Todo un espectáculo visual, una sensación única e irrepetible en nuestra vida, al menos en directo y en nuestra provincia, un hito que los adelantos de la ciencia y de las comunicaciones ha hecho posible vivir incluso desde los salones de los hogares.
El pasado 12 de agosto pudimos disfrutar de un eclipse total de sol. Un acontecimiento único que nadie quería perderse y para el que todos nos preparamos.
A mi juicio se trata de uno de los trabajos más completos y sólidos que se han realizado sobre el notorio, decisivo e, incluso, drástico cambio que vivió el urbanismo en la capital alcarreña en el primer tercio del siglo XX.
La tragedia del último fuego de la Sierra nos ha sumido en una situación de “luto en el corazón”, que nos recuerda ciertos ritos tradicionales de nuestra tierra.
Mientras contemplaba las llamas desde la distancia no podía dejar de pensar en los animales que las contemplaban desde dentro. Confusos, buscando un salida sin comprender de emergencias.
He cruzado varias veces la frontera con Marruecos. Lo hice a comienzos de los noventa, en autobús desde Ceuta por el Tarajal, o a finales de esa misma década, caminando desde Melilla por el paso de Beni Enzar.
El mal viene de lejos. Ya en 2011 un 86% de opositores a una plaza oficial de maestro en Madrid fueron cateados en un test con preguntas de nivel de alumnos de 12 años.
Cuando el incendio deja de ocupar titulares comienza la parte más difícil. La de quienes siguen allí.
Como un hermano menor San Roque conforma el póker de los santos veraniegos, tras el patrono de los solsticios San Juan, la marinera y molinesa Virgen del Carmen y Santiago patrón de los peregrinos.
Tantas semanas oyendo hablar del eclipse al final llegó a generar sentimientos encontrados. Para unos, entusiasmo; para otros, contrariedad; para algunos más, indiferencia.
Es un despropósito completo la manera de atajar el gran problema de los incendios en España, uno y otro año.
Hoy os traigo una receta que es más vistosa que complicada: un Poke Bowl casero súper fresquito, ideal para estos días de calor.
El miércoles, día de las dos noches, será una fiesta dentro de la plaga de festejos que llenan nuestros pueblos. Y un púlpito televisivo en esta privilegiada tierra para que jerifaltes mediocres rentabilicen el mayor acontecimiento celestial del cielo. Como cuando el Caudillo.
En un mundo con crisis migratorias como la vivida estos días en Ceuta, incendios, polarización política- que no ciudadana- y condiciones climatológicas cada vez más extremas para sufrimiento de la población y deterioro de la naturaleza, disfrutemos al menos de este 12 de agosto.
Estamos pasando días de congoja, frustración, rabia, enfado por ver arder nuestro patrimonio natural.
Se eleva la luna, rojiza, sobre el río Duero, desde el mirador de San Cipriano, en la milla románica zamorana. Asoma la última luna llena de julio, sonrosada en su orto, más brillante de lo normal tras ascender, llenando de luz la noche que conduce al Mediterráneo.