02/06/2018 / 16:16
Javier Sanz


Imagenes

El trepa

Mamadou Gassama dicen que se llama. Le van a emplear de bombero. Ha salido en los papeles y a mediodía le han visto con el presidente en plan colega.


Mira, negro, allá arriba, en el cuarto, por fuera, al otro lado de la terraza. Que no, que no es un muñeco, es un niño. Yo qué sé dónde andará el padre, quizá jugando al Pokemon. Anda, valiente, sube a la cucaña y atrapa el jamón, y si te estrellas qué más da, total, no tienes ni papeles, nada que perder. Anda, negro, que si revientas contra la acera nadie se enterará en Mali, de donde saliste para tocar la gloria en París, en lo alto de un andamio, sin seguro ni casco ni nada, y a lo que quieran y cuando quieran pagarte. Trepa allá arriba, negro, el niño igual cae a la acera y después vas tú, ya digo, pero qué más da, en el piso patera meterán a otro esta noche en tu hueco y tu cuerpo irá a parar a la fosa común, a ese Mediterráneo en tierra que se traga a todos los que circuláis sin pasaporte, sin nacionalidad, pies negros, apátridas, legionarios de las banlieus, cinturón negro que delimita el paraíso de la ciudad del amor, pero no se os ocurra pisar el escalón de Louis Vuitton pues uno de los vuestros con levita, como el chivato mayordomo Jackson de “Django”, llama a los gendarmes y os bloquean en la acera boca abajo, con la rodilla en los riñones. Anda, negro, juégatela si tienes cojones y salta de piso en piso, hasta el cuarto, que el niño no aguanta y si llegas y lo echas en la canasta de la terraza igual te damos la residencia, y después la nacionalidad y hasta te sentamos en el Elíseo y tu foto sale en Le Figaro. Sube negro, salva al niño, te espera Macron y hasta Marine Le Pen te va perdonar media vida, tampoco es cosa de indultarte.
    Mamadou Gassama dicen que se llama. Le van a emplear de bombero. Ha salido en los papeles y a mediodía le han visto los colegas del barrio con el Presidente de la República, en plan colegas. El papá dejó la Pokemon, llegó a casa y habían tomado el portal las cámaras de la TF1. La mamá regresaba a París para hacerse cargo de la criatura. El niño había sentido el vacío, la nada, y cuando sea abuelo todavía se despertará al amanecer, agarrado con las uñas a la mesilla. Mamadou trepó a un cuarto piso oyendo la letanía de un diablo con traje blanco de tres piezas y zapatos de punta del mismo color, en charol y abrochados con un lazo malva; el diablo del traje blanco, con su bastón con pomo de bola de billar es un gilipollas que ya no cotiza, aunque aparece. Cada tarde. Mientras la gente descuelga a un niño con la normalidad de quien quita el 6 de enero la última estrella del abeto y la guarda en la caja.     
 


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