10/03/2018 / 17:16
Antonio Yagüe


Imagenes

Baños de monte

A tantas sensaciones y propiedades terapéuticas podrían añadirse, por ejemplo en Labros, Lebrancón, Amayas o Villel, sabinares milenarios.


En Gerona, cuna del independentismo catalán más montaraz, está causando furor una red de itinerarios ecoturísticos o rutas por fincas forestales denominados  “baños de bosque”. Los visitantes, previo pago de entre 15 y 45 euros (según tamaño del grupo), acuden con móviles apagados, caminando en silencio y pausadamente entre pinos, encinas y robles a disfrutar de la riqueza paisajística y de sus beneficios para la salud.
     Puede parecer una simpleza, pero quienes han vivido la experiencia, copiada de Japón, EE UU y Corea, cuentan y no acaban. Guiados por monitores, los ecoturistas cierran los ojos y toman conciencia de su respiración y las percepciones de sus sentidos. Algunos alcanzan a oír los latidos del corazón en las yemas de los dedos, otros oyen caer hojas y bellotas, el canto de las perdices, el arrullo de las torcaces o el murmullo del arroyo. En suma, se reconectan con la naturaleza.
     Dicen que está demostrado que a seis minutos de entrar en un bosque disminuyen la presión arterial, el cortisol y la hormona del estrés. También están indicadas estas rutas saludables para quienes sufren fibromialgia o agorafobia, entre otros males. Lógicamente, son complementarias con el turismo termal. Además, la comercialización de estos entornos idílicos puede proporcionar un producto que revertirá en la economía de los municipios de la zona, propietarios, hoteles, comercios y restaurantes.
     Esta clara oportunidad de negocio, como dicen los promotores, vendría como anillo al dedo en montes de nuestra comarca. A tantas sensaciones y propiedades terapéuticas podrían añadirse, por ejemplo en Labros, Lebrancón, Amayas o Villel, sabinares milenarios que vieron pasar al Cid en su destierro. Complementadas con aromas de sus extrañas polinizaciones en primavera o de las extasiantes vibraciones que producen los abrazos grupales a sus troncos. Y con  fragancias de espliego o lavanda cultivada, enebros, zarzas y espinos.
     Podría combinarse con otro desestresante ‘baño paramero’, a base de aromaterapia de aliagas, tomillos, ajedreas y cardos seteros. Todo a coste cero porque no es necesario sembrar, abonar o cultivar nada. Solo convendría mantener el entorno  un poco decente sin arrojar plásticos, vidrios, aceites usados y enrunas. Ni siquiera habría que pedir a los visitantes que desconecten el teléfono porque el fijo se va y el wifi no termina de llegar. ¿Cómo no se nos había ocurrido?


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