12/09/2017 / 12:51
Redacción


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Almonacid acogió ayer la segunda semifinal del Certamen 'Guadalajara Busca Torero'

Alvaro Sánchez y Leandro Gutiérrez se enfrentaron a cuatro novillos de la ganadería de Sandra Sopeña, y cortaron una oreja cada uno.


La Plaza de Toros de Almonacid de Zorita acogió ayer, el día que se cumplían 31 años desde su inauguración, el 11 de septiembre de 1986, la segunda semifinal del igualmente segundo certamen 'Guadalajara Busca Torero'.

 

Antes de que comenzara la novillada, Adrián Domínguez, responsable de la comisión de toros, y Pedro Antonio Cañadillas, asesor taurino del Ayuntamiento, le entregaron un premio al novillero Mario Arruza, por cortesía de la taberna almorcileña 'El Rincón de Triana'. El chaval había cuajado una actuación sobresaliente la tarde anterior, en un festejo que nada tenía que ver con el certamen 'Guadalajara Busca Torero'. El público local, representado por Domínguez y Cañadillas, reconoció el mérito de su faena, y aun más cuando Arruza sufriera un topetazo después de entrar a matar sin muleta. El novillero recogió orgulloso el premio que le entregó la afición y comentó, afortunadamente ya repuesto, haberse sentido tan querido por el público de Almonacid que estaba “obligado a darlo todo”.

 

Después de las cinco clases prácticas de toreo anteriores, que habían hecho las veces de fase clasificatoria del certamen 'Guadalajara Buscar Torero' en las que habían participado hasta diecinueve novilleros, los dos festejos, el de  Yebra y el de Almonacid de Zorita, los días domingo y lunes, respectivamente, deben decidir ahora los tres chavales que disputarán la gran final. Héctor Gutiérrez y Miguel Aguilar, ambos de Aguascalientes, Méjico, actuaron en la localidad yebrana con ganado de Casasola, mientras que ayer el cabanillero Alvaro Sánchez, de la Escuela Taurina de  Guadalajara, y Leandro Gutiérrez, colombiano que entrena en el CITAR (Centro Internacional Taurino de Alto Rendimiento) de Fuentelencina, lo hacían frente a dos erales de la ganadería de Sandra Sopeña. Tres de los cuatro estarán en gran final de Yunquera, el próximo 19 de septiembre, en novillada picada con ganado de Los Cortijillos, encaste Alcurrucén, que retransmitirá TVCLM. El jurado que debe tomar la decisión está compuesto por especialistas del mundo del toro, pero también por aficionados de cada una de las plazas que han acogido las fases previas.

 

Alvaro Sánchez demostró ser un novillero cuajado y con oficio, que maneja tan bien las banderillas como las emociones del público, por lo que prácticamente cuenta por triunfos sus actuaciones este verano. Su primer novillo tuvo muchas dificultades por el pitón izquierdo, dándole varios sustos y obligándole a limitar su faena a la mano derecha. “Al final he podido soltar nervios y espero disfrutar en el segundo. Lo he dado todo ante un novillo que no acababa de pasar”, decía el de Cabanillas al terminar la faena. Elena Gordon, alcaldesa de Almonacid y presidenta ayer de la corrida, le concedió una oreja.

 

Con el segundo, el chaval estuvo importante. Destacó su entrega desde el primer momento, tratando de sobreponerse a una primera actuación que no le había dejado satisfecho.  Sánchez aplicó una estrategia inteligente a las condiciones del animal, acertando con los terrenos y dejando algunos muletazos de mérito. Su buena actuación se la llevó la espada, aunque escuchó palmas.

A Leandro Gutiérrez, un torero de gusto por el detalle le pudo su primer enemigo. No estuvo tan bien con las banderillas como suele, y eso le tocó la moral cuando encaró su faena de muleta. Estuvo más tenso que buscando soluciones para dominar a su enemigo. Tuvo algún detalle antes de ejecutar la suerte superma pero, nervioso, no acertó con la espada. Escuchó un aviso, y cuando mató, el silencio de la plaza. Tuvo miedo, como el chaval mismo reconocía, y eso se notó sobre la arena.

 

Sin embargo, en el segundo, el novillero se sobrepuso.  Recibió a su enemigo con tres largas cambiadas afaroladas de rodillas, la primera de ellas a puerta gayola, que levantaron las palmas encendidas del público. Después de dejar de lado las banderillas para centrarse en la muleta, hizo una faena de raza y entrega, demostrando que quiere ser torero. Empezó pudiendo al animal, sacándole dos drechazos extraordinarios. Pero el novillo tenía su condición y le dio un par de revolcones que deslucieron su trabajo e hicieron que la faena viniera a menos. El público y la presidencia reconocieron su entrega, y, pese a matar a la segunda, con una buena estocada, Gordon le concedió la oreja. “En el segundo procuré apretarme más y echarle más actitud y pude cortar la oreja. Me voy contento pero no satisfecho. Ser torero es el camino que quiero tomar, y voy paso a paso, estamos aprendiendo”, declaraba al final de su faena. La Plaza de Toros de Almonacid registró ayer una magnífica entrada, rozando el lleno, para presenciar la semifinal.

 


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