12/04/2017 / 12:38
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

Morir joven

Con Elena tuve la suerte de compartir breves momentos en determinados actos de Nueva Alcarria y me cautivó su sensatez y afabilidad.


Recientemente nos hemos conmovido por la marcha de determinadas personas a una edad temprana, demasiado temprana. Particularmente también lo he padecido en las últimas fechas. Quién no. Todos tenemos referencias dolorosas por la despedida de seres queridos cuando el peaje a esta vida no incorporaba una salida a tan pocos kilómetros. Es un sinsentido, una anomalía de la lógica, de lo natural. Es una putada, qué cojones, un puñetazo en el alma cuando menos te lo esperas.
    En términos mediáticos, los que se oyen y leen, los extrapolables a nuestras propias experiencias, dos mujeres nos han dicho adiós sin haberse despedido. Lo entiendo. Cuántas veces nos vamos del tumulto a la francesa, sin despedirnos. Sin dar explicaciones. Podría interpretarse como mala educación, pero la elegancia de irse a la francesa es inigualable. Como de la vida. Por mucho que nos duela a los que nos quedamos, por mucho que echemos de menos su ausencia. Así nos ha pasado con Elena de la Cruz o con Carme Chacón. Perdónenme la licencia, por mi vertiente artística, pero además de grandes mujeres, lo importante, además, bellas. Mi amigo Charly me diría que me estoy metiendo en un charco, pero no sería sincero si no reconociera a mis lectores que el rostro es el retrato del alma, y lo dice un retratista. Elena y Carme poseían un rostro bello y casi angelical. Walt Disney los hubiera escogido para Blancanieves o para la Cenicienta. Nunca para la Madrastra.
    Al margen de este guiño interpretativo, por tan tristes sucesos he abundado en sus respectivas trayectorias y me he encontrado a tan grandes personas como profesionales. Las dos destacaron pronto con la mejor predisposición y, después de aceptar sus respectivos compromisos, como grandes gestoras. Muy comprometidas. Con Elena tuve la suerte de compartir breves momentos en determinados actos de Nueva Alcarria y me cautivó su sensatez y su afabilidad. A Carme la seguí de cerca como buen interesado en la cosa pública y encontré  a una de las mejores ministros de los gabinetes de Zapatero. Y me caía bien, todo hay que decirlo. Su gestión y su prudente aparcamiento del frenesí político confirmaron mis mejores impresiones.
    Los grandes mitos lo fueron en parte por morir jóvenes. Elvis, Marilyn Monroe, J. F. Kennedy, James Dean, Lorca, Miguel Hernández,Carlos Gardel, John Lennon, AmyWinehouse, Antonio Flores, Freddy Mercury, El Yiyo, Paquirri, Cecilia, Nino Bravo, Larra, Mozart y otros muchos, y otros tantos… Los he puesto así, al tuntún, porque la de la de la guadaña ni elige ni selecciona, pasaba por ahí.
    Paradójicamente, “nace” el mito a raíz de la muerte. Ignoro si es el precio para elegir el escaño color mito. Una especie de reserva en clase “vip mítica” –otros, como mi buen amigo Lorenzo Díaz, han accedido sin pagar billete, qué suerte- . Es el único consuelo. El que se hayan ido en el mejor momento de sus vidas sin asistir inevitablemente a la decrepitud de nuestro cuerpo y nuestra mente. Y ser recordados así para la posteridad: permanentemente jóvenes.
    Y terminando este artículo, en plena Semana Santa, me acuerdo del mayor, el de Jesucristo. Se nos fue a los 33 años. Afortunadamente para volver.


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