Si no es por fútbol que sea por furia

03/05/2015 - 16:19 Rubén Martínez

Arrastrando un mes de abril calamitoso con cuatro jornadas sin ganar y habiendo cedido la cuarta plaza, el Guadalajara debía ganar al Socuéllamos por lo civil o por lo criminal. Esa imperiosa necesidad se dejó notar a lo largo de los 90 minutos de un derbi regional trabado e intenso. Unas veces produjo impotencia, casi siempre precipitación y finalmente desesperación.

Enfrente, un Socuéllamos mucho más suelto, sin esa obligación de ganar puesto que su objetivo de alcanzar la Copa del Rey no es tan acuciante como clasificarse para el play-off en el caso del Deportivo. También más livianos los visitantes en el aspecto físico y más pacientes con la posesión del esférico. Efectivamente durante casi todo el primer tiempo se jugó al ritmo que le interesaba al conjunto manchego. Las ocasiones de gol brillaban por su ausencia y Jesús y Salva maniataban por completo el juego asociativo de los morados. Ni Mato ni Pérez ni Rubén Arroyo conseguían romper la línea de contención de los amarillos con Molinero en babia y Toledo peleándose con Ubay, Pelegrina, Mayweather, Pacquiao y todo aquel que pasara por allí pero sin balones francos con los que poner en aprietos a Bocanegra.
 
Sin creatividad
Los desplazamientos largos de Zamora aún creaban algo de inestabilidad en la zaga socuellamina pero salvo alguna internada de Dani Gómez los ataques eran tremendamente previsibles. Faltaba fluidez e ingenio aunque las siempre manidas jugadas a balón parado pudieron ofrecer un respiro al conjunto alcarreño en el minuto 37 cuando Mato imitó la mano de Dios de Maradona. El balón acabó en la red pero el colegiado no picó y el gol no subió al marcador. Todo marchaba inexorablemente hacia el 0-0 pero justo en la última jugada del primer tiempo, llegó el mazazo. Error garrafal de Verdú, que estaba como último defensor; Ocaña le roba la cartera y deja en bandeja el 0-1 a Calle. El runrún se instaló en el Escartín, y más de uno echaba cuentas: la derrota dejaba al Guadalajara en una situación peliaguda.
 
Resarcimiento
Debió sentirse culpable en el descanso Verdú, cuya temporada ha sido casi inmaculada y cuyos errores se pueden contar con los dedos de una mano. Él la lío y él quería arreglar el desaguisado a modo de factótum –persona que desempeña todas las labores en una dependencia– porque su segundo tiempo fue para enmarcar. Lo tangible son los goles pero aparte de eso, estuvo inconmensurable en defensa, por alto y al cruce, evitando más de una escaramuza en el área local. El Depor había caído en la impotencia, había perdido los papeles cayendo en alguna que otra provocación de los manchegos y desquiciado ante la permisividad del colegiado, que por cierto tuvo una actuación bastante mala por decirlo suavemente.
Consumida la primera hora de partido, Molinero había corrido más para defender que para atacar, muestra inequívoca de cómo estaban yendo las cosas. Y Javi López, que salió en el descanso, tampoco mejoró lo presente. Las sensaciones, sinceramente, eran más bien reguleras. Pero entonces llegó la redención de Verdú con un certero testarazo a la salida de un córner. Y no aprendió la lección el conjunto de García Cosín puesto que siete minutos más tarde, de nuevo Verdú perforaba las mallas rematando un nuevo saque de esquina.
En un visto y no visto, los de Salvachúa habían dado la vuelta a la tortilla. Y Verdú pasó de ser el señalado a acaparar medallas. Así funciona el fútbol, momentos, olvido y presente. Desde el 2-1, el Socuéllamos ya no fue el mismo aunque pudo empatar en varias acciones en el último cuarto de hora como también pudo sentenciar el Depor de haber sido más efectivo en el contragolpe. Perder habría sido de espanto pero al final, con los pinchazos de Barakaldo y Castilla, la jornada resultó redonda. Los morados no están para tirar cohetes ni en lo futbolístico ni en lo anímico, eso es una realidad, si bien es cierto que a estas alturas de Liga nadie regala nada y hay que sudar sangre para obtener victorias. Pero este bloque, además de talento, viene equipado con furia, y eso puede valer cuando con el fútbol no sea suficiente.