Impotencia como estado de ánimo

27/10/2013 - 17:22 A.G.H.

A pesar de tener todo a favor, el Azuqueca fue incapaz de superar al Manzanares. Y digo “todo a favor” porque en el minuto 40 Martín fue expulsado y porque en el 70 Pascu marró un penalti. Pero no, esta temporada no ha comenzado nada bien y, de momento, no parece que el Azuqueca sea capaz de enderezar el rumbo. Le cuesta atacar una defensa posicional y los rivales lo saben y lo aprovechan. El Manzanares hizo su partido como tenía que hacerlo y estuvo a punto de llevarse los tres puntos del San Miguel. Como diría Jorge Valdano, “el fútbol es un estado de ánimo” y, ahora mismo, el Azuqueca da la razón al argentino.


Se presentó el Azuqueca ante su afición con los mimbres del año pasado en el banquillo, los Pascu, Charly, Javi Alonso y Javi Robledo, aunque no metamos a todos en el mismo saco, y con una defensa de circunstancias por la lesión de Miguelón. El Manzanares se plantó muy bien sobre el terreno de juego, muy serios, sólidos y preparados para hacer su partido con los balones parados como principal recurso, aunque su arma de destrucción masiva fue la paciencia que demostró la ansiedad local. Los manchegos fueron los primeros en golpear. Un balón colgado que Olivares peinó al larguero.


El Azuqueca se entonó poco a poco y cuando el rival lo permitía. Y es que, la falta de ritmo era constante y el guión se antojaba previsible. Lo pudo cambiar Rafa Espada en el 19, pero Torrente repelió el chut del extremo. Dos minutos después contestó José Carlos. Su remate tocó en un defensa y se marchó al lateral de la portería cuando la congoja parecía extenderse por la grada.


Dos acciones que pudieron cambiar el desenlace, pero el guión siguió por otros derroteros muy diferentes. El Manzanares se quedó con diez, después de que Martín asestará una patada a la altura del pecho a Baeza. Los ciudadrealeños perdían su mejor baza de cara al gol, mientras su estilo de juego se reafirmaría ante las adversas circunstancias. En la falta, al borde del área, Rafa Espada volvió a tentar a la suerte, pero sin fortuna.


Tras el paso por el vestuario, el Azuqueca salió a por el partido. No quedaba otra. Miguel López introdujo a Pascu, Kevin y Javi Robledo y los rojinegros dominaron, pero sin claridad arriba. Las mejores acciones llegaron por las bandas y con Javi Robledo como protagonista. Entre tanto, París no definió bien un gran pase de David Moreno y Pascu ajustó su mira telescópica con una falta que se marchó a escasos centímetros de la escuadra. Le haría falta al azudense, porque minutos después sería el encargado de lanzar una pena máxima. Olivares arroyó a Javi Robledo, penalti que ni discutió el capitán manchego. Pascu tenía en sus manos la victoria, pero lo que no sabía era que Torrente le estaba esperando. El portero había estudiado al centrocampista y sabía cuál sería la dirección que tomaría el tiro de Pascu.


El fallo desarboló al Azuqueca. A partir de ese momento, se dejó vencer por la ansiedad de llegar y no poder encomendados a un Pascu en horas bajas. El equipo acabó tocado. Físicamente por el esfuerzo y porque algunos jugadores se retiraron doloridos, pero sobretodo, psicológicamente. Y pudo ser más honda la herida si Jesús Villar aprovecha el mano a mano que tuvo a falta de 10 minutos frente a Sergio. El fútbol es un estado de ánimo y la impotencia es el que predomina en el escuadra rojinegra.