22/03/2018 / 14:14
Óscar Gil


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¿Seguimos siendo de pueblo?


Muchos de nosotros aunque nacimos en pueblos, o quizá ya ni eso, pero nuestros padres sí, nos consideramos hijos de una localidad. La falta de recursos y la poca implicación de las autoridades en el desarrollo de estos han hecho que la emigración a la capital , Guadalajara, en mejor de los casos, cuando no a las grandes capitales del estado, Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, se ha convertido en el mayor problema.

Nosotros mismos hemos abandonado nuestros pueblos, no volviendo ni siquiera como dice el anuncio "vuelve a casa por navidad", sino que un par de semanas en verano es más que suficiente. El deterioro lógico de las casas de los pueblos crece debido a que "por el poco tiempo que paso allí no voy a invertir el poco capital del que dispongo". Cuando volvemos, nos encontramos con algorozo a los viejos amigos de infancia, con aquellos que compartimos muchos de nosotros nuestros primeros escarceos, nuestras primeras novias, aquel primer beso...

Queremos y defendemos que el Estado, la Junta de Comunidades o la Diputación, intervenga en la modernización y adecuación de los pueblos, pero ni los propios hijos volvemos apenas. El fácil recurso de "es que la casa está fría y para cuando se ha calentado es domingo y ya tengo que volver", "es que no sé si alguno de mis amigos estará el fin de semana", "es que no tengo cobertura en el teléfono ni adsl para poder trabajar", se ha convertido en un habitual.

¿Como solucionamos el problema?

Los pocos habitantes que quedamos en los pueblos, intentamos por todos los medios hacernos ver, reventamos las redes sociales, hacemos llegar noticias a los medios de comunicación, intentamos recuperar las viejas tradiciones ya perdidas, organizamos encuentros y conferencias sobre despoblación rural. Pero, ¿sirve de algo? 

Podría seguir este artículo empezando a atacar la falta de cobertura telefónica para poder ser igual al resto de España, seguir por la falta de ADSL que el gobierno nos exige que tengamos para gestionar nuestros Ayuntamientos, farmacias y las gestiones con la Administración, o para más desgracia, la falta de telefonía fija que algún operador achaca a los pájaros "picapinos".

La comarca donde vive este periodista tiene 4.300 km2, y apenas viven 5.000 personas en el año 2018, dentro de 20 años la población se habrá reducido escandalosamente debido a que de los habitantes con los que se cuenta en la actualidad cerca de un 40% son personas jubiladas y los jóvenes no encuentran trabajo en la zona y emigrarán.

¿Quién y cómo mantendrá los pueblos más o menos? cómo estarán las carreteras donde apenas hay conductores? ¿Cómo estarán los montes sin el trasiego de ganado o de los retenes contra incendios?

Quizá tengamos que reflexionar y comprender que los campos son los que producen los alimentos que llenan las estanterias de los Centros Comerciales, la agricultura y la ganadería son imprescindibles y la gente que vive en el campo es la herramienta fundamental para ello.

Si abandonamos los pueblos, si abandonamos la comarca, ¿qué haremos para subsistir en la capital?

 


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