Cada vez somos menos


Desde Izquierda Unida vemos la necesidad de una política vertebradora y de reactivación industrial que supere la actual política de I+D del Gobierno.

Hace unos días, aparecían los datos de población de nuestra provincia, según los datos del INE a 1 de enero de 2016, dejando un descenso de habitantes y cómo en 204 de los 288 municipios se perdía población.
          Esta situación se agrava aún más en el medio rural, donde la despoblación, unida a la baja actividad económica, se ha convertido en un proceso de agonía demográfica que resulta muy difícil frenar.
        Y Guadalajara es el claro ejemplo de ello: menos población, más envejecida y la gran parte de su territorio enclavado en un entorno eminentemente rural con una actividad económica basada en el sector primario y, en algunos casos, en el turismo o en la atención de personas de la tercera edad.
 
        El envejecimiento de la población, que es sin duda uno de los principales avances de la sociedad del bienestar, resulta también un desafío de futuro no solo para nuestra provincia o para nuestro país, sino también a nivel europeo, ya que en las próximas décadas aumentará rápidamente la proporción de personas mayores al tiempo que disminuirá significativamente la de población en edad laboral con el consiguiente riesgo para el mantenimiento de servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación y los servicios sociales, con subrayado especial para la dependencia, y el mantenimiento del patrimonio histórico, artístico y natural, de los ecosistemas tradicionales.
     Algunos datos más para la reflexión: en España, alrededor de 1.200 de los 8.116 municipios tienen menos de 100 habitantes, y otros 3.000 ya han sido abandonados. En Guadalajara tenemos ejemplos de ello, también.
       Pero, ¿qué hacer ante una situación como esta? El profesor Sáez, uno de los promotores del Centro de Estudios sobre la Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales (CEDDAR), nos está diciendo que en las estrategias de repoblación la escala analítica y práctica fundamental es la local y que deben ser, sobre todo, estrategias participativas. La despoblación, pandemia de la España del interior, sólo se combate con la vacuna del compromiso cívico personal: con la participación ciudadana en los asuntos públicos/políticos.
       Ante el grave problema de la despoblación, como el que tenemos en nuestra provincia o en Teruel, Soria o Cuenca, y que hace que tengamos la misma densidad de población que Laponia, necesitamos medidas específicas y fondos estructurales suficientes para reactivar y repoblar esas zonas: es necesario contar con la despoblación como un criterio más a la hora de distribuir fondos a escala europea y nacional (Fondo de Desarrollo Regional, Fondo Social, mantenimiento de la PAC y las políticas de desarrollo rural que favorecen el empleo femenino, la diversificación económica y el relevo generacional en el medio rural).
    Así, y entre las medidas que proponemos, y en las que estamos todos de acuerdo, está el reconocer la identidad interregional de la Serranía Celtibérica, en el marco de la Europa de las Regiones, como Región Escasamente Poblada, Región Montañosa y Zona Rural Remota, y proceder a la creación del marco jurídico interregional, en colaboración con las comunidades autónomas del territorio que abarca el proyecto Serranía Celtibérica –entre ellas Castilla La Mancha y Guadalajara-, para desarrollar políticas contra la despoblación, apostando por  actuar en el marco legislativo, financiero y competencial. Este proyecto, debe ser modelo de actuación en este ámbito en Guadalajara.
         Y sí, en esto estamos todos de acuerdo, se votaron por unanimidad entre junio y octubre de 2015 en las Cortes sendas Ponencias sobre la despoblación rural en España, en la que se decía que “todos los comparecientes han coincidido en que resulta necesario configurar una política de Estado encaminada a asentar núcleos poblacionales estables que aseguren el porvenir social y económico de los medios rurales afectados por el fenómeno de la despoblación”. Ésta, que debería ser una Política de Estado, está ausente del discurso de Mariano Rajoy, tanto en 2015 como en 2016, y la brecha abierta entre el medio urbano y el medio rural es cada vez mayor.
             Desde IU vemos la necesidad, en el marco de un nuevo país que defendemos, de una política vertebradora y de reactivación industrial que supere la actual política de I+D del Gobierno y que facilite, a través del papel de lo público, el desarrollo de actividades innovadoras y productos con alta cualificación: estamos hablando de un nuevo modelo productivo y de un nuevo modelo energético para lanzar las muchísimas potencialidades de nuestra tierra.
        Desde IU no podemos permitir que nuestro sector agrario siga sometido a los vaivenes y normas de los mercados: se hace imprescindible desarrollar una política estratégica en materia agroalimentaria, que devuelva la soberanía sobre este sector y evite la especulación en el proceso  productivo y la conformación de precios. Desde IU urgimos a la elaboración de un Plan de Desarrollo Rural Integral que cree oportunidades de empleo y el desarrollo de la producción agrícola, así como su posterior transformación mediante la agroindustria, con políticas basadas en el sector, apoyando la biodiversidad agrícola y el empleo rural, especialmente para jóvenes y mujeres.