Valdenuño se rinde a los mozos de su Botarga ante el Santo Niño, un año más
Bajo un sol radiante que desafió las gélidas temperaturas de la primera hora, Valdenuño Fernández ha vuelto a cumplir con su historia este domingo 11 de enero. Como manda la tradición —el primer domingo tras la Epifanía del Señor—, la localidad se volcó en la celebración de la Fiesta del Santo Niño Perdido, una cita que ostenta con orgullo el título de Fiesta de Interés Turístico Regional.
La Ronda de la Botarga y los Danzantes comenzó su periplo por las calles, despertando al pueblo con el sonido del tambor y las campanillas. Este año, los nervios eran menores que el año anterior, ya no había noveles y todos disfrutaron con tablas del momento. Entre bollos y licores llegó la hora de la función religiosa.
La figura de la Botarga, que da nombre a la fiesta y la agrupación, provocó a todo el que se interpuso en su camino, despertando sonrisas y algunos miedos. Es la protagonista multicolor que, a pesar de su grotesca máscara, adoran propios y extraños. Castañuela y palo en mano, no deja indiferente a nadie.
Y así llegó a la puerta de la iglesia de San Bernabé Apóstol para pedir limosna a los fieles, so pena de no dejarle entrar en el templo, si no cumplía.
Máscara fuera, dentro del templo se puso su gorrilla para ejercer su otro papel.
El acto litúrgico alcanzó su punto álgido con el hallazgo simbólico del Santo Niño Perdido, momento en que los Danzantes ofrecieron sus bailes de paloteo dentro de la iglesia, una escena de enorme plasticidad y respeto. Posteriormente, la plaza del pueblo se convirtió en el escenario de nuevas danzas en las que el choque de palos resuena entre los albores de los celebrantes al mediodía.
No hay tiempo de sobremesa en esta cita, pues al Santo Niño hay que custodiar. Los danzantes le portan con honores en una procesión colmada de solemnidad.
Y como en esta fiesta lo profano y lo pagano se dan la mano, todavía quedaba la tradicional guerra de naranjas, con las que atardecía en Valdenuño. En este ritual, la Botarga se enfrentaba a los vecinos, una vez más, esquivando los cítricos que la tenían como blanco. Palo y castañuelas eran los únicos escudos con los que este ‘Mal’ se defendía de los ‘Bienes’ terrenales, en esa contienda habitual.
Rifa de alimentos
Llegó la rifa de la cordera viva, la anguila de mazapán, un jamón, otros embutidos y productos de la tierra para poner el broche a una nueva jornada en la que la tradición celebró que está muy viva en Valdenuño.
De esto dieron buena cuenta los vecinos y visitantes que acudieron a la cita, presidida por el alcalde, Luis Miguel Rodríguez Espinosa, y al que acompañó la delegada de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en Guadalajara, Rosa García; la diputada de Cultura, Sabrina Escribano y la delegada de Igualdad, Laura Gil, entre otras personalidades.









