31/07/2017 / 12:12
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Medievalismo

El escenario medieval está dispuesto en los pueblos de la provincia desde hace cinco siglos.


 Al llegar estas fechas veraniegas, pocos pueblos de cierto relieve de nuestra provincia se quedan sin  festival propio que avale su identidad, y  por ello  buscan que sea distinto en algún aspecto de los demás  Con este motivo, el Medievalismo vuelve a salir a la calle. En todos ellos, es ya casi una tradición que se monta y se promueve, en su mayor parte, por las instituciones municipales si no son las asociaciones culturales. Suelen tener también un trasfondo mercantil porque al final, si lo ha patrocinado el ayuntamiento se hace balance de gastos e ingresos. Y, al parecer, con éxito por las cifras de asistentes que se manejan, en línea creciente cada año. Suelen basarse en algún hecho histórico de la propia localidad, o si no de la zona o comarca. Me gustaría poder incluir aquí el festival de Palazuelos, cuyo escenario lleva cinco siglos preparado. Lamentablemente, la Asociación Cultural de una villa con apenas 40  habitantes, carece de medios, pero no de entusiasmo para hacer realidad ese festival. Y Sigüenza, de la que es pedanía, no va a promover su competencia. Pero hay otros caminos para conseguirlo. El escenario medieval está dispuesto desde hace cinco siglos  La comitiva   de damas, hidalgos  y caballeros con ropajes de la época tendría su más espectacular acceso al recinto fortificado por la Puerta de la Villa, la entrada desde Sigüenza, acceso que, ya de por sí, es  puro Medievo, con los escudos en piedra en el exterior de los constructores de la muralla, y en el interior, la imagen de San Roque en una hornacina con una lamparilla, día y noche encendida.
    La cuadrangular Puerta de la Villa, que ya es de  por sí medievalismo puro con los escudos en piedra sobre el arco de entrada, y en el interior la indicada hornacina, homenaje del pueblo al Santo por su milagrosa  protección en una epidemia hace siglos  por su protección al pueblo  en una peste en la que hubo muchas víctimas en su entorno y ni una en Palazuelos, que expresó su gratitud al Santo con la hornacina y la lamparilla siempre encendida  hoy enmarcada por un tapiz de hiedra. Eran tiempos más vistosos, por lo menos en vestimentas, aunque era así solo entre nobles, hidalgos y caballeros, pero no en el pueblo llano. No hay que olvidar también que este revisionismo del Medievo se limita a los aspectos externos, como si dijéramos a la carcasa o caparazón de la época.


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