15/04/2017 / 21:12
Jesús Fernández


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Odio en democracia

¿Qué valores vivimos en nuestra sociedad democrática? ¿Qué experiencia tienen y aportan los ciudadanos a ella? ¿Cuál es nuestra actitud frente a grupos extremos?


No hablemos de competencia legítima, de lucha de clases, de conflicto de intereses, de reivindicaciones, como el origen de la  movilidad política. Hablemos abiertamente, claramente, del principio rector y conductor de nuestra democracia que es el odio. Hay mucho odio en la democracia pero, además, hay odio a la democracia. Esa es una de las tendencias de nuestro tiempo. Por una parte, se teoriza mucho  sobre las virtudes políticas (pluralismo, igualdad, participación) mientras se practica el individualismo. Por tanto,  el egoísmo y el rencor son los dos motivos fundamentales de la acción democrática. La democracia tiene unas estructuras morales que radican en la conciencia del hombre. Cuidemos los sentimientos. Algunos son un peligro para la convivencia democrática.
    ¿Qué valores vivimos en nuestra sociedad democrática? ¿Qué experiencia tienen y aportan los ciudadanos a ella? ¿Cuál es nuestra actitud frente a grupos extremos? Enemistad llevada hasta la venganza. Toda la tecnología de partidos,  estrategias electorales, corrientes y organizaciones internas de designación  de candidatos y dirigentes están destinados  a disimular y ocultar tales sentimientos disfrazados de objetivos y participación. Lo relevante son los comportamientos  de rechazo y de exclusión  ideológica pero también de fervor revolucionario hasta el exterminio en la lucha social. Existe una migración del interior del hombre a las estructuras.
    Las redes sociales es donde más se radicaliza la juventud. Dichas redes ofrecen una salida fácil a las opiniones y posiciones  extremistas. Sin embargo, nuestro sistema de valores constitucionales está preparado para soportar opiniones extremas, populistas y radicales con tal de no sobrepasar la raya de la incitación al odio o sentimientos de venganza. Entonces se necesita una respuesta clara del Estado de derecho,  una reacción inequívoca de la sociedad civil en su núcleo espiritual   y subjetivo pues se ofende o se pone en duda la dignidad y el supremo valor de la conciencia y de la persona humana. Cada día más, la sensibilidad de la población gira en torno a estos derechos morales de la sociedad, como son igualdad, dignidad, trato, compromisos, ofensas, respeto, razas, religión. La diferencia no tiene que conducir necesariamente a la enemistad, al enfrentamiento y condenación. La confrontación democrática se libra cada vez más en el terreno de los sentimientos.
 


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