Irene Marián de la Morena, una raqueta, horas de trabajo y un futuro por escribir

17/08/2026 - 13:31 A. MORENO

La deportista alcarreña, a sus 13 años, es una de las grandes promesas del tenis español.



AIrene Marián de la Morena le gusta el tenis porque, entre otras muchas cosas, le permite olvidarse de todo lo demás. Cuando entra en una pista, la atención se concentra en una pelota, una raqueta, una rival y el siguiente punto. Tiene 13 años y lleva prácticamente toda su vida deportiva ligada a este deporte. A su edad ya acumula títulos provinciales y regionales, experiencias en campeonatos de España y muchas horas de entrenamiento. Pero, sobre todo, mantiene intacta la ilusión de aquella niña que un día, con apenas cinco años, decidió probar el tenis y descubrió que quería quedarse.
    La historia comenzó en una jornada deportiva. Sus padres la llevaron a probar distintas actividades y entre ellas estaba el tenis. Irene cogió una raqueta, se puso en una pista y algo hizo clic. “Me gustó mucho”, recuerda. Después llegaron los campamentos, las clases y los entrenamientos en Nuevo Tenis Guadalajara. Y hasta hoy.
    No hubo una gran decisión detrás ni un plan trazado desde el principio. Simplemente le gustó. Le atrajo el hecho de que fuera un deporte individual, en el que dependiera de sí misma, y también esa combinación de raqueta, pelota y pista que desde el primer momento le resultó especial.
    Su primer partido todavía forma parte de sus recuerdos. Era benjamín y jugó en una de las pistas de abajo del club. Apenas sabía cómo funcionaba el peculiar sistema de puntuación del tenis, pero aquello no impidió que disfrutara de la experiencia. Con el tiempo llegarían los partidos, los torneos, los viajes y, sobre todo, el aprendizaje.
    Porque Irene ha descubierto pronto que el tenis no consiste únicamente en saber golpear una pelota.

Aprender a competir
Uno de los aspectos que más ha evolucionado en su juego es la derecha. Al principio se sentía más cómoda con el revés, pero el trabajo realizado durante estos años ha permitido convertir ese golpe en una de sus armas. Detrás hay muchas horas de entrenamiento y una idea que Irene tiene muy clara: trabajar aquello que no sale bien.
    Entrena cinco horas semanales de tenis. Las sesiones combinan técnica, táctica y preparación física, de manera que cada ejercicio sirve para trabajar distintos aspectos del juego. Y el entrenamiento no termina cuando acaba la semana laboral. Los fines de semana suelen estar reservados para la competición: un torneo, un partido de liga o alguna cita en Guadalajara, Madrid, Toledo, Cuenca u otros puntos.
    Ese ritmo obliga también a organizarse con los estudios. Irene cursa sus estudios en Maristas y asegura que los compagina bastante bien con el deporte. Aprovecha los fines de semana para estudiar, antes o después de los partidos, mientras que las tardes están dedicadas principalmente al entrenamiento.
    No es una rutina sencilla para una chica de 13 años, pero Irene la lleva con naturalidad. Y quizá ahí esté una de las claves de su evolución: entender desde muy joven que el deporte de competición exige compromiso y constancia.
    “Entrenar tanto tiene su objetivo y es la recompensa en los torneos”, explica cuando habla de los títulos que ha conseguido.
    En los últimos años ha sido campeona provincial en categoría infantil y también en cadete. Esta temporada terminó segunda en el campeonato regional, después de disputar una final muy igualada. Ese resultado le permitió clasificarse para el Campeonato de España, celebrado en Torrevieja. Allí se encontró con una realidad que también forma parte del camino de cualquier deportista: no siempre se gana.

 

 

Más que un resultado
El Campeonato de España supuso para Irene una nueva experiencia y también una oportunidad para medirse con algunas de las mejores jugadoras de su edad. El resultado no fue el esperado, pero la joven tenista no lo interpreta como un fracaso. En Torrevieja aprendió algo que seguramente le servirá muchas veces a lo largo de su carrera: “Nunca hay que rendirse y que siempre el esfuerzo te trae resultados”.
    Su objetivo no pasa todavía por colocarse una etiqueta de campeona. De hecho, cuando se le pregunta por el Campeonato de España, prefiere marcarse una meta más cercana y realista: pasar varias rondas. El título nacional queda algo más lejos. “Es muy difícil”, reconoce. Pero no renuncia a intentarlo.
    Irene sabe que en el tenis también se aprende perdiendo. Una derrota puede significar que no se ha jugado al nivel esperado, pero también que la rival ha sido mejor. En cualquiera de los dos casos, la respuesta es la misma: volver a entrenar.
    Esa manera de entender la competición resulta especialmente significativa en un deporte individual. En una pista no hay compañeras que puedan cubrir un error ni nadie que pueda coger la raqueta por ti. La responsabilidad es individual y, muchas veces, el rival más complicado está en la propia cabeza.
    Irene lo explica con una naturalidad impropia de su edad. Hay momentos en los que un partido se complica, una rival empieza a remontar y aparecen los nervios. “Se me va la cabeza”, reconoce. Pero también ha aprendido a volver. Los cambios de lado y los finales de set se convierten entonces en pequeños puntos de reinicio. Parar, pensar y empezar otra vez. Volver a concentrarse en la pista.
    Ese trabajo mental también forma parte de sus entrenamientos en Nuevo Tenis. Sus entrenadores le han enseñado que no puede enfadarse cada vez que un golpe no sale como esperaba. Si un golpe falla, habrá otro. Y después otro. “Si este golpe no sale, al siguiente seguro que sale”, resume.
    Es una filosofía sencilla, pero fundamental en un deporte en el que la frustración puede aparecer después de un solo punto.
    Precisamente esa capacidad para competir y seguir creciendo ha hecho que Irene sea considerada una de las jóvenes promesas del tenis alcarreño y una jugadora con un futuro importante por delante. Ella escucha esos calificativos con orgullo, pero sin perder de vista que todavía queda mucho camino.
    “Estoy orgullosa de que haya podido seguir adelante con el tenis”, afirma. Desde aquella niña que apenas conocía el sistema de puntuación hasta la jugadora que hoy disputa campeonatos regionales y nacionales hay años de trabajo.

Una segunda familia
En ese recorrido tienen un papel fundamental sus entrenadores. Edu Maseda y Noelia Huetos han acompañado a Irene desde prácticamente sus comienzos, mientras que José también formó parte de sus primeros años. De ellos ha aprendido la técnica y la táctica, pero también algo que en el tenis tiene un valor enorme: cómo afrontar mentalmente los partidos.
    El club ha sido mucho más que el lugar donde entrenar. Allí ha crecido deportivamente, ha conocido compañeros y ha aprendido a competir. Durante un tiempo entrenaba en un grupo formado por ocho chicos y chicas. Ahora comparte buena parte de sus sesiones con Johana, con quien mantiene además una particular relación de rivalidad deportiva. “Hay un pique, pero pique bueno”, cuenta entre risas. Antes Johana conseguía imponerse con mayor frecuencia. Ahora, Irene reconoce que suele ganar ella. Pero ambas entienden que la competición forma parte del aprendizaje y que las dos mejoran juntas. “Al final las dos mejoramos”, resume.
    Y esa compañera de entrenamientos se ha convertido también en su pareja en otra aventura deportiva: el pádel.

Del tenis al pádel
La historia comenzó cuando Eduardo Maseda, uno de sus entrenadores en tenis, propuso sacar una liga de pádel en Guadalajara. Irene necesitaba pareja y apareció Johana. La combinación funcionó. Ganaron la liga, después el campeonato regional. Desde entonces, ambas han seguido compartiendo pista tanto en tenis como en pádel. 
    Irene entrena pádel aproximadamente una hora y media a la semana, menos que tenis, pero disfruta especialmente de las diferencias entre ambos deportes. En el tenis está sola frente a la rival. En el pádel hay una compañera al otro lado de la red y también una dimensión táctica diferente, con una pista más pequeña, paredes y dos jugadoras por equipo.
    Si tuviera que elegir, el tenis sigue ocupando el primer lugar. No podía ser de otra manera después de tantos años, aunque reconoce que el pádel “mola un montón”.
    Y quizá una de las claves está precisamente en que los dos deportes le permiten seguir haciendo algo que considera fundamental: disfrutar.
    En esta historia hay también una parte que no aparece en las estadísticas ni en los cuadros de los torneos. Es la familia. Los viajes de fin de semana, los partidos, los entrenamientos, las esperas y las horas al borde de una pista forman parte de la rutina familiar. Irene lo tiene claro: “Mucho”, responde cuando se le pregunta por la importancia de sus padres y de los suyos.
    Están presentes en los torneos y acuden a verla jugar. Y hay un pequeño gesto que resume perfectamente esa relación.
    Cuando Irene gana un partido importante, busca a su familia y les sonríe. No necesita grandes celebraciones. Esa sonrisa desde la pista hacia quienes están fuera es suficiente. Es una manera de compartir el triunfo con las personas que han acompañado el camino desde el principio.

 

 

Una embajadora 
El crecimiento deportivo de Irene también le ha permitido vivir experiencias alejadas de la competición. En el último Día del Deporte de Guadalajara fue una de las embajadoras de la jornada.
    Al principio no sabía muy bien qué significaba aquello. Después entendió que su papel era también servir de referencia para otros niños y niñas que se acercaban a conocer diferentes disciplinas deportivas. Y hubo un momento en el que se vio reflejada en ellos.
    Personas que miraban, que tenían curiosidad y que quizá estaban pensando en probar el tenis eran, de alguna manera, aquella Irene de cinco años que un día llegó a una pista para ver qué era aquello de la raqueta. 
    Por eso su consejo para quienes estén pensando en empezar es sencillo: que lo prueben. “Siempre te llevas algo bonito de ese deporte”, asegura. Habla de amigos, disciplina y actitud. Elementos que, para ella, han terminado trascendiendo la propia pista.

El futuro está por escribir
A Irene todavía le quedan muchos capítulos por delante. A corto plazo, su gran objetivo es seguir creciendo y pasar varias rondas en el Campeonato de España. Más adelante, si el trabajo y la constancia acompañan, llegará el sueño de ser campeona nacional.
    No sabe todavía qué hará cuando sea mayor. Con 13 años tampoco tiene por qué saberlo. Pero sí tiene una certeza: le gustaría que su futuro siguiera relacionado de alguna manera con el deporte. El tenis ha estado presente durante buena parte de su vida y ya forma parte de quién es.
    Por eso cuesta imaginarla sin una raqueta en la mano. Cuando se le plantea ese escenario, reconoce que lo pasaría mal. “Siempre ha estado el tenis en mi vida y es como muy significativo para mí”. Quizá ahí esté la mejor definición de Irene Marián de la Morena.
    No solo en sus títulos provinciales o regionales. Tampoco únicamente en su participación en un Campeonato de España. Está en las cinco horas semanales de entrenamiento, en los viajes de fin de semana, en las derrotas que enseñan, en los nervios que hay que aprender a controlar, en la sonrisa dedicada a su familia después de una victoria y en ese pequeño ritual de volver a empezar cuando las cosas no salen bien.

Ambición
Irene tiene 13 años. Tiene tiempo para equivocarse, para aprender y para seguir creciendo. Tiene objetivos ambiciosos, pero también los pies en el suelo. Y, sobre todo, tiene una raqueta que ya no parece un simple instrumento deportivo. Es parte de su historia.
    La historia de una niña que un día probó el tenis y decidió que quería seguir jugando. Y que ahora, sin prisas pero sin dejar de trabajar, empieza a escribir las primeras páginas de un futuro que todavía está completamente abierto.


CORTITO Y AL PIE

¿Tenis o pádel?
Tenis.
¿Qué prefieres, derecha o revés?
 Derecha.
¿Jugar individual o en dobles?
Individual
¿Competir o entrenar?
 Entrenar.
Si te dan a elegir entre ganar un partido por 6-0 o remontar y ganarlo en el último momento, ¿qué eliges?
Remontar el partido.
Un saque directo o un punto espectacular, ¿con qué te quedas?
Con un punto espectacular.
¿Tu golpe favorito?
La derecha o el saque.
¿Y cuál es el que aún necesitas mejorar?
El revés.
¿Tu tenista favorito?
De chicos, Alcaraz y también ahora, Jódar y de chicas Sabalenka, me fijo mucho en su tenis.
¿Recuerdas quién ha sido la rival más complicada a la que te has enfrentado?
Sí, una chica de Madrid que en un torneo, cuando íbamos a la final una contra otra, estuvo súper igualada. Llegamos en el primer set al tie-break y luego llegamos al súper. 
¿Te pones música antes de un partido?
Sobre todo cuando voy en el coche, antes de llegar. Escucho la música que salga, de todo.
¿Qué no puede faltar en tu bolsa de tenis?
Creo que la ilusión de ir a un partido y pensar que puedo ganarlo.
¿Qué gran afición tienes fuera del tenis?
El balonmano. Juego en el BM Guadalajara, en las categorías inferiores.
Completa la frase: “Si no tuvieras una raqueta...”.
No sería yo misma.
Y la última: Tu gran sueño es...
Llegar muy alto en el mundo del tenis.