17/03/2017 / 13:16
Pedro Villaverde Embid


Imagenes

El recuerdo del 11-M

¡Cuántas vidas rotas! A los fallecidos hay que sumar heridos, familias y amigos. Nunca  se nos borrará aquel día.


En el monolito de la Plaza de la Comunidad, en Azuqueca de Henares, y en el que recuerda aquel día en la estación de tren de Alovera, se rindió homenaje de manera sencilla, simbólica y con mucho cariño a las 193 personas que perdieron la vida hace trece años en un atentado terrorista brutal que afectó de manera directa a la provincia de Guadalajara. La cercanía al dolor, el hecho de conocer personalmente o por alguien de nuestro entorno a alguna de las víctimas, potenció aun más nuestros sentimientos de rabia, frustración e incomprensión ante la sinrazón de aquellas bombas en los trenes dirigidas a matar indiscriminadamente a personas inocentes y ajenas a cualquier conflicto o ideología que pueda haber detrás de la mente asesina de un terrorista. En mi caso fueron tres los fallecidos con los que tuve relación. Una de ellas, Inés, una enfermera de apenas treinta años de edad, novia de un amigo de la Universidad, con quien salíamos con frecuencia. Divertida, siempre sonriente, deportista, cariñosa y feliz. Había comenzado su historia de amor viviendo con su pareja y tenían muchas ilusiones y sueños por cumplir. Aquel día trabajaba por la tarde pero cambió fatídicamente el turno. Nunca la olvidaré. Lo pasamos muy bien en las fiestas de Guadalajara y en las que hacíamos en la Facultad para recaudar dinero para el viaje fin de carrera. Descansa en Paz. Con Ismael solo estuve una vez, en las fiestas de Taracena de septiembre del año anterior al suceso. Era el novio de una amiga. Tomamos algo en una peña y fuimos a la verbena. Tenía un buen trabajo en Madrid. Aquel día se le había estropeado el coche y tuvo que desplazarse en tren. Segunda fatalidad. Con Eduardo estudié en el Instituto Brianda de Mendoza y le había perdido la pista. Leí su nombre en el periódico. Tenía dos hijos y vivía en Azuqueca. ¡Cuántas vidas rotas! A los fallecidos hay que sumar heridos, familias y amigos. Nunca  se nos borrará aquel día y creemos que es  bueno como homenaje a los que se fueron y condena a cualquier terrorismo que recordemos con una vela, una oración o un pensamiento de vez en cuando aquella fecha con el deseo de que se haga justicia y nunca vuelva a pasar algo así.  El terrorismo, como la violencia en general, nunca puede tener justificación.


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