03/09/2017 / 13:01
Jesús de Andéss


Imagenes

Alá es grande

El Islam es, junto con el Judaísmo y el Cristianismo, uno de los tres monoteísmos descendientes de la tradición de Abraham.


 La torticera manipulación de la manifestación celebrada en Barcelona contra el salvaje atentado del pasado 17 de agosto ha impedido un debate sereno sobre las causas reales del terrorismo islamista para acabar volviendo, cómo no, al raca-raca obsesivo del independentismo catalán. Lejos de señalar a los culpables –los terroristas- o de recordar con respeto a las víctimas, el objetivo fue atacar tanto al Rey como al presidente del Gobierno, amén de marcar el territorio con las señeras tuneadas de rigor. Por si fuera poco, los medios de comunicación y las redes sociales, al abordar el atentado, bien se han volcado en llamar a la cruzada bajo la protección de Santiago Matamoros, bien han adoptado el perfil buenista entrevistando a imanes y señoras con velo que rechazan a los terroristas porque nada tienen que ver con ellos. Una vez más, perdemos la oportunidad de analizar el porqué de los atentados.
    El Islam es, junto con el Judaísmo y el Cristianismo, uno de los tres monoteísmos descendientes de la tradición de Abraham. Entre otras muchas cosas, comparten como libro sagrado el Antiguo Testamento. Si abrimos, por ejemplo, las páginas del Levítico o del Deuteronomio, libros canónicos de la Biblia, encontraremos barbaridades que cuesta trabajo imaginar. “Si una joven se casa sin ser virgen, morirá apedreada” (Deuteronomio 22, 20-21) o “Si un hombre yace con otro, los dos morirán” (Levítico 20, 13), para que nos entendamos. El Nuevo Testamento, por cierto, también tiene su miga: decía San Pablo en la Primera Carta a los Corintios (14, 34-35) que “las mujeres deben callar en las iglesias. (…) Si desean saber algo, que pregunten en casa a sus maridos” o en la Primera Carta a Timoteo (2, 14) que “no permito a la mujer que enseñe, ni que domine al hombre, sino que esté en silencio”.
    La diferencia, la gran diferencia, es que aquí, después de un costoso proceso de siglos, hoy en día no se interpretan los textos sagrados al pie de la letra, la Iglesia Católica no tiene capacidad ni intención de imponerse en la esfera civil y la sociedad se ha secularizado hasta el punto de que cada cual construye sus creencias a la carta. Por el contrario, el Islam se ha deslizado desde una difusa cultura común a un sistema de control que es opresivo para sus propios creyentes y amenazante para los no musulmanes. Financiada por Arabia Saudí y Qatar, quienes han costeado mezquitas y escuelas coránicas por todo el mundo, la ideología wahabí ha expandido su ideología integrista y rigorista en la aplicación de la ley islámica haciendo de su interpretación del Islam la única posible. El control absoluto sobre la mujer, la imposición de las creencias, la no integración consciente (para no mezclarse con los infieles) y tantas otras absurdas ideas irracionales necesitan de un proceso de ilustración por bien suyo y nuestro. Alá es grande, pero se hace imprescindible hacerlo pequeño.
 


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