Sigüenza también acogió el libro sobre el cardenal Mendoza

18/01/2015 - 13:01 Redacción

El alcalde de Sigüenza, como hizo también con el prólogo de la obra, dio pie ayer en el Auditorio de El Pósito a la presentación del libro “Suma de la vida del cardenal Mendoza, de Francisco de Medina y Mendoza”, obra del historiador Aurelio García. Acompañando al autor estuvo también el editor del libro, Angel de Juan, de Editores del Henares. Después de glosar brevemente la figura del Cardenal Mendoza, “o el tercer rey” como fue conocido en su época, y de recordar que fue “el gran valedor de Cristóbal Colón”, Latre daba paso a editor y autor sucesivamente. Angel de Juan recordó que la portada del libro es la reproducción de un cuadro de la Casa de Silva, cedida para la ocasión por Carlos de Silva, actual alcalde de Budia, y descendiente del linaje. El editor también recordó que el libro tiene dos texturas y tipos de papel, que se corresponden con el estudio historiográfico del autor del manuscrito y su época, que corresponde a Aurelio García, y con la reproducción literal del texto de Medina y Mendoza, respectivamente.

El libro da a conocer al público una obra manuscrita: una biografía del Cardenal Mendoza, que fue la primera que se redactó sobre este ilustre personaje escrita por el historiador guadalajareño Francisco de Medina (1505-1578). Del original se hicieron copias, desde prácticamente el fallecimiento de Medina y Mendoza, su autor. Hoy en día se conservan varias, con pocas diferencias en su texto, en la Biblioteca Nacional, en la Real Academia de la Historia y en el Archivo de Universidad de Salamanca, entre otras.

En el prólogo del libro, el alcalde de Sigüenza, José Manuel Latre, afirma que “la ciudad y la diócesis le deben mucho a este prelado humanista, a pesar de los conocidos reproches y los juicios que hoy podamos hacer a su persona”. El regidor valora en su texto que “fue un mecenas para la ciudad”, puesto que a él se debe la reforma de las constituciones y la protección de la recién fundada Universidad de Sigüenza, ubicada en el colegio grande de San Antonio de Portacoeli, y el traslado de esta institución a un emplazamiento cercano a las murallas. Latre pone sobre el tapete en el texto que también correspondió al gran cardenal la apertura de la plaza Mayor, traspasando a su recinto el mercado de los miércoles en la ciudad.

Estos mismos aspectos son los que destaca el obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, igualmente en la apertura del libro. “La implicación de don Pedro en la ciudad de Sigüenza, siendo su obispo y señor, se pone de manifiesto en el florecimiento de la vida cultural y académica, gracias al impulso de la universidad de la ciudad mitrada. También la catedral de Sigüenza se vio beneficiada por su destacada influencia, como queda patente en el magnífico coro capitular, cuya sede episcopal está coronada por su escudo”, dice literalmente el prelado en el prólogo.

El Cardenal don Pedro González de Mendoza (3 de mayo de 1428 - 11 de enero de 1495) nació y finó en Guadalajara. Ocupó un lugar muy destacado en la historia de España en la segunda mitad del siglo XV, y es especialmente conocido en Guadalajara “por ejercer como obispo de Sigüenza, y por la huella que dejó en ciudad y provincia, con la construcción de los castillos de Jadraque y Pioz, los monasterios de San Francisco en Guadalajara y Santa María de Sopetrán, el casco urbano de Sigüenza y reformas en la catedral de Sigüenza, y el palacio de Guadalajara, además de muchas otras obras fuera de esta provincia, donde su mecenazgo fue considerable: hospital Santa Cruz en Toledo, Colegio de Santa Cruz de Valladolid, y algunas intervenciones en las catedrales de Burgo de Osma, Calahorra y Toledo”, citó el autor.

La figura histórica del cardenal es dibujada por Medina a lo largo de los 38 capítulos de su manuscrito como uno de los personajes más importantes de su época. Su biógrafo recuerda que Pedro González de Mendoza quiso demostrar descendía del Cid Campeador, lo que le condujo a adquirir el castillo de Jadraque “porque, según cuenta la leyenda fue conquistado por el Cid Campeador”, dijo García. Lo adquirió por medio de un trueque que hizo en 1478 de su villa de Maqueda por la de Jadraque que pertenecía a don Alfonso Carrillo de Acuña. Este trueque fue muy desfavorable para don Pedro, quedando reflejado muy bien por Medina con la expresión “cargo sobre sus costillas el Cardenal”.

Comienza Medina y Mendoza reflejando detalles de la niñez del personaje que retrata, que pasó en Guadalajara. Estando destinado a la carrera eclesiástica al ser quinto hijo del marqués de Santillana, la influencia de los Mendoza facilitó su nombramiento como cura de Santa María de Hita con doce años de edad y de arcediano de Guadalajara con catorce. En 1442 fue a Toledo para educarse junto a su tío, el arzobispo Gutierre Álvarez de Toledo; allí estudió Retórica, Historia y Latín. Después estudió Cánones y Leyes en la Universidad de Salamanca entre 1446 y 1452, doctorándose en ambas ramas del Derecho, el civil y el eclesiástico.

Se dice de él que llegó a conocer muy bien el Latín y el Griego, traduciendo para su padre, el marqués de Santillana, algunas obras de autores clásicos. Su labor más importante en el campo de la cultura, la desempeñó como mecenas de las Artes. Impulso la renovación de la arquitectura dando entrada a las nuevas ideas procedentes de Italia.

En el libro, Medina y Mendoza deja reflejado cómo en 1452 se introdujo a don Pedro González de Mendoza en la corte de Juan II, siendo nombrado capellán de la capilla real y cómo ascendió poco a poco, interviniendo en todos los asuntos más importantes de la corte. El cardenal Mendoza se mantuvo en la corte hasta su fallecimiento, sirviendo también a Enrique IV y a los Reyes Católicos, hecho que demuestra su habilidad y diplomacia en una corte llena de rivalidades y enfrentamientos continuos entre los distintos bandos nobiliarios, a lo que se une un periodo de frecuentes guerras, como fueron las guerras civiles con los infantes de Aragón y las luchas por la conquista de Granada.

Tampoco olvida su biógrafo la referencia a los tres hijos que tuvo el Cardenal en el capítulo que titula: “Quién fue Doña Mencía de Castro y qué hijos tuvo, y por qué se llamó de Lemos”. Las crónicas le atribuyen tres hijos que la reina Isabel conocía como “los lindos pecados del Cardenal”, nacidos de los amores que a partir de 1460 tuvo con Mencía de Lemos, criada de la reina Juana, con la que tuvo dos hijos y otro más con Inés de Tovar. Llega el libro hasta el fallecimiento del Cardenal, y cuenta cómo, estando enfermo y postrado en cama, vinieron hasta Guadalajara a visitarle los Reyes Católicos en una “escena que hemos visto en Televisión Española en la serie Isabel, en la que no se narró una anécdota que sí cuenta Medina y Mendoza”, recordó García ayer en Sigüenza. Según refiere literalmente su biógrafo, el cardenal “también les dijo que por descargo de su consçiencia les suplicaba que tomasen algún buen medio con Doña Juana la Excelente. Y la Reyna dijo al Rey: “ya paresce que empieça a desvariar el Cardenal”. Doña Juana la Excelente es Juana La Beltraneja, que había sido apoyada por los Mendoza, quién en ese momento estaba recluida en el monasterio de Santa Clara, en Coímbra. El Cardenal en sus últimas palabras quería limpiar su conciencia por lo injusto que se había actuado contra doña Juana, pero la reina Isabel no estaba dispuesta a perdonarla.