16/11/2021 / 19:19
Alberto Moreno Pérez


Imagenes

Sonia Reyes: “Sufrí muchas zancadillas para llegar a los Juegos Olímpicos de Atenas”

La fecha del 27 de agosto de 2004 aparece escrita con letras de oro en el libro de honor del deporte de Guadalajara. En la mañana de ese día y a casi 2.500 kilómetros de distancia de la capital alcarreña, la taekwondista Sonia Reyes (30 de enero de 1977) estaba haciendo historia.


La cita era en Atenas y con la mexicana Iridia Salazar como rival. Reyes peleaba por la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos, un premio que se le escapó por solo un punto de diferencia (2-1). 
La alcarreña se hacía con un cuarto puesto olímpico. La decepción de ese combate perdido, se fue tornando en optimismo, alegría, e incluso en fiesta según iban pasando las horas y según Sonia iba recibiendo mensajes de cariño que llegaban, sobre todo, de su Guadalajara. Hoy han pasado casi 20 años de aquella proeza, un hito que mantiene a nuestra protagonista entre las grandes estrellas de la historia del deporte alcarreño.

Esa experiencia –“una de las mejores de mi vida”, recuerda– todavía está marcada en su retina. “Había logrado varias medallas mundiales y europeas antes, pero aquello era totalmente distinto. Ir a los Juegos es muy complicado y una vez allí es todo sorprendente. Convives en la villa olímpica con tus ídolos, con los que ves en la tele y compartes con ellos comedor, autobús... Durante esos días no te consideras como un deporte minoritario, eres un deportista olímpico más y las emociones se multiplican. El teléfono no para de sonar, la prensa te reclama constantemente... no es fácil estar centrada, pero yo me metí en una burbuja porque me había costado mucho trabajo  y muchas lágrimas llegar allí”.

El camino hacia Atenas no fue fácil. “Me costó mucho llegar, con muchas zancadillas en el camino, pero cuando uno es obstinado y tiene ganas, finalmente se puede conseguir”, dice la taekwondista y recuerda que “había intereses políticos, federativos... Yo estaba en un centro de alto rendimiento en el que no quería estar, pero me dijeron que si acudía, por mi currículo, iría a los Juegos y por eso fui, pero luego llevaron a otra persona a un preolímpico y si esa competidora ganaba la plaza en ese momento yo me quedaba fuera… para esto hay que estar muy fuerte de cabeza”, dice y añade que “hablamos del hándicap de las lesiones para el deportista, pero ojalá fuera todo eso. Las zancadillas son constantes. A veces había preselecciones a puerta cerrada, con presidentes de comunidades intentando que llevaran a otra persona. A mí me pusieron una dieta exhaustiva y dos días antes de una competición me cambiaron de peso. Son palos que tienes que encajar uno detrás de otro, pero esto es un deporte de combate y desgraciadamente los palos duros no te los llevas en el tapiz, sino fuera”.

Todo ese sufrimiento y esfuerzo se vio recompensado por ese diploma olímpico y sobre todo por “el enorme cariño que siempre he recibido. Jamás olvidaré el recibimiento a mi llegada de Atenas. Gente que no conocía mi deporte se volcó. Era como un sueño, todo tuvo una gran repercusión y siempre estaré agradecida a la ciudad de Guadalajara por todo su cariño. Se puso mi nombre a la piscina y hoy la sigue llamando así la gente y confío en que volverá a recuperar el nombre no muy tarde, se  me puso una calle en Torija... Las Olimpíadas trajeron muchas cosas buenas y la gente se interesó por el taekwondo, aumentando mucho las licencias en el gimnasio”. La cita olímpica, con la que cumplió su gran sueño desde niña, fue el broche a una dilatada carrera en el mundo del taekwondo. 

Hija de emigrantes españoles, nació en Augsburgo (Alemania), aunque siendo aún muy pequeña su familia regresó a Guadalajara. Con apenas cuatro años tuvo su primer contacto con este deporte. Era casi inevitable. Su padre, Cristóbal, lo practicaba incluso en Alemania. “En aquel entonces los niños hacían fútbol o karate y las niñas ballet o rítmica. Yo me decanté por el taekwondo, pero al principio lo llamaba karate porque era lo que se conocía”, relata y recuerda como en los primeros años lo compaginaba con gimnasia rítmica, disciplina que aprendió con la mítica Maite Nadal y que también le dio algunos campeonatos. “Llegó un momento en el que tuve que decidir entre los dos deportes y opté por el taekwondo”, dice. Bendita decisión. Ese camino –“no siempre ha sido de rosas y ha tenido sus baches y momentos incluso de abandonar, pero mi familia me ayudó a ser perseverante y seguir”, destaca– Sonia Reyes ha sumado trece títulos de campeona de España, tres medallas en los Mundiales, otros dos metales europeos, un título de campeona del mundo por equipos y otro de Europa también por equipos, además del oro en el Preolímpico de Acerbaiyán y ese citado diploma olímpico.     

Son títulos y premios a una amplia trayectoria de la que guarda con especial cariño el título nacional que logró al poco tiempo de dar a luz a su hija Lena. “Subí con ella al podio. Fue muy emocionante”, afirma y recalca en que ha sido campeona en todos los pesos.

La nostalgia de la competición sigue presente en la taekwondista. A día de hoy Sonia Reyes sigue viviendo de cerca su pasión, el taekwondo. Tras cerrar el mítico gimnasio de su familia, el Sung Do Kwan –“fue un momento muy duro”, dice–, imparte clases en distintos colegios de Guadalajara y también para adultos en el palacio Multiusos. Y sobre todo, acompaña en su camino por este deporte a su hija, Lena, la tercera generación de los Reyes en el taekwondo. “Ha tenido recientemente una lesión y se está recuperando pero está deseando empezar otra vez. Tiene condiciones para llegar donde quiera y ahora lo que hace falta es trabajo, trabajo y trabajo si quiere llegar lejos”, concluye la campeona, toda una leyenda del deporte de Guadalajara.

EN CORTO
¿Díganos el nombre de un referente en el mundo del deporte femenino?
Coral Bistuer. Ha conseguido todo en el taekwondo y ha sido el gran escaparate de este deporte. Ha sido la taekwondista más televisiva y ha abierto las puertas a que la gente pudiera conocerlo. Hemos sido amigas. Primero, me llevaba a las exhibiciones de la televisión y a programas que ella presentaba. Así que he viajado con ella a distintas partes de España, lo que era un honor para mí y también ha estado en nuestro gimnasio examinando a gente y entrenando. Seguimos manteniendo el contacto. 

¿Cree que existe desigualdad de género en el deporte?
En el mío ahora se están empezando a igualar las cosas, pero ha habido mucha desigualdad. De hecho había países en los que no podían competir las mujeres y si por ejemplo había una lesión, no podía atender un doctor a la competidora. Nuestro deporte es coreano y en Corea son un poco machistas y se notaba que la dirección la tenía que llevar un hombre. Era complicado ver a mujeres entrenadoras. Ahora afortunadamente está cambiado aunque queda camino por andar.

Si hiciésemos un ranking de deportistas históricos de Guadalajara, ¿quién tendría que estar en la cabeza?
Cada aficionado a un deporte tendrá sus referentes y lo importante es reconocer el trabajo a toda disciplina deportiva. Los aficionados son los que tienen la última palabra en este asunto.


 


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