17/02/2017 / 17:15
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Reliquias de la Catedral

Nuevo libro sobre la catedral del canónigo archivero, Felipe Gil Peces-Rata, con introducción de Jesús de las Heras.


Apenas transcurridos cinco meses desde la publicación de su libro, Escarceos en que nos descubría algunos secretos del archivo catedralicio, Felipe-Gil Peces-Rata, canónigo-archivero, publica un nuevo trabajo sobre las reliquias y relicarios que hay, o ha habido, en la seo seguntina. Y digo ha habido porque los dos últimos saqueos en sendas guerras, la de la Independencia, y la Guerra Civil, han reducido drásticamente estos tesoros. En especial durante la francesada, el saqueo, más bien rapiña, llevado a cabo por las tropas napoleónicas, se hizo a conciencia. Aún así, después de esa devastación, una vez recuperadas las reliquias abandonadas en la huida por tropas galas, y restaurados los relicarios que quedaron, Peces-Rata califica la Capilla de las Reliquias de “perla de la catedral” engastada en la joya de la Sacristía de las Cabezas. Las reliquias, como es sabido, son recuerdos físicos y sensibles, por pequeños que sean, de la vida y las personas, en este caso santas. No se basa la fe cristiana en las reliquias, pero la estimulan y recuerdan a los maestros de la fe que fueron los santos, explica Peces, porque no eran ángeles esos mártires, sino personas de carne y hueso como los demás. La Real Academia describe la reliquia como “residuo de un todo.” No enumera Peces-Rata todas las reliquias que había antes de la francesada pero sí cita docenas y docenas. Los gabachos se llevaron, entre otras muchas reliquias, el valioso y artístico relicario que contenía  la cabeza de santa Librada, patrona de la ciudad, no, por supuesto, por el valor espiritual de la reliquia, sino por el valor pecuniario de su artístico relicario  realizado por un platero toledano en el siglo XVI a costa del cardenal Carvajal. Un relicario, tipo ostensorio, enmarcado por una línea de perlas, que, aunque sufrió daños durante la invasión francesa, fue restaurado y desapareció cuando en el Alzamiento de julio de 1936 la catedral fue convertida .por los milicianos  en fortín durante varios días ante la conquista de la ciudad por las tropas nacionales, lo que motivó los daños arquitectónicos que sufrió la catedral La reliquia de la cabeza fue sustituida durante el mandato del obispo Luis Alonso  Muñoyerro por un hueso del carpo izquierdo de la Santa casi a la vez que se puso en cuestión desde Roma su patronazgo. El libro lleva una interesante Introducción de Jesús de las Heras Muela, director de Ecclesia y canónigo de la catedral de Sigüenza.


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