“Se siente miedo, a pesar de ser una zona que parecía tranquila”

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

TENIS
“Ahora tengo una batallita que contar”. Marta Marrero sonreía, feliz, tranquila y muy cansada. Sólo tenía ganas de volar a Barcelona e irse a dormir “un montón de horas”. Había salido de Damasco a las 5.00 de la mañana con destino Madrid tras permanecer una semana en Líbano junto a Eva Fernández y Lourdes Domínguez, sus dos compañeras de aventuras.
Las tres disputaban el torneo de Jounieh cuando la milicia chií de Hizbula se alzó en armas contra el gobierno. La visita a Líbano se convirtió en unos días de tensión, muchas llamadas y planes de huída frustrados.
El primer intento de salir del país surgió el jueves. La dirección del torneo advirtió a las jugadoras que se podían marchar por la carretera de Trípoli con dirección a la frontera siria. Sin embargo, el embajador español en el ‘país de los cedros’, Miguel Benzo, se negó. “En un momento nos decían que sí, luego que no porque cerraban las carreteras unas horas. Por eso se negó el embajador”, apuntó la tenista canaria.
A pesar de las advertencias, un grupo de ucranianas se arriesgó y se lanzó a la aventura. “Tuvieron problemas cuando llegaron a la frontera porque no les dejaban pasar a Siria. Al día siguiente (por el sábado), a las rusas les pasó lo mismo”, contó Marrero. Al final, con las debidas presiones diplomáticas, pudieron pasar con rumbo a Damasco.
Mientras se producía un goteo constante de bajas, el torneo transcurría con tranquilidad. “Era un oasis en medio del follón. Era una cita más en el calendario y no pasaba nada”. Marrero y sus compañeras jugaban los partidos (ella y Domínguez llegaron a semifinales), comían por los alrededores y daban un paseo. Jounieh se encuentra a 20 kilómetros al norte de Beirut y las escaramuzas armadas todavía no habían llegado. Sólo alrededor del hotel, situado en la capital, había cierto temor a que se extendiera el conflicto. “Se siente miedo, a pesar de estar en una zona cristiana, que parecía tranquila. Siempre te queda la incertidumbre de que el conflicto fuera a peor. Además veíamos que estaba todo cerrado, sin poder salir por ningún sitio, ni por mar ni por el aeropuerto”, describió Marta Marrero.

Escoltas del embajador
Ese nerviosismo se convirtió en miedo “de verdad” el domingo. Los tanques aparecieron a la puerta del hotel y los militares ocuparon zonas donde antes no se veía un alma. “Entonces salimos pitando”, señaló entre risas la canaria. El embajador puso en marcha el dispositivo. Unos cuantos guardias civiles, de su escolta personal, irían con las chicas, su entrenador y quien se apuntara. Otras dos jugadores y dos jueces de silla se unieron a la comitiva, que en dos horas se plantó en la frontera sin ningún problema. Después, camino a Damasco, donde aguardaron un día entero hasta que pudieron montarse en un avión. En el aeropuerto, se toparon con la compañía de baile “Madrid fusión-Corazón flamenco”, que también decidió salir cuanto antes de Líbano. En este caso, los 24 bailarines viajaron en un autobús fletado por el casino donde trabajaban. Para Marta Marrero era su primera experiencia en Oriente Medio y cree que no va a repetir en Jounieh la temporada próxima. Las comodidades, el alojamiento (“al lado del mar, muy chulo”), la belleza del país y la buena organización del torneo no parecen argumentos de peso. Por el momento.