HABEMUS OBISPO

23/12/2023 - 15:21 Paco Campos

El obispo Julián Ruiz Martorell, como manda la tradición, llegaba a las 10 de la mañana a lomos de Ginebra, una preciosa yegua blanca, a la seguntina calle Cardenal Mendoza, procedente de la Residencia Saturnino López Novoa.

FOTOS: RAFAEL MARTÍN

En la plaza de Don Hilario Yaben se bajó para pisar la tierra que le va a acoger durante su estancia en la iglesia catedral, donde ya tiene su cátedra desde la cual educará, hará crecer a su pueblo y presidirá las principales celebraciones del año litúrgico y de los sacramentos.

El recorrido fue corto en duración. Se notó el cambio de mula a yegua, ya que el itinerario lo realizó al trote. Monseñor Ruiz Martorell mostró su destreza, demostrando una sobrada habilidad para subir y bajar de los lomos de Ginebra y transmitiendo la seguridad más absoluta saludando a los fieles.

 

Según llegaba se iba intensificando el sonido de los villancicos de los Dulzaineros de Sigüenza, que competían sin intención con el fuerte tañido de la campana más grande y el repique de las 14 restantes. Presidían los retumbes de la más sonora, sita en la torre de don Fadrique. De 2.845 kilos de peso,  se colocó, en el año 2000, por Jubileo.

Allí, al comienzo de la calle Cardenal Mendoza, el futuro obispo era saludado por el administrador apostólico, arzobispo Francisco Pérez, y el resto de los miembros del colegio de consultores. Acompañado por el obispo saliente, monseñor Atilano Rodriguez; y por su antecesor, José Sánchez González, miembros de la curia, religiosos y religiosas, autoridades, así como vecinos de la ciudad y alrededores, recorrió a pie el último tramo hasta la catedral, pisando la alfombra cuya confección ha sido impulsada y organizada por Felipe Carrasco, presidente de la Vera Cruz y Santo Sepulcro.

Los diseños eran de Diputación provincial. Algunos moldes de Almonacid de Zorita. Decenas de voluntarios acometieron esta obra de arte, que, en cierto modo, recordaba a las fallas, ya que, tras las pisadas de las autoridades, quedó para el arrastre, ya que estaba hecha a base de posos de café, caolín y serrín, con una zona elaborada a base de sal y trigo Espelta, productos de la tierra. Desde las tres de la tarde de ayer, hasta bien entrada la madrugada. Todos con la fe por delante.

Niños, jóvenes, mayores… Toda la hostelería ha colaborado guardando los posos. Lograron ocupar los 200 metros de la calle, desde la plaza de Don Hilario Yaben, hasta el Museo de Arte Diocesano. Un grupo veló que no hubiera ningún tipo de vandalismo.

. El frío era de justicia, pero el sol también. Algún que otro representante institucional se las vio y se las deseó para alcanzar a la comitiva. Sorteando a la gente pudo alcanzarla a la llegada de la Catedral. Y es que nadie esperaba que la primera parte del acto se desarrollara a semejante velocidad. Quizás la misma que llevaba la entusiasta yegua.

Llegados a las puertas de la Catedral, las autoridades eclesiásticas de máximo nivel, incluidos los obispos entrante y saliente, hicieron tiempo visitando el Museo de Arte Diocesano. A las 10.45, el obispo electo arribaba al atrio de la catedral, acompañado del administrador apostólico. Allí fue recibido por el nuncio apostólico, arzobispo Bernardito Auza, y el cabildo. El nuncio lo anunció con estas palabras:

"Os presento al que desde ahora presidirá vuestras celebraciones en esta iglesia catedral, como obispo de esta diócesis”.

 

El presidente del cabildo le ofreció la cruz y el agua bendita para que se signara y aspergiera (rociara). El obispo electo, una vez dentro del templo, rezó en silencio, una oración ante el altar de la imagen de la Virgen de la Mayor, patrona de Sigüenza. El pueblo y los sacerdotes lo esperaban. Los obispos, el colegio de consultores y el cabildo de la catedral se dirigieron en procesión hacia el presbiterio para el comienzo de la eucaristía, presidida por el nuncio. Monseñor Atilano, administrador apostólico, dirigió unas palabras de saludo y bienvenida y habló de una diócesis que sufre los efectos de la secularización y de una despoblación "difícil de frenar" en las zonas rurales, pero cargada de historia.

Le siguió la alocución del nuncio apostólico y  presentación de las Letras Apostólicas del nombramiento del obispo electo al colegio de consultores.

Llegó el gran momento. El nuncio invitó al obispo a sentarse en la cátedra. El nuevo pastor se sentó con la mitra y el embajador católico  le entregó el báculo simbolizando la sucesión apostólica y la continuidad pastoral. Don Atilano y Don Julián se dieron un abrazo de paz. Habemus Obispo. Las campanas anunciaron la toma de posesión del nuevo pastor.