26/04/2018 / 12:52
J. Pastrana


Imagenes

Molina: la ciudad que se disfrazó de castillo


Un equipo internacional de arqueólogos lleva tres años investigando el conocido como castillo de Molina. Sin embargo, sus hallazgos permiten afirmar que fue mucho más que eso, ya que se trataba de un auténtico asentamiento fronterizo en el que los habitantes vivían dentro de las murallas. Este año, las excavaciones realizadas en los restos de una humilde vivienda del interior han permitido reunir importantes restos arqueológicos entre los que había aragonitas, lo que da alas al proyecto y reafirma algo que cualquiera podría intuir: los habitantes de la zona siempre han sido conscientes del importante valor geológico de lo que hoy en día es el único geoparque de la región.

 

Hubo un tiempo en el que Molina fue frontera de reinos en guerra. Un tiempo peligroso en el que sus habitantes tenían miedo de morir a sangre y fuego. Un tiempo en el que lo que llamamos castillo fue en realidad una ciudad fortificada, dentro de la que convivían personas de todas las escalas sociales. “Mucho de lo que sabemos de  la Baja Edad Media es a través de escritos, pero en ellos sólo está el punto de vista de las élites, de la gente que tenía poder o dinero para que se escribiera su visión de la historia. Nosotros queremos darle voz también a la gente que no se podía permitir que otros escribieran por ellos”.  


Son ya tres los años que Guillermo García-Contreras lleva visitando Molina. Lo hizo primero de la mano de la universidad inglesa de Reading y ahora como investigador de la de Granada, con no demasiados fondos, pero siempre con mucha ilusión y ayuda de las instituciones provinciales y locales.
Ahora, las excavaciones realizadas en el interior del recinto fortificado han recompensado su fe. No han excavado un palacio, ni un  taller, sino el hogar de una familia humilde del siglo XIV, puede que XV. ¿Decepcionante? Para nada. Monedas, joyas y cerámicas casi completas han visto la  luz después de siglos de entierro. 


“Lo que más me llama la atención es el nivel de preservación de los restos”, explica García-Contreras.  Sobre todo, porque la fortificación tuvo un alto grado de ocupación posterior, siendo testigo de las guerras Carlistas, Napoleónicas e incluso de la Guerra Civil española. Tampoco la fuerte pendiente del lugar ayuda a conservar los restos. 


La calidad de esos restos convierte al yacimiento en un referente nacional e internacional. “Si se confirma un nivel de preservación tan bueno como éste en el resto del yacimiento, va a tener un potencial enorme”. La idea es seguir profundizando para continuar remontándose en el tiempo y alcanzar el siglo XI. “Podríamos llegar incluso a la ocupación que hubo en época islámica, que es una etapa de la que se sabe muy poco”. 

Por eso, el director de la excavación pretende ir ampliando el proyecto y acceder a fondos europeos “que nos permita estar trabajando 10 o 15 años como mínimo en el castillo”. Un deseo que también serviría para aumentar el atractivo turístico de la zona. “Ahora mismo, el castillo es un paquete bonito, pero dentro no  hay nada que ver. Es un recinto vacío. Con este proyecto podríamos entender qué pasaba ahí dentro”. Esto, unido a la proximidad de otros yacimientos, como el castro de Herrería y la Cueva de los Casares, cada uno de una época distinta, y al propio Geoparque incrementaría aún más el atractivo turístico de la comarca. “En ese sentido, Molina sí sería algo único. Un geoparque con tantos restos arqueológicos... Eso es turismo de calidad”. 

La huella del Geoparque
Porque si hay algo que tiene presencia en este asentamiento y en el patrimonio de la zona es precisamente el geoparque... Más bien, la riqueza natural que ha llevado a la Unesco a aprobar la declaración del Geoparque, el único de toda la región. “El valor de la geología es muy importante”, asegura. El aragonito, por ejemplo, ese cristal con forma de prisma que es el emblema del Geoparque, ya era usado hace siglos como elemento decorativo. “Hemos encontrado muchos aragonitos. Supongo que les llamaban la atención y los usaban como pequeñas joyas”. También es propio de la zona el uso de la arenisca roja en las esquinas del castillo, algo que se repite en más torres de la comarca. “Por ahora creemos que era algo principalmente decorativo, pero hay que ver qué dicen los análisis”. Lo que sí tenía un uso práctico, por ejemplo, era la toba, “que permitía hacer construcciones altas reduciendo el peso de los edificios”. 

Al final, no se puede desligar la riqueza natural del Geoparque de su historia. “Hay que tener en cuenta que éste es un paisaje que también han ido moldeando históricamente sus pobladores. Estudios como éstos sirven para dotar de una historia al paisaje natural”.

Un proyecto internacional
Las universidades de Reading (Inglaterra), Granada y Alcalá de Henares han unido fuerzas en un proyecto que también cuenta con el apoyo de la Diputación provincial, el Ayuntamiento de Molina y el Museo molinés. Sin embargo, el equipo de arqueólogos que han trabajado en él a lo largo de los años incluye a científicos llegados desde Estados Unidos y otros puntos de Europa. “Lo que pasa aquí en estos siglos plenomedievales estaba pasando a la vez en otros lugares de Europa, por eso vienen investigadores de otros países, cada uno especializado en una rama”.

En este sentido, García-Contreras mantiene contacto con los responsables del parque arqueológico de Recópolis, perteneciente a la Alta Edad Media y de notable relevancia internacional. “Cada yacimiento es  una ventana a un periodo histórico concreto, así que nosotros tenemos que trabajar para unir todo lo que hay entre una época y otra”. 

Precisamente para rellenar esos huecos, el trabajo arqueológico es cada vez más completo. “Tradicionalmente se estudiaban los muros, cerámicas y restos humanos, pero hoy en día también estudiamos la tierra, el polen y la relación que tenía el hombre con su entorno”. Por eso, además de los estudios dentro del recinto fortificado, se hacen otros en el exterior, en las tierras de cultivo o los parajes naturales. 

Ecología histórica
El objetivo final del proyecto es conocer “los cambios que se producen en la zona tras la conquista cristiana del territorio en el siglo XII, cómo afecta a los cultivos, a la gestión de bosques... es una especie de ecología histórica”. El cerdo, por ejemplo, fue uno de los animales que llegó a  las granjas molinesas de la mano de los cristianos. “Queremos conocer los cambios medioambientales, cómo se explotaban los recursos naturales, qué tipo de consumo había, cómo se configuró el paisaje y qué relaciones tenían las comunidades humanas con la naturaleza”. 


El proyecto cuenta con el apoyo de la Diputación y su presidente, José Manuel Latre, quien destaca el apoyo de la institución para seguir investigando el pasado de una zona tan singular como la del Geoparque de Molina de Aragón-Alto Tajo. En cuanto al alcalde de Molina y diputado de Cultura, Jesús Herranz, incide en “el interés de los molineses y de su Ayuntamiento por saber qué pasó en el castillo de Molina (...) La Unesco nos ha reconocido como el único Geoparque de toda Castilla-La Mancha y tenemos que profundizar en esta marca para poner de manifiesto de dónde venimos y saber a dónde queremos llegar”.

Un proyecto en crecimiento
Tal y como explica el director de la excavación, el proyecto ha ido creciendo con el tiempo. Primero se realizaron  “pequeñas catas que nos han permitido ir reconociendo distintas fases de ocupación”. Para ello se apoyaron en estudios previos que Jesús Arenas y otros investigadores hicieron en el castillo hace más de una década. 

En la segunda fase hicieron una gran prospección geofísica con magnetómetro de todo el recinto “que nos permitió reconocer toda las estructuras que estaban enterradas”. Y, por último, este año hicieron los primeros sondeos para ir explorando qué tipo de ocupación había en todo este recinto fortificado, que en realidad era una villa de fronteras típica de la Edad Media. “Hablamos de algo mucho más complejo que un castillo, porque era una auténtica ciudad con todo lo que ello supone de tipo de vivienda, tipo de gente que había aquí, tipo de espacios, etcétera”. 

En verano hicieron la primera cata en los restos de una vivienda del siglo XIV  “en la que se había producido un incendio, que es algo que facilita un nivel de preservación excelente”. Fue a esta misma casa a la que volvieron en octubre, logrando resultados realmente esperanzadores para el futuro del proyecto.

 

LOS IMPRESCINDIBLES DE LA COMARCA

Además del castillo de Molina, el Señorío ofrece otros enclaves de espectacular interés:

Castro celtibérico del Ceremeño: En busca de los orígenes de la celtiberia

En el término municipal de Herrería se encuentran dos de los yacimientos más representativos de la cultura celtibérica, fuente de importante información sobre las primeras etapas de la celtiberia, desarrollada entre los siglos VII y V a.C. El hallazgo de este asentamiento y su necrópolis supuso un paso adelante en la investigación de estos pueblos prerromanos. Gracias al proyecto de restauración y puesta en valor realizado, el castro es ahora un yacimiento arqueológico visitable. La visita a las ruinas se completa con un Museo Monográfico en el que se explica didácticamente su interés y se muestran algunos de los materiales encontrados, a lo que se añade una sección al aire libre en la que están expuestos monumentos funerarios recuperados en la necrópolis. 

 

Cueva de los Casares: Unos grabados con 30.000 años de antigüedad

Declarada Monumento Nacional el 18 de septiembre de 1935, la Cueva de los Casares contiene sobre sus paredes una serie de grabados del Paleolítico que la convierten en el yacimiento de arte rupestre más importante del interior de la Península Ibérica.

Estos grabados han sido objeto de la atención de los más reconocidos investigadores internacionales sobre Prehistoria, que han establecido edades de entre 30.000 y 15.000 años de antigüedad para su ejecución.

La escasez de este tipo de representaciones en la Meseta Ibérica y la complejidad que reúnen, motivan que hayan sido la base para nuevas propuestas científicas sobre la evolución del arte paleolítico, despertando interesantes debates sobre la capacidad y audacia artística de los primeros pobladores de la Comarca de Molina de Aragón.

 

Castillo de Zafra: El monumento más mediático, con o sin dragones

Este castillo roquero del siglo XII saltó a la fama cuando el equipo de la serie Juego de Tronos decidió usarlo como escenario de una de sus escenas más emblemática. Aquello convirtió a este castillo en una atracción que multiplicó notablemente el turismo en la zona. Sus muros se alzan sobre la roca, resultando espectacular la vista de la torre del homenaje desde su base. En el siglo XVI se consideró uno de los castillos más fuertes del reino por su difícil acceso. Lo reconstruyó recientemente su propietario Antonio Sanz Polo.


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