02/09/2017 / 11:44
Antonio Yagüe


Imagenes

Vuelva mañana, por Internet

Las asociaciones de consumidores denuncian que se está empujando a la población más desfavorecida a recurrir a gestorías, locutorios, imprentas o abogados para gestiones esenciales.


Paradójicamente, la España vacía y envejecida de la comarca está sufriendo otra vuelta de tuerca en su abandono merced a las nuevas tecnologías. El amargo “vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra ha mutado en un frío “pida cita por Internet”, un verdadero suplicio para muchos usuarios de las ventanillas públicas. También para los depositantes en los bancos, más puntillosos en exigir el uso de la red que en dar el mínimo interés por un dinero que consideran suyo.
    “Aquí todo va por ordenador, pero es que yo no tengo ordenador. Y si lo tuviera, seguramente no atinaría”, relatan algunos a la salida de la oficinas de la Seguridad Social. Otros se quejan de la dependencia y dependienta de la Diputación, que en teoría colabora con los ayuntamientos, pero llega a hacer más confuso y complicado el abono de un mísero recibo de contribución o tasa municipal.
    La impotencia se completa a menudo ante la obligatoriedad de solicitar cita previa llamando a teléfonos de pago, los famosos 901,  a 1,5 euros de entrada. Los certificados en mano ya son historia y la cita con algún secretario o secretaria municipales es tan complicada como con Jennifer Lopez o Brat Pitt. Además, los registros civiles siguen sin estar informatizados y a veces ocurre que el juez de paz que debe firmar una partida de nacimiento anda en plena faena de labranza o siega en su pueblo o en otros.
    Cierto que también ocurre en otras partes de España. Las asociaciones de consumidores denuncian que se está empujando a la población más desfavorecida a recurrir a gestorías, locutorios, imprentas o abogados para gestiones tan esenciales como solicitar un certificado negativo de prestaciones para solicitar el acceso a un comedor social.
    En el Señorío la gente sufre el añadido de una capital provincial a 150 kilómetros y la autonómica al doble. Un ciudadano rumano debe desplazarse al consulado de Ciudad Real (425 kms) para renovar su DNI o pasaporte. Algunos usan la artimaña de ir a Zaragoza alegando que viven en un pueblo de esta provincia y no ha dado tiempo a actualizarse en el padrón. Bien mirado: ¿Qué más les da que figure Milmarcos o Jaraba como lugar de residencia?  “Vuelva usted mañana, pero por Internet y recorra 850 kilómetros”, se quejaría hoy Larra.
 


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