Debí tirar más fotos
Reconozco que Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, desde el punto de vista vocal y auditivo es un terrorista musical, pero que también, a base de dominar el tempo y la métrica, ha conseguido un nivel excelso de presencia, empatía, autenticidad (por encima de perfección) y normalidad en el ámbito social. Bad Bunny no ha creado contenido, ha generado una narrativa en torno a sus orígenes. No salió en la Superbowl a hacer un show, salió a decir al universo que su origen es Puerto Rico, una entidad independiente de la concepción estadounidense de América. Y no defraudó. Vendió su legado sin querer gustar a todo el mundo, pero sí hubo un continente que se vio reflejado en su relato: “Esto es nuestro”. Y se sintió orgulloso.
La NFL, un deporte puramente USA, no puede obviar la globalidad de su deporte y lo necesario que es ampliar sus fronteras a nuevos espectadores. Incluso va tarde. La NBA ya tiene el 23 por ciento de jugadores foráneos de más de 40 nacionalidades diferentes, mientras que este football y el beisbol son deportes casi de nicho en un lugar del mundo determinado. Me cuesta entender la reacción contraria de muchos yanquis porque un día suelto durante 13 minutos les cantaran en castellano (repito, a mí también me cuesta escuchar muchas letras y compartimos idioma) cuando en Europa tenemos Eurovisión todos los años buscando el crisol de culturas y lenguas.
En el conflicto cultural vigente, donde incluso hay duda sobre si el concierto de Bad Bunny es un acto subversivo o el triunfo definitivo del capitalismo, donde se confunde la visibilidad con la liberación, donde el ocio es una herramienta de control (Theodor Adorno) y la estética no peligrosa del mensaje se convierte en un rasguño a la estructura intacta del sistema, no deja de ser un pequeño circo donde nos sentimos anti-sistema y críticos sin tener que mover un dedo (Slavoz Zizek). Si hay crítica es porque el establishment lo permite. Este acto de empoderamiento lleno de contradicciones.
Y es por ello que de la misma forma, cualquier español (obviado en el entretiempo de la SuperBowl...Canadá es América pero no es ser latino) ve con buenos ojos este homenaje de nuestras costumbres y forma de vida “similares” por idioma y tradición, pero por otro lado, ve con recelo la regularización de medio millón de inmigrantes en situación cuestionable tanto por futura mano de obra del país, como pago de las pensiones o posibles votos a largo plazo por nacionalización. Es la duda de las motivaciones, que ser coherente en un aspecto, casi te obliga a ser incoherente en el conexo.
La Superbowl no nos invade y no dejamos de ver como una forma de ocio consolidada, que mueve 145 millones de espectadores (muy lejos de los 1.300 millones de personas que vieron la última final del Mundial de soccer entre Argentina y Francia) pero que no compromete. Si no te gusta, no pongas la televisión. Mientras que cualquier impacto en el ámbito social o laboral, impacta en nuestra depauperada caja de la Seguridad Social la cual tiene que pedir árnica y oxígeno para abonar las pensiones cada mes y que en algún momento de los próximos años, crisis mediante, habrá que abrir el melón de la tasa de sustitución de la última nómina productiva a la primera renta pasiva.
El año pasado se generó otro conflicto cultural con el concierto de Kendrick Lamar (dos niveles por encima de calidad sonora y letras) con una crítica a la ruptura de Estados Unidos sobre la América negra, el esclavismo y las clases sociales. No se acabó el mundo, pero se sigue ahondando en un problema más allá del dinero. La hegemonía de poder de USA y Donald Trump lo sabe. Toda esta guerra fría encubierta en todos los frentes no es más que defender a un dólar que cada vez pinta menos frente al resto del mundo pujante.
Mientras tanto, me quedo con el mensaje de Benito: “Lo único más fuerte que el odio es el amor” y tal como están las cosas en todas partes, es bueno recordarlo. Más allá de si Titi preguntó si tuviste muchas novias, si es bueno pensar en dar besos y abrazos a la gente que queremos. Apagad el televisor y rozad piel con piel. Debí tirar más fotos como epitafio.