Un condenado por maltrato mata a su novia durante un permiso carcelario
01/10/2010 - 09:45
Por: EUROPA PRESS
Un preso de la cárcel de A Lama (Pontevedra) que se encontraba de permiso mató ayer a su novia y ha herido a otras tres personas: dos vecinos que declararon en su contra en el juicio y un policía que estaba intentando detenerle. El interno, Maximino Couto, era un maltratador reincidente y se encontraba precisamente cumpliendo una condena por violencia de género, contra su ex mujer, de la que tenía una orden de alejamiento En el momento de su detención, Couto llevaba en su muñeca una pulsera de control para evitar que se acercara a su ex esposa, pero al parecer no funcionó.
Maximino Couto acudió a Mourente para vengarse de su ex mujer, que no estaba en casa ya que había acudido a una matanza de cerdo al domicilio de un familiar en Portas, y de los vecinos que habían declarado en su contra en el juicio de maltrato. Pero la vengaza contra su ex mujer no fue la única que había llevado a cabo Couto ese día. Maximino Couto venía de asesinar presuntamente de un fuerte golpe en la cabeza a su actual compañera sentimental, María del Rosario Peso, de 57 años, en el domicilio que compartían en Ponte Caldelas (Pontevedra). La víctima no había presentado nunca ninguna denuncia por malos tratos.
Según la hipótesis que baraja la Guardia Civil, el hombre, de 60 años, agarró por la ropa a su víctima y la golpeó varias veces contra el suelo. El cuerpo de la mujer fue encontrado sobre un gran charco de sangre a la altura de la cabeza.
Venganza global
El interno de A Lama se desplazó sobre las cinco de la tarde del sábado a la parroquia de Mourente, en Pontevedra, de donde era natural, a la casa de su ex mujer para vengarse. Afortunadamente, ésta última no se encontraba en su domicilio y Maximino se dirigió a la vivienda de unos vecinos, que habían declarado en su contra cuando fue juzgado por maltrato, con el fin de tomar represalias. Entonces, agredió al hombre y a la mujer con un cuchillo de grandes dimensiones.
El incidente alertó a otros residentes que avisaron de forma inmediata a la Policía Nacional. Un coche patrulla llegó al lugar y cuando iban a detener a Maximino Couto, éste también agredió a uno de los agentes en el brazo con el mismo arma, aunque el policía logró esquivar el golpe. El hombre también llevaba entre sus pertenencias un pico con el que había golpeado la puerta de la casa de su ex mujer.El presidiario había sido condenado por agresiones reiteradas a su ex mujer y a sus hijos y sobre él pesaba una orden de alejamiento de todos los miembros de su familia. En el momento de su detención, Maximino Couto llevaba en su muñeca una pulsera de control para evitar que se acercara a su ex esposa, quien logró salvar la vida gracias a un golpe de suerte, ya que no estaba en casa.
Ataque mortal
Una vez reducido, el presidiario confesó, ante la sorpresa de todo el mundo, que había asesinado a su actual compañera en la casa en la que vivían, apenas una hora antes del intento de asesinato múltiple en Mourente.
En esos momentos miembros de la Guardia Civil se desplazaron al lugar que decía Maximino y encontraron a María del Rosario con un fuerte golpe en la cabeza que, según todos los indicios, le provocó la muerte. Nadie sabe qué pasó por su cabeza tras golpear a la que ahora era su compañera y con la que convivía cuando estaba fuera de la prisión de A Lama.
Maximino mantenía en estos momentos una relación con María del Rosario, que acudía a la prisión a visitarle con normalidad y que fue la encargada de recogerlo el pasado jueves cuando salió con permiso penitenciario. La convivencia con esta nueva pareja era pacífica y no constaban denuncias por malos tratos o situaciones que hubieran hecho temer tan fatal desenlace.
Según la hipótesis que baraja la Guardia Civil, el hombre, de 60 años, agarró por la ropa a su víctima y la golpeó varias veces contra el suelo. El cuerpo de la mujer fue encontrado sobre un gran charco de sangre a la altura de la cabeza.
Venganza global
El interno de A Lama se desplazó sobre las cinco de la tarde del sábado a la parroquia de Mourente, en Pontevedra, de donde era natural, a la casa de su ex mujer para vengarse. Afortunadamente, ésta última no se encontraba en su domicilio y Maximino se dirigió a la vivienda de unos vecinos, que habían declarado en su contra cuando fue juzgado por maltrato, con el fin de tomar represalias. Entonces, agredió al hombre y a la mujer con un cuchillo de grandes dimensiones.
El incidente alertó a otros residentes que avisaron de forma inmediata a la Policía Nacional. Un coche patrulla llegó al lugar y cuando iban a detener a Maximino Couto, éste también agredió a uno de los agentes en el brazo con el mismo arma, aunque el policía logró esquivar el golpe. El hombre también llevaba entre sus pertenencias un pico con el que había golpeado la puerta de la casa de su ex mujer.El presidiario había sido condenado por agresiones reiteradas a su ex mujer y a sus hijos y sobre él pesaba una orden de alejamiento de todos los miembros de su familia. En el momento de su detención, Maximino Couto llevaba en su muñeca una pulsera de control para evitar que se acercara a su ex esposa, quien logró salvar la vida gracias a un golpe de suerte, ya que no estaba en casa.
Ataque mortal
Una vez reducido, el presidiario confesó, ante la sorpresa de todo el mundo, que había asesinado a su actual compañera en la casa en la que vivían, apenas una hora antes del intento de asesinato múltiple en Mourente.
En esos momentos miembros de la Guardia Civil se desplazaron al lugar que decía Maximino y encontraron a María del Rosario con un fuerte golpe en la cabeza que, según todos los indicios, le provocó la muerte. Nadie sabe qué pasó por su cabeza tras golpear a la que ahora era su compañera y con la que convivía cuando estaba fuera de la prisión de A Lama.
Maximino mantenía en estos momentos una relación con María del Rosario, que acudía a la prisión a visitarle con normalidad y que fue la encargada de recogerlo el pasado jueves cuando salió con permiso penitenciario. La convivencia con esta nueva pareja era pacífica y no constaban denuncias por malos tratos o situaciones que hubieran hecho temer tan fatal desenlace.