26/05/2017 / 18:01
Nazario Escalera/Villar de Cobeta


Adiós Villar

Memorizando aquellos tiempos, vengo a recordar un hecho importante de su personalidad, tal era su presencia en la romería de la Virgen de Montesino.


Hoy, ante la gracia de mis 98 años, bien quisiera escribir algo más grato, elogioso, acogedor, ante la fusión de mi pueblo, Villar de Cobeta al de Zaorejas, que viene a martillear mi sentir a lo largo de los años. Por ello no encuentro otro motivo que de alguna manera manifestar mi sentimientos a tal concepto, culpable de verme frustrado por este hecho, publicado y realizado por Decreto 349 de fecha 10 de febrero de 1972 (BOE, Nº 45) a propuesta del Ministerio de Gobernación, previa deliberación del consejo de Ministros  en su reunión del 4 de febrero de dicho año.
      Ante tal realidad y memorizando aquellos tiempos, vengo a recordar un hecho importante de su personalidad, tal era su presencia en la romería de la Virgen de Montesino, que anualmente se celebra con la representación de los pueblos de Cobeta, Olmeda, Torremocha, Sela y Villar de Cobeta, cuya ermita está situada sobre una loma, en un claro del pinar, perfumada por el olor de los pinos como si millones de ventanas permaneciesen abiertas día y noche para darle la pureza y aroma de sus resinas. Allí se encuentran los lugares reservados al acomodo de las gentes en tal romería.
        Casualmente vengo a personarme este año en tal acontecimiento. Veo sus lugares ocupados entre rondallas, cánticos, comida y un buen número de romeros, pero aquel que fuera nuestro pueblo... solitario y desierto. Triste realidad ante mi curiosa pregunta: ¿Señor, ya no hay tal pueblo ni quién le pueda representar?.
       Así de lo que antaño fue vida, pasará a ser historia y todo se marchitará ante la rapidez de los tiempos, que personalmente, aunque solo sea por gratitud a mi nacimiento, me siento obligado como recuerdo y despedida a ofrecer esta sencilla flor de mi escrito sobre sus polvorientas ruinas.
       Soñando en la posible resurrección y ya de regreso al confortable hogar de mis hijos, ante la realidad de los hechos, repito y repito me será siempre grato memorizar tiempos pasados, aunque solo sea por gratitud a esa sencilla, feliz y purificadora vida que siempre nos dio.
  De todo corazón ruego a nuestros descendientes no tengan por bandera la crítica a nuestros errores, vivir en paz en esta vida que todos soñamos.
       Hasta siempre, adiós Villar.


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