El Real Madrid afronta el inicio de un gran ciclo
01/10/2010 - 09:45
Por: IGNACIO TYLKO. COLPISA
FÚTBOL PRIMERA DIVISIÓN
Tras conquistar con el resultadista Capello la Liga en un curso teóricamente de transición, imponerse de cabo a rabo en el primer año de Schuster y, sobre todo, ver desde la distancia el fin de la era fantástica del Barça que lideraba Ronaldinho, el madridismo confía en que sus dos títulos consecutivos supongan sólo el inicio de un ciclo triunfal.
Los repetidos cánticos de ¡Laporta, quédate! y las irónicas referencias a Etoo que se escucharon en La Cibeles bien entrada la madrugada del domingo al lunes dejaron patente que el Real Madrid destila satisfacción al comprobar que su proyecto está consolidado y, más aún, el del eterno rival agotado.
Asumen aficionados, técnicos y jugadores que el virus de la galaxia ha contagiado a los fantásticos y que el Barça está en derribo. Existe en la casa blanca plena satisfacción al comprobar que sus deberes están hechos, aunque en la Liga de Campeones y en la Copa del Rey la evaluación fue muy deficiente, y que Deco y Etoo vieron la quinta amarilla ante el Valencia y se borraron del clásico que albergará el Bernabéu el próximo miércoles. Dos bajas sintomáticas del cambio, del triunfo del vestuario, del grupo y el equipo sobre las individualidades. Que el Barça nos haga pasillo es algo anecdótico. Lo fundamental es que este triunfo significa el inicio de una época triunfal, destacó el canterano Guti en las tripas del Reyno de Navarra. El centrocampista, empleado por Schuster más que ningún por otro técnico, ejercía de portavoz y asumía que algo ha cambiado cuando tanto él como Casillas, Sergio Ramos y Raúl lideran el nuevo Real Madrid. Menos nombre que los Zidane, Beckham o Ronaldinho pero más rendimiento.
Trabajo y compromiso
A falta de excelencia, el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, no dudó en aferrarse el triunfo de Pamplona para destacar los atributos blancos. Ha sido un triunfo heroico, épico, conseguido en un campo difícil, con un jugador menos y después de remontar cuando nadie lo esperaba, afirmaba el máximo dirigente blanco tras ser bañado en cava. Y el gol del alirón lo marcaba Higuaín, un símbolo del suplente abnegado que asume su condición sin dañar el ambiente y aguarda su oportunidad para mostrarse en el escaparate.
Tenemos jugadores muy jóvenes, con talento, calidad y compromiso. Hay base para optar a todo con algún retoque, pregona Calderón, exultante, al comprobar que, lejos de ser traumático, el adiós de los Zidane, Beckham, Roberto Carlos y Ronaldo ha dado réditos. Hay hambre de éxito y el caldo de cultivo ya no está envenenado de gloria. Y mientras el Madrid tiene el bloque y la continuidad del técnico garantizadas, el Barça duda entre Guardiola o Mourinho, dos técnicos de estilos antagónicos. Salvo el intocable bloque español, con el 7 a la cabeza, Schuster ha dejado claro que para gobernar la Liga no hay insustituibles, que Gago y Diarra pueden distribuirse los minutos igual que Robinho, Robben y Sneijder. Quizá por eso el equipo ha llegado físicamente espléndido al tramo final. No ha habido jugadores de relumbrón, pero el Madrid se ha esforzado y no se ha arrugado ni en el Reyno de Navarra, cuando tenía casi todo en contra y todavía tres jornadas por delante.
Schuster, que no se casa con nadie, ha heredado sin rubor la buena dinámica de trabajo generada por Capello, pero ha dotado al grupo de una visión del fútbol algo más osada. Poco brillo, entusiasmo y partidos para remarcar, pero máxima eficacia y contundencia. Y el aficionado merengue de toda la vida siempre ha idolatrado al trabajador que suda la camiseta, presume con orgullo de su escudo, y se pega como un juvenil por recuperar balones.
Si luchamos podemos perder pero ni no nos esforzamos estamos perdidos. Todos han aceptado esta idea y el vestuario es una balsa de triunfadores, proclama Calderón, quien antepone el valor del compromiso a otro cualquiera. Asume, empero, que al Madrid le hace falta un plus de calidad para luchar por un triplete no conseguido en 106 años de historia.
Asumen aficionados, técnicos y jugadores que el virus de la galaxia ha contagiado a los fantásticos y que el Barça está en derribo. Existe en la casa blanca plena satisfacción al comprobar que sus deberes están hechos, aunque en la Liga de Campeones y en la Copa del Rey la evaluación fue muy deficiente, y que Deco y Etoo vieron la quinta amarilla ante el Valencia y se borraron del clásico que albergará el Bernabéu el próximo miércoles. Dos bajas sintomáticas del cambio, del triunfo del vestuario, del grupo y el equipo sobre las individualidades. Que el Barça nos haga pasillo es algo anecdótico. Lo fundamental es que este triunfo significa el inicio de una época triunfal, destacó el canterano Guti en las tripas del Reyno de Navarra. El centrocampista, empleado por Schuster más que ningún por otro técnico, ejercía de portavoz y asumía que algo ha cambiado cuando tanto él como Casillas, Sergio Ramos y Raúl lideran el nuevo Real Madrid. Menos nombre que los Zidane, Beckham o Ronaldinho pero más rendimiento.
Trabajo y compromiso
A falta de excelencia, el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, no dudó en aferrarse el triunfo de Pamplona para destacar los atributos blancos. Ha sido un triunfo heroico, épico, conseguido en un campo difícil, con un jugador menos y después de remontar cuando nadie lo esperaba, afirmaba el máximo dirigente blanco tras ser bañado en cava. Y el gol del alirón lo marcaba Higuaín, un símbolo del suplente abnegado que asume su condición sin dañar el ambiente y aguarda su oportunidad para mostrarse en el escaparate.
Tenemos jugadores muy jóvenes, con talento, calidad y compromiso. Hay base para optar a todo con algún retoque, pregona Calderón, exultante, al comprobar que, lejos de ser traumático, el adiós de los Zidane, Beckham, Roberto Carlos y Ronaldo ha dado réditos. Hay hambre de éxito y el caldo de cultivo ya no está envenenado de gloria. Y mientras el Madrid tiene el bloque y la continuidad del técnico garantizadas, el Barça duda entre Guardiola o Mourinho, dos técnicos de estilos antagónicos. Salvo el intocable bloque español, con el 7 a la cabeza, Schuster ha dejado claro que para gobernar la Liga no hay insustituibles, que Gago y Diarra pueden distribuirse los minutos igual que Robinho, Robben y Sneijder. Quizá por eso el equipo ha llegado físicamente espléndido al tramo final. No ha habido jugadores de relumbrón, pero el Madrid se ha esforzado y no se ha arrugado ni en el Reyno de Navarra, cuando tenía casi todo en contra y todavía tres jornadas por delante.
Schuster, que no se casa con nadie, ha heredado sin rubor la buena dinámica de trabajo generada por Capello, pero ha dotado al grupo de una visión del fútbol algo más osada. Poco brillo, entusiasmo y partidos para remarcar, pero máxima eficacia y contundencia. Y el aficionado merengue de toda la vida siempre ha idolatrado al trabajador que suda la camiseta, presume con orgullo de su escudo, y se pega como un juvenil por recuperar balones.
Si luchamos podemos perder pero ni no nos esforzamos estamos perdidos. Todos han aceptado esta idea y el vestuario es una balsa de triunfadores, proclama Calderón, quien antepone el valor del compromiso a otro cualquiera. Asume, empero, que al Madrid le hace falta un plus de calidad para luchar por un triplete no conseguido en 106 años de historia.