31/07/2017 / 12:07
Redacción


Cuidar nuestras playas de agua dulce

Hay que cuidar el entorno, no dejar basura, intentar que cuando nos marchemos no quede rastro de nuestro paso por allí, y cuidar también nuestras agua.


Una de las grandes riquezas de la provincia de Guadalajara es su patrimonio natural, tanto por su extensión, variedad y estado de conservación. Disfrutar de ello es derecho de todos y el verano ofrece una estupenda oportunidad para hacerlo. Sobre todo de sus ríos, de aguas frescas, limpias y cristalinas. Darse un baño en alguna de sus playas y piscinas naturales es un auténtico privilegio, y más aún poder hacerlo en alguno de esos rincones apartados del gran público, donde la naturaleza todavía se conserva en estado puro, forma pozas y cascadas, donde no llega el bullicio y se respira paz y tranquilidad. Pero el derecho a disfrutar de estos maravillosos parajes lleva unida la responsabilidad de cuidarlos y respetarlos para que los que vengan después de nosotros, las generaciones posteriores, también puedan hacerlo. Lamentablemente, tenemos ejemplos recientes de cómo la masificación y presión de un público cada vez más numeroso está teniendo una repercusión muy negativa sobre la naturaleza. Es un riesgo que se corre al dejar de ser esa gran desconocida de lo que Guadalajara siempre se ha quejado. Hay que hacer, en este punto, una llamada a la responsabilidad de los visitantes, pero también plantear, de alguna manera, medidas preventivas. Pasar un día de diversión en nuestras playas de agua dulce es un atractivo plan para combatir el calor y un gran aliciente turístico para el verano, pero hacerlo a costa de la naturaleza no es una opción. Hay que cuidar el entorno, no dejar basura, intentar que cuando nos marchemos no quede rastro de nuestro paso por allí, y cuidar también nuestras aguas, el agua clara y cristalina que todavía corre por los ríos y arroyos de la provincia, como el Tajo, Tajuña, Jarama, Sorbe... Los guadalajareños conocemos muy bien el valor del agua, un agua que echamos de menos en los embalses de Entrepeñas y Buendía, donde, por ejemplo, han desaparecido zonas donde tradicionalmente la gente acudía a bañarse. Esperemos que la lista de los lugares donde todavía es posible el baño no siga bajando y podamos seguir disfrutado de ellos durante mucho tiempo.
 


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