20/05/2016 / 10:07
M. Martínez


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Javier Urra: “El ser humano tiene que conocer y ser consciente de sus limitaciones”

Javier Urra, doctor en Psicología y Ciencias de la Salud, profesor de la Universidad Complutense y escritor, habla en esta entrevista con Nueva Alcarria sobre su último libro 'Celebra y comparte la vida', una conversación con su amiga y periodista Merche Carneiro sobre el sentido de la vida y el ser humano.


Javier Urra presenta su último libro ‘Celebra y comparte la vida’, una conversación con su amiga y periodista Merche Carneiro puesta sobre el papel en la que hablan de lo bueno y de lo malo del ser humano, del perdón, el humor, la convivencia, los celos, la necesidad de estar un pocos locos para estar cuerdos...  Una lectura amena que nos hará reflexionar sobre nuestra existencia a través de un recorrido diverso y rico, pero sin la pretensión de dar lecciones, aunque de una conversación con este psicólogo, escritor, profesor y académico, siempre se aprende.

    ¿ ‘Celebra y comparte la vida’ es un libro de autoayuda?
 No es un manual de autoayuda, no me gusta la psicología Disney, sí me gusta Seligman y la psicología positiva. Por ejemplo, mi gran amiga Concha García Campoy salió un día a los medios de comunicación y dijo “tengo leucemia”, y alguien en la radio dijo “lo superará”, yo le llamé y le dije “no digas tonterías, di que luchará”. El ser humano es vulnerable, lo único que sabemos todos es que nos vamos a morir, más bien pronto, por lo tanto la vida nos va a vencer, pero mientras tanto habrá momentos de felicidad absoluta, de aburrimiento, de muerte de familiares...
A la vida se le puede pedir lo que la vida puede dar. Acabo de hablar con unos padres que se les ha suicidado su única hija, yo tengo a mi madre con alzheimer en una residencia desde hace cinco años, tuve un infarto de miocardio, estoy mucho con violadores, con pederastas… La vida es dura.
‘Celebra y comparte la vida’ es porque, primero, la vida no es justa, y segundo, no nos es dada a elegir, pero, ya que estamos, vamos a hacerlo lo mejor posible.
El gran problema es cuando queremos pedirle a la vida más de lo que puede dar. Por ejemplo, en España, los jóvenes de 18 a 24 años de lo que más mueren es de suicidio. ‘
Celebra y comparte la vida’ creo que es una repetición porque celebrar es compartir, luego nos iremos a comer y a pasarlo bien, si voy a comer solo es bastante triste, porque no soy, somos, y eso es el libro, una conversación con Merche Carneiro, una periodista de Onda Cero Valencia, apasionada, que un día me estaba haciendo una entrevista y dijimos en directo ¿por qué no escribimos un libro? Y así fue.


    Es un diálogo entre ambos ¿Por qué este formato?
Este formato funciona en otros países, pero no en España, aunque he de reconocer que el libro ha empezado muy bien.
La gente tiene necesidad, se preocupa del adolescente, que no le entiende (lógico tampoco se entienden ellos); se preocupa porque con su pareja se lleva bien pero ha habido un conflicto; la vida es un conflicto, todo es un dilema, la vida está hecha para que sea un conflicto… Entonces tenemos que educar a nuestros hijos en el dilema, en la duda, en la incertidumbre.
Antes he dicho que la vida no es justa, pero la gente necesita creer que el bueno va a vivir más y mejor. Eso no es verdad. Ahora estamos en una sociedad de mucho corrupto, la gente piensa que los políticos son corruptos, y no, ustedes son corruptos, ¿cuánta gente ha robado folios de la oficina?, ¿cuánta gente utiliza el teléfono de la empresa para llamadas privadas? Esa gente, si tuviera ocasión, robaría, seguro. Lo que hay que tener es más conciencia, más moral, más ética.
Este libro no busca las recetas, pero sí valorar lo bello, de la naturaleza, de las personas, la soledad, el silencio, la música, el arte… De eso sí hablamos, pero también hablamos de los hijos que agraden a los padres.
Nosotros tenemos 96 chicos –en el centro Recurra-Ginso que atiende a menores con dificultades en su relación familiar–, está lleno, pero hasta en estos casos mi visión es que se quieren, que padres e hijos quieren quererse, por lo tanto es una patología del amor.


    Entonces ¿el libro es una llamada a celebrar la vida en cualquier caso, celebrar la vida con sus dificultades y sus problemas, no es requisito previo tener una vida feliz?

Mi madre, creo que duda de quien soy yo, pero ella me toca y yo la toco y le pregunto “¿quieres que venga mañana?” y me dice “sí”. No le puedo pedir más, yo le pido a la vida seguir viendo a mi madre, pero también soy consciente de que un día se acabará.
Una de las cosas que tiene que asumir el ser humano son sus limitaciones. Parece que tenemos que ser excelentes en todo, y no es así. El ser humano no es excelente. Lo importante son los otros, y es ahí donde yo creo que hay que educar a los niños.
Esta sociedad ha perdido el criterio de austeridad. La gente piensa que los locos matan y que son criminales, y no es verdad, la gente hace lo que quiere hacer, y mata a quien quiere matar, por posesión, por orgullo, por odio… Cuando el piloto de Lufthansa estrella el avión todos dicen que es porque está deprimido y no es verdad, no digo que no estuviera depresivo, pero no es esa la causa por la que estrella el avión, seguro, quería hacer el mayor daño posible.
Este libro habla de lo positivo, de lo bonito, de los pajaritos del campo y de la banalidad del mal. Cuando yo veo a gente que comete actos terribles, se dice es inhumano, no, es humano, solo un humano es capaz de torturar…


    Se habla también del perdón.
Sí, del perdón y del olvido, porque a veces decimos ‘perdono, pero no olvido’. Tu puedes perdonar, pero no olvidar… y no sé si perdonar, porque si te han matado a tu hijo, tu puedes perdonar pero nunca podrás olvidar, y no sé si perdonar porque tu puedes perdonar a título personal pero ¿eres capaz de perdonar en nombre de él?. El ser humano tiene sus características, pero creo que somos muy generosos, muy altruistas. Yo colaboro con la Fundación Pequeño Deseo para niños con cáncer y llamas a gente famosa de todo el mundo y enseguida te dicen qué día, donde… Es decir podemos ser muy buenos, pero también somos capaces de perder los nervios (…).


    Se menciona a lo largo del libro la importancia de tomarse la vida con humor. ¿Es imprescindible reírse?
    Yo, por ejemplo, había sido excelentísimo señor, con coche oficial…, y cuando tuve un infarto conduciendo y llegué al hospital me pusieron una batita verde y se me veía el culo, y somos eso, culo. Tú ves ahora al registrador de la propiedad, con su traje, y lo ves en Benidorm con el bañador de rayas y la tripita… No somos mucho más. No conozco a nadie inteligente que no tenga sentido del humor. Es verdad que he visto a alguien siempre riendo y ya me preocupé, pero el sentido del humor es necesario, sobre todo para reírte de ti mismo y compartirlo. El humor despierta lo mejor, entre otras cosas las endorfinas, en el cerebro humano la parte del cortex es muy animal, es como una autopista que pasa de la emoción levemente a la razón, pero los lóbulos frontales son muy recientes en el ser humano y es ahí donde somos capaces de legislar, de hacer la declaración de derechos del niño o de emplear la ética. Hoy daban la noticia de que bombardear sabiendo que estás bombardeando a propósito un hospital donde hay civiles y niños es un crimen de guerra… Es decir, hasta en la guerra los seres humanos se autolimitan, esta es una característica del ser humano que heredamos y que hay que dejar a otros.


    Pero a veces es muy difícil mantener el humor en esta sociedad tan hostil ¿no cree?
     No, yo lo mantengo, a mí no me resulta difícil, me río de casi todo en plan simpático, pero no me reiría, por ejemplo, con un paranoico porque he tardado casi 58 años, que son los que tengo, en darme cuenta de que la gente con complejo de inferioridad es muy peligrosa, porque cree que todo va contra él. Hay que ser consciente de nuestras limitaciones, creo que el ser humano debe conocerse a sí mismo en compromiso con los demás. Es lo que decía antes, no soy, somos, y de eso habla mucho el libro.


    ¿Esa importancia que le da al “somos” puede proceder del contacto que mantiene con familias?
Yo soy hijo único pero he estado mucho de campamentos. Los campamentos tienen muchas cosas, el contacto con la naturaleza, que es importantísimo; la práctica del deporte, compartir, mirar las estrellas y preguntarse si hay algo más. En esta sociedad la nación, como criterio social, se está difuminando, la religión se ha difuminado mucho y la familia está sana pero en unos cambios que hacen que el ser humano se quede solo, y el ser humano solo entra en un terreno de vacío existencial.
Yo oigo a muchos psicólogos hablar del TDAH, (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). Existe pero está hipertrofiado. Lo que veo es a muchos jóvenes con un vacío existencial, un agujero negro, no saben dónde están, no saben lo que es la vida, no tienen un compromiso...


    ¿Les protegemos demasiado?
Sin duda. La pregunta es ¿por qué? Y no se hace por los niños, se hace por los adultos (…).
El ser humano se ha de esforzar, tiene que tener una ilusión. Víctor Franc, un p siquiatra austriaco que estuvo en los campos de concentración se dio cuenta de que quien se salvaba era aquel que se cuidaba, se intentaba limpiar, mantenía ese carácter de persona humana, conservaba en cierta forma su dignidad.


    Usted es el presidente de la Comisión rectora del programa Recurra-Ginso que atiende a menores. ¿Qué tipo de problemas se tratan en este centro?
 Hijos que agraden a sus padres, verbal, moral, económica o físicamente. El problema estalla a los 16 años pero viene de los dos o tres años. Se puede discriminar perfectamente los niños que van a ser problemáticos. Todos los niños son caprichosos pero los tiranos son aquellos que disfrutan consiguiendo lo que quieren. La pregunta no es por qué el niño es así, sino ¿por qué el padre se deja chantajear, por qué quieren comprar el cariño de los niños? ¿Por qué un juez o un general acostumbrados a mandar no pueden con un niño de siete años? (...)
Una cosa es la aptitud y otra la actitud. Hay ancianos que tienen ilusión por lo que les queda de vida y hay chavales que te dicen “estoy de vuelta”. Tenemos un gran problema con el alcohol, pero nuestros chavales que maltratan o que ridiculizan no es que tengan un problema de alcohol o marihuana, es que tienen un problema existencial y por eso están contra alguien.  
Un alto porcentaje de chavales nos dicen que han sido víctimas en el colegio de acoso escolar y, en cambio, luego llegan a casa y se vuelven contra los padres, porque los padres van a aguantarles lo que no le aguantan en el colegio.
Por ejemplo, mi actitud en la vida es con quien me abre la puerta ser muy cariñoso y con el gran jefe ser duro.


 Para trabajar con los chavales hay que trabajar también con las familias.
Por su puesto, tienen que venir como mínimo tres veces al mes, para terapias individuales, en pareja y en familia. Hay que modificarlo todo. Un 25% de chavales tienen patología, pero en otro 25% de los casos tienen patología los padres, o de consumos, o de ludopatías, o de malos tratos, etc. Da la impresión de que la sociedad piensa que todo el mundo puede estar mal del estómago, del hombro, pero que la mente siempre está bien, pero no, y hay muchas situaciones que requieren tomar psicofármacos.
Otra cosa que tenemos que hacer en esta sociedad es denunciar, porque hay cosas que hay que cortar. En la vida hay que hacer cortafuegos emocionales. Por ejemplo, la violencia de género va ir a peor, lo sé porque muchos chavales me dicen “me gusta esta y le tengo que gustar yo”. Esa mentalidad, ¿de dónde viene? Pues tenemos que recordar que en España cada 15 kilómetros hay un puticlub y la gente presume de “ser putero”. Hay cosas que están admitidas y es muy grave.
Pero a los políticos no les oigo hablar de estas cosas. ¡Siete leyes de educación en cuatro décadas! Eso no puede ser, hay que pactar, y para ello hay que saber argumentar, pero la mayoría de la gente no sabe, no sabe debatir.

Hace unos días se daba a conocer un estudio sobre lo perjudicial que es la bofetada para los niños. ¿Qué opinión le merece?
Yo discrimino entre una bofetada y un maltrato, una bofetada a un niño no tiene por qué ser un maltrato, pero si es habitual… No es lo mismo darle en el culo a un niño que lleva pañales que darle una bofetada a uno de 12 años a la puerta de clase delante de sus compañeros, te perdonará pero no lo olvidará nunca. A los de mi generación sí nos han dado bofetadas. Estamos acostumbrados a decir “es que a mí eso no me ha traumatizado”, pero hay otra gente a la que sí le traumatizó y calla.
En España hace poco una mujer no tenía ni derecho a sacar dinero del banco y un hombre podía ejercer una cierta violencia sobre ella, pero son cosas que hoy no se entendería, como lo de la bofetada.
Lo que hay que pensar es ¿la bofetada es pedagógica para el que la recibe o terapéutica para el que la administra?. El problema es que los padres y las madres no saben qué hacer cuándo los niños entran en bucle y se descargan de adrenalina. Hay que ser eficaz y la bofetada no lo es, y saber que las sanciones forman parte de la educación.


    Cambiando de tema y centrándonos en la actualidad ¿qué trauma se les quedará a los niños refugiados que deambulan por Europa huyendo de la guerra y la pobreza?
 No sé, pero el ser humano es muy capaz de adaptarse. No a todas las personas que han sufrido violencia, malos tratos, abusos sexuales se les genera un estrés postraumático. Lo que les puede generar a la larga es desconfianza en el ser humano, decir toqué en una puerta y no me abrieron, toqué en otra y tampoco…. Eso no facilita una vivencia positiva de las intenciones ajenas. En ese sentido habrá luego gente más refractaria a dar. Pero va a depender mucho de su carácter, porque el temperamento se hereda en gran parte y la personalidad depende de las circunstancias, pero el grupo de iguales hace que unos tengan cierto acolchamiento afectivo. En la guerra, por ejemplo, los niños se esconden cuando hay un ataque pero cuando pasa, inmediatamente, salen a jugar al fútbol, es una capacidad de los niños de romper, es lo que los mayores llamamos resiliencia. Habrá niños que queden totalmente quebrados, pero no tanto por ellos, sino porque hayan visto la muerte, porque hayan perdido a sus padres…


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