06/11/2017 / 21:29
Jesús Fernández


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Engaños en democracia

¿Cuándo se dará cuenta esta generación que ha sido engañada?


Existen muchos engaños en la democracia que derivan en confusiones. Ya hemos hecho muchas alusiones a ellos en estas páginas. No es que la democracia sea un engaño sino que existen muchos en ella. La primera confusión tiene lugar en el interior del hombre que no es capaz de distinguir entre ideales e intereses, entre conceptos y beneficios, entre compromiso y aprovechamiento, entre servir y servirse, entre pensar y opinar, entre señorío de la razón y  esclavitud del instinto. En el plano social y público, se confunde el Estado con la sociedad, la administración y la organización, los partidos con el pluralismo, la elección con la representación, el mandato con la autoridad, lo público con lo privado, el cargo con la función, la masa con los individuos, las manifestaciones con la reclamación, los aplausos con la aprobación, los amigos con los incondicionales. Nos movemos constantemente en la ambigüedad, en la distorsión, en la mentira, en la simulación. Se confunde el sistema con la realidad, el capitalismo con la riqueza y el socialismo con la libertad. Pero nadie nos engaña sino que nos engañamos a nosotros mismos pues es un acto voluntario.
    ¿Cuándo se dará cuenta esta generación que ha sido engañada? Lo saben pero juegan con el engaño, le siguen  y viven de él. Se falsean los datos, se alteran los análisis, se presenta o interpreta interesadamente  la realidad, se proyectan perspectivas, se adelantan promesas que no se cumplen y se señalan resultados no obtenidos. Alguien está haciendo negocio con la buena voluntad y la credibilidad del pueblo a costa de la credibilidad de la democracia. Esto parece un intercambio de engaños. La democracia no aleja o despeja preocupaciones y sospechas. Es necesario revisar y autentificar todos los usos democráticos de esta ciega sociedad. Tampoco hay que caer en la indiferencia y en la neutralidad. Lo único que no engaña en la democracia es la ley.
    Hablando de democracia, tenemos  que manejar dos conceptos a la vez: crítica y dignificación de la democracia. Que a la crítica no le falte dignidad y que a la dignidad y respeto no le falte crítica. Esto (la falta de dignidad) sucede cuando, mediante el engaño, reducimos la democracia a un pura ficción. Hay que dignificar las instituciones comenzando por la Constitución que es la primera arquitectura de ellas. Democracia ficción es elevar a categoría la hegemonía de la soberanía popular. Engaño es, igualmente, creer que la democracia es la base del capitalismo o viceversa. Engaño es creer en los “lobbysmos” o los sistemas como presión sobre los gobiernos. Entre ellos, está, en primer lugar, los grandes Medios de comunicación. Los que tenían que ser instrumentos de la opinión pública se convierten en brazos del poder vigente o se entregan a su propia presión sobre el poder. Al final de todo, el engaño más grande es creer que no nos engañan.   
 


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