Julia Salamanca: "El baloncesto es una máquina; si una pieza falla, no funciona"
La capitana del Ferial Plaza repasa el crecimiento del equipo y su forma de entender el baloncesto.
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Hace cinco años llegó a un proyecto con ganas de crecer. Hoy es su capitana y una de las jugadoras que mejor representa la identidad del Ferial Plaza Guadalajara. Mientras el equipo prepara una nueva temporada en la Liga Ribésalat después del mejor curso de su historia, Julia Salamanca sigue defendiendo una idea del baloncesto que rara vez aparece en las estadísticas, pero que resulta imprescindible para ganar partidos.
Cuando habla de los éxitos nunca utiliza el singular. No presume de actuaciones personales ni de estadísticas. Siempre aparecen las compañeras, el cuerpo técnico o el club. Incluso cuando se le pregunta por sus virtudes termina desviando la respuesta hacia el colectivo. No parece un discurso preparado; simplemente es la manera en la que entiende el baloncesto.
Quizá por eso seguir una temporada más en Guadalajara tiene para ella un significado especial. No habla únicamente de renovar con un equipo. Habla de seguir formando parte de un proyecto que también siente suyo.
“Llevo aquí muchas temporadas creciendo con el club y creciendo con las compañeras”, explica. Después de cinco temporadas, reconoce que continuar vistiendo la camiseta morada “significa algo importante”, porque ha podido vivir desde dentro la evolución de un grupo que ha pasado de perseguir objetivos ambiciosos a competir de tú a tú con los mejores.
Ese crecimiento encontró el pasado curso su mejor reflejo. El Ferial Plaza conquistó el Trofeo JCCM y la Copa, peleó hasta el final por el campeonato y volvió a quedarse muy cerca de culminar una temporada que ya forma parte de la historia del club. Más allá de los resultados, el equipo consiguió algo todavía más valioso: convencerse de que podía competir contra cualquiera.
Si Julia tiene que elegir un momento de todo ese recorrido, no duda demasiado. La respuesta llega casi de inmediato. “La segunda Copa”, dice.
No solo por el título. Tampoco por la fotografía levantando el trofeo. Lo que permanece en su memoria es todo lo que ocurrió antes de aquel partido. Las semanas complicadas, las lesiones, los momentos de duda y la sensación de enfrentarse a un rival que partía con el cartel de favorito.
“Fue una recompensa a un trabajo muy duro como equipo”, resume. “Ellas se veían un poco más favoritas, pero nosotras íbamos con ganas de demostrar y con esa actitud de decir: ‘¿Y por qué no damos aquí la sorpresa?’. Yo creo que fue un poco lo que nos alimentó en esa final”.
Aquella victoria terminó cambiando muchas cosas. No solo porque añadió un título al palmarés del Ferial Plaza, sino porque confirmó definitivamente que el proyecto estaba preparado para competir por metas cada vez más ambiciosas. Desde fuera podía parecer una sorpresa. Dentro del vestuario fue la consecuencia lógica de muchos meses de trabajo. Esa misma idea aparece también cuando habla de sí misma.
Resulta curioso comprobar que, al preguntarle cómo se define como jugadora, apenas hace referencia a la anotación. En un deporte donde los focos suelen apuntar hacia quienes más puntos consiguen, Salamanca reivindica el valor de todo aquello que normalmente pasa desapercibido.“Los puntos son lo que más se refleja desde fuera, pero hay muchas cosas que ayudan mucho al equipo y que se ven menos”, explica.
Durante toda la conversación insiste en la misma idea: ningún partido se gana gracias a una sola jugadora. Habla de ayudas defensivas, de rebotes, de sacrificio y de la importancia que tiene que cada una desempeñe su papel.
“Me definiría como una jugadora muy trabajadora y muy de sumar al equipo y de jugar para el equipo”, asegura antes de recurrir a una comparación que resume perfectamente su manera de entender este deporte. “Cada pieza y cada rol son importantes. Yo concibo el baloncesto como una máquina, con un montón de engranajes que tienen que funcionar juntos. Si no funcionan juntos, no hay resultados”.
Durante los últimos años ha ido creciendo dentro de un equipo cuya identidad siempre ha estado ligada precisamente al trabajo colectivo. De ahí que, aunque reconoce haber mejorado especialmente en el apartado ofensivo desde su llegada al club, siga disfrutando mucho más de aquello que normalmente no ocupa los titulares.
“La defensa siempre me ha gustado mucho; incluso la disfruto”. Es una confesión poco habitual en un deporte en el que casi todo gira alrededor de la anotación, pero define perfectamente a una jugadora acostumbrada a encontrar satisfacción en el esfuerzo silencioso, en ese trabajo que muchas veces pasa inadvertido para el público, pero que resulta imprescindible para que el resto funcione.
Pero hay otra persona sin la que resulta imposible entender la trayectoria de Julia Salamanca. Una compañera que ha estado a su lado desde que ambas empezaron a botar un balón siendo niñas y con la que sigue compartiendo vestuario varios años después. Su hermana gemela.
Compartir vestuario con un hermano ya es poco habitual. Hacerlo con una hermana gemela, después de haber recorrido juntas todas las etapas del baloncesto desde la infancia, convierte esa relación en algo todavía más especial. Julia apenas recuerda una pista en la que no estuviera también ella. Han aprendido juntas, han competido juntas y, con el paso de los años, han terminado compartiendo también uno de los proyectos más sólidos del baloncesto femenino castellanomanchego.
“Llevamos jugando juntas desde siempre. Es un gran apoyo tenerla en la pista”, explica Julia. No tarda mucho en resumir lo que supone compartir cada entrenamiento y cada partido con su hermana. “No concebiría jugar sin ella”.
Como ocurre en cualquier relación entre hermanos, también hay momentos de tensión. Los entrenamientos, la exigencia y la competitividad dejan espacio para algún roce, pero la confianza termina imponiéndose siempre. Esa sinceridad es precisamente una de las cosas que más valora. Sabe que, cuando llegan los momentos difíciles, siempre tendrá a alguien que entiende exactamente lo que está sintiendo sin necesidad de demasiadas explicaciones.
Sin embargo, sería un error pensar que ese sentimiento de cercanía termina en la relación entre las dos hermanas. Julia habla constantemente del vestuario. Y no lo hace como un lugar donde coinciden un grupo de jugadoras varias veces por semana, sino como un espacio en el que se han construido amistades que trascienden al baloncesto.
“Fuera de la pista somos muy amigas”, dice casi con la misma naturalidad con la que habla de los entrenamientos o de la competición. “Compartir tanto tiempo con gente tan guay es impresionante”.
Durante la entrevista insiste varias veces en esa idea de familia. En que la confianza no nace el día del partido, sino durante las horas compartidas fuera del pabellón. En las conversaciones, los viajes, las bromas y todo aquello que el aficionado nunca llega a ver. Esa relación personal, sostiene, termina reflejándose también sobre la pista.
Quizá por eso el brazalete de capitana parece una consecuencia natural de todo ese recorrido. No porque sea la jugadora que más habla o la que más puntos anota, sino porque representa exactamente los valores sobre los que se ha construido este grupo.
Ella, sin embargo, huye de cualquier protagonismo. Cuando se le pregunta qué espera el equipo de su capitanía, vuelve a responder pensando antes en los demás que en sí misma.
“Se espera de mí seguir dirigiendo al equipo tanto en el campo como en el vestuario”, explica. Su función, dice, consiste muchas veces en servir de puente entre las jugadoras y el cuerpo técnico, transmitir inquietudes, ayudar a resolver pequeños conflictos y procurar que todas remen en la misma dirección.
No es un trabajo sencillo. Una temporada es larga. Hay lesiones, derrotas, momentos de euforia y otros de frustración. La convivencia también desgasta. Julia no intenta esconder esa realidad. Al contrario, la acepta como una parte más del deporte. “Pasamos mucho tiempo juntas y, como en todos los grupos, siempre hay problemas a veces. Lo importante es gestionarlos”.
Con ese mismo espíritu afronta la nueva temporada. Después de un curso histórico, cualquiera podría pensar que la obligación pasa por repetir o incluso superar aquellos resultados. Dentro del vestuario, sin embargo, el mensaje es mucho más prudente.
“No queremos meternos en esa presión de decir que hay que igualar o mejorar los resultados”, reconoce. No porque falte ambición, sino porque el equipo prefiere centrarse en el trabajo diario antes que en las cuentas a largo plazo.
Eso no significa renunciar a nada. Todo lo contrario. Salamanca reconoce que el objetivo siempre será competir por todo lo posible. “Mi objetivo siempre será mejorar los resultados y conseguir la máxima cantidad de finales posibles”, afirma convencida de que el grupo ha demostrado durante las últimas temporadas que puede mirar de frente a cualquier rival.
La continuidad de buena parte del bloque y la incorporación de nuevas jugadoras permiten mantener intacta la ilusión. El reto será volver a competir entre los mejores sin perder la identidad que ha convertido al Ferial Plaza en un equipo reconocible: solidaridad defensiva, compromiso colectivo y una enorme capacidad para competir incluso en los momentos más complicados.
Más allá de la clasificación, Julia también mira hacia las gradas. Allí suele encontrarse con muchas niñas de la cantera que siguen los partidos del primer equipo y que sueñan con ocupar algún día ese mismo lugar.
Reconoce que el baloncesto le ha regalado amistades, experiencias y aprendizajes que difícilmente habría encontrado en otro sitio. Por eso le cuesta entender que muchas jóvenes abandonen el deporte al llegar a determinadas edades.
“El deporte me ha dado cosas muy bonitas, compañeras y gente increíbles que he conocido”, explica antes de reivindicar el crecimiento del deporte femenino. “Hay que seguir demostrando que tiene mucho potencial y que hay que verlo, seguirlo y apoyarlo porque estamos demostrando que se consiguen cosas”.
No es casualidad que termine la conversación hablando de las más pequeñas. En un club donde muchas jugadoras del primer equipo también colaboran con la cantera, la relación entre unas y otras es constante. Las referentes de hoy fueron las niñas de ayer, y Salamanca confía en que dentro de unos años vuelva a repetirse ese mismo ciclo. “Ojalá podamos inspirarlas y que algún día lleguen a jugar en el primer equipo”.
Quizá esa sea la mejor manera de resumir quién es Julia Salamanca. Una capitana que habla más de “nosotras” que de “yo”. Una jugadora que disfruta más robando un rebote o cerrando una buena defensa que acumulando puntos. Alguien que ha crecido al mismo ritmo que el Ferial Plaza Guadalajara y que representa una forma de entender el deporte en la que el éxito nunca pertenece a una sola persona.
No habla de ascensos ni de títulos. Habla de futuro. Quizá porque Julia Salamanca entiende que las victorias construyen temporadas, pero son los referentes quienes terminan construyendo un club.