Claroscuros a cinco meses de Pekín

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

ATLETISMo CAMPEONATO DEL MUNDO DE PISTA CUBIERTA
Unos, mirando el medallero, hablan de fracaso. Otro, analizando todas las circunstancias, habla de notable alto. Pero todos, unos y otros, analistas y presidente, atisban la Gran Muralla al fondo. Es año olímpico. Palabras mayores. Ni siquiera un Mundial en casa, como el que acaba de organizar Valencia, consigue olvidarlo.
Sólo ha sido un eclipse parcial. Valencia, y más a toro pasado, se ha convertido en un test para Pekín. Para ser un fracaso tiene que haber pequeños fracasos, atletas que se derrumban en la pista. Y, salvo alguna excepción aislada, no ha sido el caso. Pero para sacar una nota alta hay que aparecer en el medallero con algo más que una raquítica medalla de bronce.
Juan Carlos Higuero salvó el honor con su tercer puesto en 1.500. El de Aranda es un atleta que cada año está más cuajado. Su ciclo olímpico está siendo casi impecable. Su fracaso en los Juegos de Atenas dio paso a un nuevo bucle olímpico en el que no ha tenido un año en blanco. Medalla en cada temporada. En 2005, plata en el Europeo de Madrid; en 2006, dos medallas de bronce en el Europeo de Gotemburgo; en 2007, campeón de Europa en el Europeo de Birmingham, y en este 2008, bronce en el Mundial de Valencia. Higuero pasa a formar parte del Olimpo de atletas españoles, aquellos que siempre que compiten aspiran a una medalla, como Paquillo Fernández, Marta Domínguez y Mayte Martínez.

La vallisoletana, precisamente, fue uno de los tiros al poste de un 'yin' totalmente equiparado ya al 'yang' del atletismo español. Las chicas son guerreras. Mayte Martínez dejó pasar una gran oportunidad de convertirse en campeona del mundo. Quizá por culpa de una fascitis plantar que le ha impedido trabajar en invierno como hubiera deseado. El año pasado sí pudo hacerlo y en verano subió al podio del Mundial al aire libre. Pero incluso este desliz le reafirma en el vagón de las aspirantes a las medallas en cualquier competición planetaria. Como Ruth Beitia, líder de una generación de saltadoras como nunca ha habido en este país. La cántabra tutea a las mejores del mundo y pule su técnica para hablar con ellas encima de un podio. El muro, quién sabe si psicológico, de los dos metros es su gran enemigo. Un piso más abajo está Concha Montaner, quien, como Beitia, acaba de introducir cambios en su rutina técnica para dar el salto. Especial mención también merece Josephine Onyia que es un referente de futuro.