10/06/2017 / 16:48
Nazario Escalera


Primavera...

Mi primera reflexión es que la palabra primavera es de origen latino Ver-Varis-Prima, primera estación de año que astronómicamente empieza en el equinocio del mismo nombre y termina en el solsticio de verano.


Últimos días de la estación, año 2017, en los que el sol brilla con todo su esplendor. En el cielo no se ve una nube, su ambiente nos trae ecos de flores y aromas campestres que vienen a lo largo del día a conjugar nuestros pensamientos.
       Mi primera reflexión es que la palabra primavera es de origen latino Ver-Varis-Prima, primera estación de año que astronómicamente empieza en el equinocio del mismo nombre y termina en el solsticio de verano, correspondiente a los meses de marzo, abril y mayo.
     Ya en estas mañanas primaverales, todo los días al abrir las ventanas de mi habitación se nota la fragancia procedente del jardín que esparcen sus macetas de maravillosas flores y bonito colorido, unas rojas, otras pálidas casi blancas, otras de terciopleo brillantes, todas ellas como eterna caricia de su divinidad sobre la tierra, entre claveles, rosas, azucenas, violetas y sin olvidar las pasionales, las místicas, las delicadas, las ostentosas, las humildes... todas ellas como gala de ese tiempo primaveral que viene a dar esos ratos de placer en su eterna belleza. Con ellas, relajamos un año más en el olvido de esos cortos y fríos días de invierno, pasando página a nuestras horas.   

       Así, después de nuestra cotidiana comida y rigurosa siesta, entre los entonados ojos de ensueño donde se refleja el incendio de la tarde sobre los cristales de mi aposento por el ocaso del sol, todo sangre, todo fuego, me da el impulso de pasear. Salgo y tras observar ese mar de verdes trigales, el resplandor de plata de los olivos, las rojas amapolas sangrantes, que se elevan aquí y allá conformando la belleza de esta estación primaveral amenizada por el burlón chirrido de ese grillo que al son de nuestros pasos huye para volver de nuevo cuando cree que ha pasado el peligro.  
 En el horizonte y altonazos distantes, cual blancas palomas, los caserios se realzan y sus moradores saborean con gula el aroma y frescor que de todas partes vienen a despertar estos días primaverales, idealizados, quizá ante una copa de vino generoso, la sonrisa de una mujer o la esperanzadora alegría de un nuevo atardecer.
     Por todo ello y mucho más en este mi escrito me siento incapaz de plasmar lo que ni poetas o escritores profesionales han podido ultimar, pues la naturaleza, más sabia, bonita, maravillosa y de fantasia, será siempre superior a lo que nuestra imaginación pueda soñar... es la primavera.
 


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