¿Por qué ganar fácil pudiendo ganar díficil?

06/10/2013 - 16:53 Rubén Martínez

¡Uf! El Depor encadenó su segunda victoria consecutiva por primera vez en la temporada y lo hizo con una exagerada dosis de sufrimiento. Porque tuvo contra las cuerdas al Sanluqueño y no lo sepultó –primer error–. Entonces llegó el ya habitual bajón físico de las segundas partes –siguiente error– y su rival regresó de las profundidades. Con fortuna, los andaluces igualaron la contienda en su primer disparo entre los tres palos y después el Depor se achantó –tercer error– ante el desmelene de un adversario hasta entonces demasiado inocente.
A Salvachúa le quedan por corregir muchos aspectos pero tiene entre manos una gran plantilla, con jugadores valiosos y experimentados. Uno de ellos, Mateo Mínguez, salió del banquillo para apagar el fuego y sacarse de la chistera el 2-1 justo cuando pintaban bastos para los deportivistas. Está por ver si los alcarreños aprendieron la lección: si juegas con fuego te acabas quemando.
 
Los morados no sentenciaron al Atlético cuando pudieron y se quedaron a un tris del susto. Es comprensible por otro lado en un equipo en construcción, que se encuentra prácticamente en los cimientos del proyecto. Por eso adquieren una importancia y un mérito terrible los 13 puntos obtenidos en las siete primeras jornadas. El cuadro morado ya está donde quería, en el grupo de cabeza y lo mejor aún está por llegar.
 
(CRÓNICA AMPLIADA, ALINEACIONES Y DECLARACIONES, EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL LUNES)