La Copa sigue sin interesar ni en su fase de octavos
01/10/2010 - 09:45
La Copa del Rey sufre algo más que un simple resfriado, más bien tiene síntomas de una enfermedad diagnosticada por la falta de afluencia a los partidos y agravada por un erróneo tratamiento desde la Federación de Fútbol.
El desolador aspecto que ofrecieron los estadios en las anteriores rondas, unido al intenso frío que asola toda la península y a los abultados resultados en la ida de algunas eliminatorias, hacen presagiar una nueva jornada de gradas vacías y escenarios desérticos para este miércoles, en la vuelta de los octavos de final.
El torneo del K.O. sufre una falta de espectadores sin precedentes. En dieciseisavos, el porcentaje de aforo en los estadios alcanzó un paupérrimo 18% de la capacidad total. En la ida de octavos aumentó al 38%, en gran medida gracias al lleno del Vicente Calderón, donde se disputó el duelo estrella entre Atlético y Barça. Los datos del resto de campos fueron penosos. El Mallorca- Almería congregó en el Ono Estadi a 2.500 de las 23.000 personas que caben. El Sanchez Pizjuán registró la mitad de espectadores (15.000) que la visita de Osasuna, colista de la Liga. Son ejemplos del absentismo copero, que reunió una media de 13.402 espectadores en la ida de octavos, frente a los 30.000 de media en Liga.
La Federación tampoco contribuyó a la mejoría del paciente con la reinstauración de las eliminatorias a doble partido. Formato que resta emoción a la competición, limita los pinchazos de los grandes y prolonga artificialmente eliminatorias resueltas en la ida. Tampoco ayuda el desorbitado precio de las entradas para unos encuentros sin mucho pedigrí. Es incomprensible que tras el 0-1 de la ida, la directiva del Atlético cobrase entre cinco y diez euros a los socios y de 20 a 60 euros a los no socios por ver al Orihuela en dieciseisavos.
El torneo del K.O. sufre una falta de espectadores sin precedentes. En dieciseisavos, el porcentaje de aforo en los estadios alcanzó un paupérrimo 18% de la capacidad total. En la ida de octavos aumentó al 38%, en gran medida gracias al lleno del Vicente Calderón, donde se disputó el duelo estrella entre Atlético y Barça. Los datos del resto de campos fueron penosos. El Mallorca- Almería congregó en el Ono Estadi a 2.500 de las 23.000 personas que caben. El Sanchez Pizjuán registró la mitad de espectadores (15.000) que la visita de Osasuna, colista de la Liga. Son ejemplos del absentismo copero, que reunió una media de 13.402 espectadores en la ida de octavos, frente a los 30.000 de media en Liga.
La Federación tampoco contribuyó a la mejoría del paciente con la reinstauración de las eliminatorias a doble partido. Formato que resta emoción a la competición, limita los pinchazos de los grandes y prolonga artificialmente eliminatorias resueltas en la ida. Tampoco ayuda el desorbitado precio de las entradas para unos encuentros sin mucho pedigrí. Es incomprensible que tras el 0-1 de la ida, la directiva del Atlético cobrase entre cinco y diez euros a los socios y de 20 a 60 euros a los no socios por ver al Orihuela en dieciseisavos.