18/11/2017 / 13:05
Redacción


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Barranco del Río Dulce, el privilegiado refugio de Rodríguez de la Fuente y ‘sus’ rapaces

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Ocupa de más de 8.000 hectáreas entre Sigüenza (La Cabrera y Pelegrina), Mandayona (Aragosa), Saúca (Jodra del Pinar), Torremocha del Campo, Mirabueno y Algora. En sus empinadas paredes anidan algunas especies de buitres, águilas o halcones.


Quién diría que a escasos metros de una autovía, la naturaleza nos podría exhibir un paraje como este. Encinas y quejigos son los protagonistas de sus bosques. Sabinas y enebros salpican el camino en el que surge el río Dulce rodeado de choperas. Fresnos, sauces y álamos se unen al paisaje del Parque Natural del Río Dulce de Guadalajara.  El propio río ha excavado en el profundo cañón, entre los estratos de calizas, algo que hace especial este lugar: el Barranco del Río Dulce. Hay que remontarse al Cretácico y Jurásico para saber cuándo se depositaron esas calizas, pues la zona estaba cubierta por el mar Thetis. La fractura y el plegamiento se produciría en el Terciario y, después, su disolución para llegar a lo que hoy conocemos. Cuevas, simas, torcas, ciudades encantadas se suceden a uno y otro lado, originando un relieve característico y variante. Allí, podemos encontrar especies propias de lugares del norte, como los arces. Las rapaces anidan en sus paredes y las grarzas y el martín pescador ocupan la ribera del Dulce.  Hay que acercarse al  parque natural que se extiende entre  Sigüenza (La Cabrera y Pelegrina), Mandayona (Aragosa), Saúca (Jodra del Pinar), Torremocha del Campo, Mirabueno y Algora.

    Su extensión nos ofrece varios recorridos para adentrarnos en este parque natural. Uno de los más populares es el de la Hoz de Peregrina, que permite conocer la zona más abrupta. Son unos cuatro kilómetros, que se completan en menos de dos horas.

    Once kilómetros hay entre Aragosa y Pelegrina, pasando por la Cabrera que se pueden completar fácilmente en bicicleta por la llanura del recorrido y que es muy recomendado para hacer en familia.

    Surcando el quejigar desde la ciudad doncelina de Sigüenza se puede acceder al corazón de este espacio protegido, Pelegrina. Once kilómetros que el caminante puede seguir por la Ruta del Quijote, despertando el espíritu más aventurero. La accesibilidad al Barranco del Río Dulce se demuestra con la ruta para invidentes, aguas abajo en un recorrido instructivo, con elementos interpretativos adaptados. Toda una experiencia al lado del río que le da nombre al parque natural.

            El paseo se puede completar con una visita al Centro de Interpretación de Mandayona. Allí encontraremos una muestra dedicada a los recursos naturales del parque, su románico y como no, a  la actividad desarrollada por Félix Rodríguez de la Fuente en el Parque. También hay cámaras para  el avistamiento de los nidos de los majestuosos buitres leonados. Muy cerca de allí podremos emular al genial naturalista desde ‘su mirador’, en Pelegrina, el mejor punto para observar en todo su esplendor la abrupta hoz.


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