29/11/2020 / 09:41
Estefanía Fernández-ADG


Imagenes

Gonzalo Ónega se estrena al frente del Depor con un gran triunfo ante el líder (2-0)

El Tarancón no se había dejado ni un solo punto en la competición hasta llegar al Pedro Escartín. GALERÍA FOTOGRÁFICA: RAFAEL MARTÍN


Ficha técnica

Guadalajara: Manolo; Miguelito, Quico González, Ale Revuelta, Moha (Rubio, min. 74); Pantoja (Adri Castro, min. 72), Ablanque (Laucha, min. 82), Capellá; Success (Tomy, min. 82), Iván Moreno y Álex García.

Tarancón: Miguel; Neila, Corral, Santi (Gonzalo, min. 69), Haji; Mario Camacho (Iván Gil, min. 39), Jorge; Cissé (Riki, min. 61), Ángel Luis (Mudarra, min. 69), Mazzocchi; y Jony.

Árbitro: Pérez Guimera (Albacete). Expulsó con roja directa a Mazzocchi (min. 64) y al entrenador Jorge Cañete (min. 82). Amonestó a los locales Ablanque, Pantoja y Capellán y a los visitantes Santi, Mudarra y Cisse.

Goles: 1-0 Álex García (min. 7); 2-0 Success (min. 62)

Estadio: Pedro Escartín. Partido disputado a puerta cerrada.

 

Por Estefanía Fernández. ADG. Guadalajara.

 

Si el fútbol es un estado de ánimo, Gonzalo Ónega es ahora mismo el hombre más feliz del mundo. El nuevo entrenador del Dépor, que el pasado martes relevaba en el banquillo al Mono Montoya, hizo bueno el dicho y fue fiel a la tradición en su estreno. Lo hizo con un guion que le salió a pedir de boca, contra un rival, el Tarancón, que no se había dejado un solo punto en toda la competición. Recuperó también las sensaciones de un equipo que supo elegir el momento para ser protagonista y se empleó en las fases en las que le tocó sufrir, en una demostración de oficio que debe marcar el camino para el bando alcarreño.

No fue ni mucho menos una revolución en lo que a nombres se refiere la primera apuesta de Ónega, que formó exactamente el mismo once que la semana anterior había dado cuenta del Pedroñeras. La llegada del líder pareció ser una excusa para que el Tarancón asumiera la iniciativa y propusiese, ante un Deportivo Guadalajara a la expectativa y con ciertas dificultades para construir acciones colectivas. Sin embargo, cada acierto precisamente en esa faceta sería determinante en el sino del encuentro. La primera vez que los locales consiguieron dar tres pases seguidos fue para construir una acción magistral y decisiva. Iván Moreno, excelso durante la primera media hora, le ganó la espalda a la defensa y condujo hacia la línea de fondo, desde donde asistió para la entrada de un Álex García que no desaprovechó en boca de gol. 

El nuevo panorama no varió, sino más bien acentuó la dinámica previa al tanto. El Dépor parecía cada vez más cómodo sintiéndose dominado, mientras que la posesión y la circulación de su rival era cada vez más estéril y lejana a la zona de peligro. Además, cada vez que Iván Moreno encaraba o conseguía tirar un uno contra uno daba la sensación de que pasaban cosas. Más oscuro, pero si cabe más determinante, fue el trabajo de Ablanque y Pantoja en la medular, donde parecieron multiplicarse en más de una ocasión. Fue de rebote el único susto del primer acto, cuando Cissé conectó un disparo envenenado desde treinta metros que reclamó las virtudes de Manolo. El guardameta sacó una mano salvadora abajo, donde duele, prácticamente sobre la línea de gol.

Incrementó la intensidad y pisó más área el Tarancón en una segunda mitad que, en lo que a incertidumbre y competitividad real, duró solamente veinte minutos. En ese tiempo, con el Guadalajara reculando en exceso por momentos y Manolo salvando los muebles esta vez ante Jony, sí hizo justicia a la clasificación un cuadro visitante con determinación y armas peligrosas. Pero entonces le volvió a salir a pedir de boca el plan a Ónega, ya que la primera vez que los suyos pisaron campo contrario Success se sacó un tiro que se complicó tras tocar en un rival y puso distancia en el marcador. El atacante le dedicó el tanto a Sofía, la hija de su nuevo entrenador. Poco después, quizás producto de la frustración de quien se ve dos goles abajo sin apenas darse cuenta, Mazzocchi su autoexpulsó en una jugada intrascendente en el centro del campo y convirtió la media hora final en prácticamente un trámite. Aparecería hasta en tres ocasiones más la figura del meta Manolo, pletórico tanto en acciones frente al atacante rival, disparos lejanos como balones divididos.

La mejor noticia para el Dépor no fue solamente los tres puntos o el éxito ante un líder al que nadie le había metido mano hasta el momento, sino el haberse llevado los frutos de un trabajo que parecía responder a un plan. 


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