Oportunidad perdida

08/03/2026 - 22:14 Redacción

El último encuentro del Dépor femenino ha dejado un sabor agridulce en la boca. Lo que apuntaba a ser una jornada positiva ya que las alcarreñas sabían que Fuensalida y La Solana habían empatado, se convirtió en un ejercicio de frustración tras un empate 3-3 que, visto el desarrollo del juego, supo a muy poco. Una victoria habría colocado al Dépor a un solo punto del liderato, pero una desconexión puntual resultó demasiado costosa.

El arranque del choque fue probablemente de lo mejor que se ha visto esta temporada. Durante los primeros 40 minutos, el Dépor no solo controló el ritmo, sino que impuso su ley sobre el campo. La fluidez en la combinación y la profundidad por bandas se tradujeron en una ventaja de 0-2 que hacía justicia a los méritos sobre el césped. Leire abrió la lata con un golazo espectacular desde fuera del área que se coló por la escuadra, y poco después, Berta culminaba una gran jugada colectiva para ampliar la renta.

Sin embargo, el fútbol tiene estas cosas. Entre el minuto 38 y el paso por vestuarios, el Dépor sufrió un cortocircuito defensivo inexplicable. En un abrir y cerrar de ojos, lo que era un 0-2 cómodo se transformó en un 3-2 adverso. Una serie de errores –una marca permisiva en el área, un mal despeje y una barrera mal ejecutada en una falta– permitieron que el Cedillo se marchara al descanso con el marcador a su favor, ante la estupefacción de las visitantes.

Tras el paso por vestuarios, el cuerpo técnico movió ficha buscando soluciones. Se retiró Noe para dar entrada a Teresa, mientras Berta retrasaba su posición al centro de la defensa para mejorar la salida de balón y reforzar el juego aéreo. El ajuste funcionó. El segundo tiempo fue un monólogo absoluto del Dépor, que acumuló hasta 15 llegadas claras de peligro.

El gol del empate llegó tras un balón filtrado sobre Sara, cuya incursión forzó un penalti que Bores transformó con seguridad. A partir de ahí, el Dépor buscó el cuarto por todos los medios, pero la falta de puntería –tres balones se estrellaron en la madera– y las constantes interrupciones y pérdidas de tiempo del rival en los minutos finales terminaron por romper el ritmo del partido.