22/04/2010 / 17:15
Javi López


La huelga general: la defensa del derecho del trabajo


La ofensiva ideológica que lo más conservador del mundo político y económico inició hace años tiene, al calor de la crisis económica, un aliado inesperado en nuestro país. Un aliado político en el gobierno de España que se revela como el urdidor más efectivo de las peticiones trasnochadas del sector empresarial y de los avariciosos poderes económicos.

 

En esa estamos ante el 29-S. La reforma laboral del gobierno, y su trámite parlamentario, han empeorado las cosas. El trágala de la aritmética parlamentaria está haciendo que el PSOE vaya asumiendo peticiones, acepte un endurecimiento mayor de la reforma de la norma laboral y de las medidas antisociales de ajuste. Quien sirve la mesa, anima a los comensales.

 

Pueden estar contentas sus señorías, esa gran mayoría constituida en un nuevo bloque redentor; una coalición contra los trabajadores y trabajadores. Pueden sentarse todos en la misma mesa sin que se reconozcan diferencias ideológicas, sin que se muestren diferencias por su procedencia partidaria, por sus supuestos diferentes enfoques y valores sociales y laborales. Se conforma una nueva "alianza" que ha encontrado el ungüento mágico para salir de la crisis: más palo al trabajador, más vara de mando al empresario. Bastión para el poder político, trono para el poder económico y escombros al contrapoder de la mano de obra y el conocimiento.

 

El ideario de la reforma laboral está construido en base a las reiteradas cantinelas de un sector productivo y empresarial que, desde el primer texto del Estatuto de los Trabajadores allá por 1980, ha reclamado mayor flexibilidad y mayor capacidad para decidir. Un mayor poder de dirección para dotarse de mayor discrecionalidad, con una mayor reducción de costes laborales y mayor reducción de cotizaciones sociales. Sus reivindicaciones históricas, ancladas en un modelo productivo caduco y autoritario.

 

Ese es el ideario de los "apóstoles" patronales para las relaciones laborales del siglo veintiuno; esa son las reglas abrazadas por el gobierno y aplaudidas por el arco parlamentario conservador –aunque algunos escondan sus intenciones y prefieran mas vuelta de tuerca a la fuerza de trabajo-. Una máxima dónde los derechos y las garantías de los trabajadores y trabajadoras, la capacidad de los representantes sindicales para intervenir en la organización del trabajo y para limitar la desmedida arbitrariedad del empresario, no son necesarias.

 

El gobierno de ZP hace un fabuloso obsequio, una enorme concesión a la patronal CEOE, a todo lo que representa esa cúpula adoctrinada para recortar la intervención de los sindicatos de clase, para eliminar la democracia laboral de las empresas. Un gobierno timorato y ciego que recompensa a la derecha económica y política, que le hace el trabajo sucio, a costa de romper con su electorado obrero, a la vez que cercena el sindicalismo de clase haciendo desaparecer contrapoderes en las empresas y en la sociedad.

 

Estamos ante una ofensiva ideológica profunda. Esta reforma laboral ni es necesaria, ni crea empleo, ni nos sacará de la crisis, ni cambiará el patrón de crecimiento. Esta reforma laboral sólo está diseñada para que los empresarios obtengan mayores ventajas en el reparto de la renta, mayores ganancias con un mercado de trabajo que puedan utilizar a su antojo.

 

La reforma laboral no es sólo un cambio de normas. Es, de forma descarada, un ataque a la capacidad colectiva de los asalariados, al sindicalismo de clase que hemos desarrollado en nuestro país. Estamos ante un ataque al modelo social que se ha construido en democracia y ante un cambio de orientación que impone una regulación laboral que empeora y hace retroceder las garantías del empleo, abarata el despido, normaliza la temporalidad, cuestiona el papel de la negociación colectiva, abre la intermediación laboral al beneficio de la empresa privada, etc. etc.

 

Ahora que Alemania presenta un crecimiento económico hay que recordarle a ZP, a los ministerios de la reforma laboral y del plan de ajuste, que allí no han planteado una reforma laboral como la pócima mágica que cura el desastre económico provocado por la economía de "casino", por las actuaciones más duras y aberrantes del capitalismo voraz.

 

La condición para salir de la crisis es reformular el modelo productivo, potenciar la inversión pública para reactivar la economía, liberar el crédito para la inversión productiva y para las familias, disponer de poder de compra en los bolsillos de los trabajadores y trabajadoras, garantizar un empleo estable, seguro y con derechos. Esa es la propuesta sindical, esa es la reclamación para ganar el futuro que hacemos los sindicatos convocantes de la huelga general del 29-S.

 

En España, CCOO y UGT, conformamos un dique de contención social de primer orden, y lo quieren derribar. Hace tiempo que sectores económicos e ideológicos, y sus correspondientes voceros en los medios de comunicación, atacan a los sindicatos. Hace tiempo que las políticas de derechas ven como un estorbo al sindicalismo de clase y lo quieren liquidar. Hace décadas que los neoconservadores promueven una cruzada para "limpiar" el movimiento sindical y arrasar en la economía. El poder y el dinero se animan para imponer su dictadura, la que nos ha llevado a la más profunda crisis económica del planeta.

 

El próximo día 29 de Septiembre nos jugamos mucho. Mucho más de lo que podamos imaginar, de lo que puedan imaginar los miles de trabajadores y trabajadoras de Castilla La Mancha y de España. Los cambios legales, los retrocesos legislativos, cuesta recuperarlos, por ello hay que combatirlos ahora y luchar por lo nuestro; y hay que lograrlo, lo vamos a lograr.

 

Esta reforma laboral ni es una necesidad, ni es una condición para remontar la crítica situación económica; es, simplemente, una decisión política de un gobierno abatido por las ideas conservadoras. Los trabajadores y las trabajadoras somos imprescindibles para alcanzar una sociedad mas justa y equilibrada, por eso, agrupados en una gran movilización, en esta expresión de un gran conflicto social que es la Huelga General, podemos cambiar las cosas, vamos a conseguir que se emprenda otro camino y se restituyan los derechos. El 29-S, YO VOY.


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