05/08/2018 / 10:49
Jesús Orea


Imagenes

Sacedón:¡Vaya, vaya, aquí (ya) no hay playa!

Y con aquellos lagos artificiales y la etapa del desarrollismo y del Seat 600 que vivía la España de aquel tiempo surgió un ‘boom’ turístico especialmente en Sacedón, que puede encontrarse en la crónica de Nueva Alcarria de la época.


El pasado día 14 de julio se cumplió el sexagésimo aniversario de la inauguración oficial de las presas de Entrepeñas y Buendía por parte del General Franco, entonces jefe del Estado español. Fue, efectivamente, el 14 de julio de 1958 cuando se dieron por concluidas las obras de ambos embalses, al menos desde un punto de vista protocolario pues aún prosiguieron realizándose distintas actuaciones complementarias y de consolidación hasta 1965 en que ya se terminaron definitivamente. Desde finales de los años cincuenta del siglo pasado, pero sobre todo durante los años sesenta y setenta, el entorno de Entrepeñas y Buendía, en general, y Sacedón, en particular, se convirtieron en los “mares de Castilla”, “la costa de la Miel” e, incluso, “la playa de Madrid” para miles de turistas a quienes el mar se les acercó más de 400 kilómetros, surgiendo una playa en lo que antaño fueran campos de labor, olivares, viñedos, huertas y baldíos en pleno corazón de Castilla. Vamos a repasar sucintamente la historia de aquel mar que vino con las presas de Entrepeñas y Buendía, pero que después se fue con el Trasvase Tajo-Segura y las “pertinaces” sequías. Esta pequeña/gran historia podría resumirse parafraseando el título de una pegadiza y conocida canción del grupo “The Refrescos”, que sonó mucho a finales de los años 80: “¡Vaya, vaya, aquí (ya) no hay playa!”.

Ese eficaz medio de información, pero, sobre todo, de propaganda en tiempos del franquismo que fue el NO-DO recogía con harta frecuencia en sus sucesivos pases cinematográficos imágenes de Franco inaugurando embalses por toda España; eran tan repetidas y recurrentes esas escenas que, con la guasa típica que nos solemos gastar los españoles, hasta se llegó a apodar al jefe del Estado como “Paco, el rana”, porque iba de pantano en pantano. Las imágenes de la inauguración de las presas de Entrepeñas y de Buendía, así como del túnel que conecta ambos embalses, por supuesto que forman parte también de la historia del NO-DO. En ellas se ve a Franco acompañado de dos ministros -los de Agricultura e Industria- y de las primeras autoridades provinciales, civiles, militares y religiosas: Felipe Solano, presidente de la Diputación; el gobernador civil accidental, Sr. Luján Vicen -una semana después le sustituiría José Manuel Pardo Gayoso-, el general jefe de la Guardia Civil, señor Arroyo, y, por supuesto, el Obispo, Monseñor Bereciartúa Balerdi, que bendijo las instalaciones, como era entonces costumbre.

De aquella magnificente inauguración del sistema hidráulico Entrepeñas-Buendía, entonces el de mayor capacidad de Europa -2.462 millones de metros cúbicos-, quedó para la historia un monumento, el llamado “Rollo Trujillo”. Se trata de un monolito de 11,20 metros de altura, que está localizado en las proximidades del camino que llevaba a La Isabela, en un altillo rodeado por un bosquete. Tiene más valor estético y representativo que histórico pues, como ya hemos dicho, se erigió con motivo de esta inauguración oficial, divisándose desde él ambos embalses. El “Rollo Trujillo” tiene este nombre porque es una réplica exacta del rollo de justicia de la ciudad cacereña de Trujillo. El original trujillano es una magnífica obra gótica de finales del XV y, como en la reproducción hecha en Sacedón, contiene un escudo tallado de los Reyes Católicos pues fue la reina Isabel I quien lo mandó erigir. 

Otro monumento que quedó en recuerdo de estas grandes obras hidráulicas fue el del Sagrado Corazón que domina Sacedón desde el cerro de “La Coronilla”. Se construyó en 1956, acabando ya las obras del embalse de Entrepeñas, gracias a la aportación de los vecinos del pueblo y a la ayuda de la Confederación Hidrográfica del Tajo y del director de la obra de Entrepeñas, el ingeniero Domingo Díaz-Ambrona. Su altura total se acerca a los 30 metros, 23 correspondientes al pedestal y 5,5 a la imagen, que fue realizada por el artista murciano Nicolás Martínez.

Tras inaugurarse los embalses después de ser expropiadas 21.873 fincas -pagadas, por cierto, a precio casi irrisorio-, 748 millones de pesetas de inversión y 12 años de obras, posibilitando sus presas la producción de 400 millones de Kilovatios/hora anuales de energía eléctrica, la prensa local, en este caso Nueva Alcarria, resumía así las consecuencias más visibles que traían para la geografía comarcal: “El pantano de Entrepeñas ha cambiado por completo el paisaje de esta zona. Donde antes se ofrecía una garganta de paredes verticales y abruptas, dominando un secarral árido y calcinado por el sol, hoy se puede contemplar el perfil airoso y geométrico del pantano, con su central hidroeléctrica al pie de la presa, y, aguas arriba, un inmenso lago artificial, perdido entre la silueta de las montañas”.

Y con aquellos lagos artificiales y la etapa del desarrollismo y el Seat 600 que vivía la España de aquel tiempo surgió un “boom” turístico, especialmente en Sacedón, que puede resumirse en estos datos que aportaba el corresponsal de Nueva Alcarria referidos al primer fin de semana de julio de 1961: “Han llegado la pasada semana a la zona 50 autocares, 1300 turismos, 250 motocicletas y 6000 personas, aproximadamente”. A pesar de que en ese año ya se quejaban de que “el embalse continúa bajando por la enorme sequía de este verano”. Se da la circunstancia de que la bajada de nivel era de apenas dos metros respecto a la playa artificial; o sea, que se quejaban de vicio y no sabían lo que les esperaba…

Ese mismo año se inauguraron 22 nuevos puntos de luz en las cercanías de la playa, dándole a Sacedón un aire de ciudad de costa, también nocturno. Junto con los turistas, barcas para alquilar, la Cruz Roja del Mar, chiringuitos y demás complementos y servicios de cualquier playa que se precie fueron llegando progresivamente a la zona de los pantanos, muy especialmente a Sacedón. También chalets aislados donde pasaban temporadas adinerados anónimos y famosos, o urbanizaciones en las que la clase media encontraba su apartamento o bungalow, a precio asequible y con sabor marinero, a centenares de kilómetros de la mar salada. Y los deportes acuáticos tampoco podían faltar en aquella transmutación de entorno agrario a marino que devino a la zona: natación -ya en 1959 se incorporaron al programa festivo de la Santa Cara de Dios, de Sacedón, pruebas de esta especialidad-, barcos a vela -especialmente bateles y yolas- o con motor fuera borda y prácticas de esquí náutico -incluso en 1974 se celebró en Entrepeñas, por primera vez, el campeonato de España absoluto de esta especialidad- pasaron a formar parte del nuevo paisaje y la vida diferente de esta zona alcarreña. Incluso en julio de 1961 se celebró un I Festival Náutico que congregó en Sacedón “a miles de espectadores, sin exagerar” -según la crónica de Nueva Alcarria- que pudieron disfrutar de un sinfín de disciplinas deportivas: travesía a nado del embalse, ballet acuático, vela, esquí acuático y motonáutica, barcos teledirigidos y hasta una exhibición de salvamento con un helicóptero.

Se le puso a Sacedón tanta cara de playa que hasta las autoridades provinciales tuvieron que recordar que allí también eran de aplicación las “normas de moralidad y buenas costumbres en baños y excursiones” que, entre otras cosas, prohibían “el uso de prendas de baño que resulten indecorosas, como los llamados “dos piezas” (o sea, los bikinis) para las mujeres y “slips” para hombres. Aquellas deberán llevar cubierto el pecho y espalda y, estos, usar pantalones de deporte”.

El final de esta historia es de público conocimiento: Además de que las “pertinaces sequías” prosiguieron y prosiguen menguando el caudal de los embalses, los continuos trasvases al Segura que llegaron a partir de 1979 -ora con gobiernos del PP, ora del PSOE- han terminado por llevarse la playa y un gran porcentaje de los veraneantes de Sacedón y de toda la comarca. Una gran obra hidráulica -la presa de Entrepeñas- la trajo y otra -el canal del Trasvase- se la llevó. Las imágenes datadas en los años sesenta que acompañan este texto, pertenecientes a la colección Mercado-Moya que custodia el CEFIHGU de la Diputación de Guadalajara, se comentan por sí solas.


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