Es un despropósito completo la manera de atajar el gran problema de los incendios en España, uno y otro año.
Hoy os traigo una receta que es más vistosa que complicada: un Poke Bowl casero súper fresquito, ideal para estos días de calor.
El miércoles, día de las dos noches, será una fiesta dentro de la plaga de festejos que llenan nuestros pueblos. Y un púlpito televisivo en esta privilegiada tierra para que jerifaltes mediocres rentabilicen el mayor acontecimiento celestial del cielo. Como cuando el Caudillo.
En un mundo con crisis migratorias como la vivida estos días en Ceuta, incendios, polarización política- que no ciudadana- y condiciones climatológicas cada vez más extremas para sufrimiento de la población y deterioro de la naturaleza, disfrutemos al menos de este 12 de agosto.
El mal viene de lejos. Ya en 2011 un 86% de opositores a una plaza oficial de maestro en Madrid fueron cateados en un test con preguntas de nivel de alumnos de 12 años.
Cuando el incendio deja de ocupar titulares comienza la parte más difícil. La de quienes siguen allí.
Me lo advirtió en la tarde del martes mi amigo Pablo Alcocer tras consultar el ‘Google Maps’: “la Sierra de Aragoncillo ha desaparecido”. No daba crédito al mapa espacial con la mancha creciente del pavoroso “incendio de Selas”, como pasará a la macabra historia de los fuegos que asolan España.
Tras ocho días de angustia llega el momento de la reflexión. La emergencia comienza a remitir y cuanto antes se afronte la reparación de daños, mejor.
Una novela que nos entrega un escritor molinés (médico ya jubilado, y natural de Orea) en la que se habla de Molina en tiempos medievales, de personajes reales y ficticios, del saber médico en tiempos antiguos, y de viajes sin fin por la España que entonces era llamada, por sus habitantes judíos, Sefarad.
Ante los bulos nos cabe a la ciudadanía la capacidad crítica y el intento de verificación constrastando las fuentes de donde nace la que creíamos noticia, pero que puede ser un ‘envenamiento'.
A mi juicio se trata de uno de los trabajos más completos y sólidos que se han realizado sobre el notorio, decisivo e, incluso, drástico cambio que vivió el urbanismo en la capital alcarreña en el primer tercio del siglo XX.
La tragedia del último fuego de la Sierra nos ha sumido en una situación de “luto en el corazón”, que nos recuerda ciertos ritos tradicionales de nuestra tierra.
Mientras contemplaba las llamas desde la distancia no podía dejar de pensar en los animales que las contemplaban desde dentro. Confusos, buscando un salida sin comprender de emergencias.
He cruzado varias veces la frontera con Marruecos. Lo hice a comienzos de los noventa, en autobús desde Ceuta por el Tarajal, o a finales de esa misma década, caminando desde Melilla por el paso de Beni Enzar.
Estamos pasando días de congoja, frustración, rabia, enfado por ver arder nuestro patrimonio natural.
Se eleva la luna, rojiza, sobre el río Duero, desde el mirador de San Cipriano, en la milla románica zamorana. Asoma la última luna llena de julio, sonrosada en su orto, más brillante de lo normal tras ascender, llenando de luz la noche que conduce al Mediterráneo.
Dos realidades muy distintas han protagonizado el interés informativo de estos últimos días.
Sobrecoge la tragedia, ver arder la Sierra, cómo el fuego destruye vida y arrasa el paisaje devorando montes y pinares. Ahoga la congoja por las personas, los animales y las casas. Se cumplían 21 años del otro incendio, el de los pinares del Ducado.
Poco a poco se va acercando la fecha del 12 de agosto de 2026, cuando podremos ver, en gran parte de nuestra provincia, el esperado eclipse solar. No es un fenómeno habitual, y se entiende la expectación que está generando.
Jugará España una nueva final del mundial dieciséis años después. Con profesionalidad y desparpajo a partes iguales, tal como entonces, de forma casi natural. Los jugadores de la selección española apenas eran unos niños de seis, ocho o diez años cuando Casillas levantó la copa.