipotecadas. Lo planteará, a sabiendas de que no hay posibilidad de acuerdo, para construir una imagen de alternativa constructiva y alejada del discurso del no que, durante cuatro años, satisfizo al ala más dura de su partido.
Equilibrio
Gobierno y PP necesitan encontrar un equilibrio después de la enorme polarización vivida entre 2004 y 2008. Es la lección que ambos han extraído de los resultados electorales. A los pocos días de ser reelegido, Zapatero dijo haberse dado cuenta de que los ciudadanos demandan entendimiento entre los partidos mayoritarios. Y Rajoy tiene que demostrar su nuevo giro al centro.
Esta es la prioridad para José Luis Rodríguez Zapatero y los socialistas se han mostrado dispuestos a aparcar la creación de los consejos autonómicos, recogidos en varios de los estatutos recién aprobados, o el traspaso de competencias del Supremo a los tribunales superiores de justicia, para sacar adelante lo demás. Mariano Rajoy, en cambio, se niega a dar una baza gratis al Ejecutivo y le hará pagar el peaje de hablar también de economía, el terreno en el que siente más débil al Gobierno. Especialmente, después de que haya tenido que reconocer que la crisis se ha llevado ya por delante el superávit y que el año acabará con balance negativo en las cuentas del Estado.
El presidente del PP quiere construir sobre este asunto toda su estrategia de oposición e irá a La Moncloa con una propuesta que implica potenciar la contratación indefinida pero abaratar el despido, bonificar las cotizaciones de los nuevos contratos, reducir los impuestos para las PYMES o ampliar las deducciones para las familias hipotecadas. Lo planteará, a sabiendas de que no hay posibilidad de acuerdo, para construir una imagen de alternativa constructiva y alejada del discurso del no que, durante cuatro años, satisfizo al ala más dura de su partido.
Equilibrio
Gobierno y PP necesitan encontrar un equilibrio después de la enorme polarización vivida entre 2004 y 2008. Es la lección que ambos han extraído de los resultados electorales. A los pocos días de ser reelegido, Zapatero dijo haberse dado cuenta de que los ciudadanos demandan entendimiento entre los partidos mayoritarios. Y Rajoy tiene que demostrar su nuevo giro al centro.